EL PARTIDO DEL 15-M: CABALLOS DE TROYA Y CABALLOS CUATRALBOS

Javier Valdés

La transformación del 15-M en partido significa la muerte del movimiento. A pesar de todo, sigue siendo lícito preguntarse sin prejuicios qué capacidad creadora tiene el movimiento, qué procesos se están dando en su seno y hacia donde nos dirigimos.

“Cuando el río suena, agua lleva”, cierto, pero ¿qué río es el que suena? Parece que desde los mass media y desde ciertos círculos políticos muy cercanos tanto al PP como al PSOE, están muy interesados en que el movimiento 15-M desemboque en el mejor de los casos en una entrada masiva de indignados e indignadas a sus filas (tesis del PSOE), o como mínimo en la aparición en la escena electoral del partido del 15-M (tesis del PP). Tanto es así, que mientras que la aparición en Valencia del supuesto partido del 15-M inundó los medios de comunicación, aún hoy hay que bucear en la web para encontrar la noticia de que el movimiento 15-M, pocos días después, se desvinculaba totalmente de dicho partido. Efectivamente, el partido nacía de gentes del movimiento, pero esa era la única vinculación con el 15-M. Un mensaje tan sencillo, que sin embargo es de una gran complejidad encontrar en la hemeroteca. Esto es sólo un pequeño ejemplo, una pequeña gota de un río que suena. Las personas que  están y estamos implicadas en las asambleas, sabemos que la fundación del partido 15-M está a años luz, no ya del consenso, sino de la más ajustada mayoría simple. El río que suena no es el de la fundación de tal partido, sino el de la intencionalidad por parte de ciertos sectores del poder de institucionalizar y esclerotizar el músculo de los y las de abajo, que ya parecía habérsenos osificado: el músculo del debate público y plural, el de la movilización y la imaginación colectiva. Algo demasiado peligroso cuando banqueros, grandes empresarios y sus políticos-lacayos pretenden hacernos pagar sus facturas atrasadas con intereses.

La creación de tal partido está tan fuera de la agenda y carece hoy de tanta realidad, que no me interesa hablar de ello, como tampoco me interesa hablar de las sirenas con corbata. Sin embargo, existen elementos del 15-M relativos a su capacidad creadora que sí son interesantes y que merecen cierta atención.

Cuando la realidad quema los falsos debates

Hace ya tiempo que el panorama de la izquierda es desolador: con un PSOE virando desde la socialdemocracia al social liberalismo primero y desde éste al neoliberalismo salvaje y depredador después; y con una Izquierda Unida sumida en una espiral de decadencia política a la que el pactismo con el PSOE y la institucionalización consecuente la han arrastrado. Esta decadencia de la izquierda hace que la guerra de posiciones políticas sea ganada día tras día por el conservadurismo en lo social y por el neoliberalismo* en lo económico, dejando campo libre a las reformas que las clases dominantes programaron ya a finales de los 70´: conquistados los mercados de ultramar, sólo queda ya obtener rentabilidad conquistando los mercados interiores, esto es: destruir los Estados Sociales.

En el plano sindical, la situación da para mucho más de lo que pudiera decir. Cabe señalar, no obstante, que el marco que se abre tras los pactos de la Moncloa pareciera más que un marco un yugo para la clase trabajadora, en la que el consenso con nuestros verdugos es el único escenario posible de acción sindical para las direcciones de los sindicatos mayoritarios, lo cual nos ha llevado a una pérdida progresiva de derechos, de forma que aquel insuficiente Estatuto de los Trabajadores de 1980, nos parece hoy un inmejorable punto de inicio tras el reseteo.

En este contexto, la teorización estratégica de parte de la izquierda radical ha sido la de que, puesto que no existe referente político, el pueblo habrá de crear el suyo propio con gentes de distinto pelaje, filiación y experiencia militante. Entiendo que en el contexto político mundial, para que dicho referente fuera tal, cabría en lo político un cuestionamiento radical del capitalismo, o al menos de su fase actual. En mi organización, a este hipotético referente lo hemos llamado: polo anticapitalista amplio. He de confesar que en un principio, este concepto no me convencía del todo por su aparente vacuidad, pero lo cierto es que sólo un futurólogo podría llenar de contenido el horizonte que está por venir, para al final encontrarnos con un montón de papel mojado. Sólo la paciencia, la realidad concreta y la astucia podrán ir dando color a ese horizonte estratégico.

El movimiento del 15-M deja aún muchos interrogantes sobre el futuro de los pueblos, y por tanto sobre la reconstrucción de una fuerza política por y para los de abajo capaz de hacerle frente al capital: ¿Ese polo amplio será un partido nuevo, una coalición entre partidos actuales, un frente de lucha? ¿Cuál será su estructura orgánica? ¿Cómo estará desarrollada su democracia interna tras los acontecimientos de los últimos meses? ¿Cuál será la relación entre anticapitalistas y antineoliberales? ¿Tendrá sentido político tal división? Creo que estamos aún lejos de poder contestar a ninguna de estas preguntas, no obstante, sí que podemos sacar conclusiones sobre algunos procesos que ya se están poniendo sobre la mesa y que, sin duda, hacen del 15-M un proceso constituyente de algo, que a algunos nos gustaría que fuese al menos un embrión de aquel polo anticapitalista amplio:

1. Si durante los últimos años, la tónica en la vida de los movimientos sociales era la de una difícil, o cuando menos ajetreada, convivencia entre determinadas sensibilidades políticas, en el movimiento 15-M se ha priorizado la creación de un patrimonio colectivo, limando asperezas que antaño se nos hacían abismos y hoy se nos tornan pequeños baches en el camino. Así vemos, aunque quizá no en todas las asambleas, confluencias entre corrientes desde marxistas a libertarias, pasando por la autonomía y por reformistas de izquierdas. La acción concreta en un movimiento amplio ha conseguido una unidad de acción, obstaculizada antaño por unos debates principistas que afloraban como gusanos de los cuerpos débiles de movimientos anteriores.  Y aunque efectivamente, esto es sólo un fotograma en la película que estamos filmando, el panorama no puede ser por menos que alentador, siempre y cuando continúe el trabajo honesto por la base y nadie intente patrimonializar el movimiento. Y todo esto sin tener en cuenta lo más importante: la entrada activa en la escena política de toda una generación joven sin filiación que ha crecido sin un claro referente político, pero que ha decidido que ante la situación de degradación política y de las propias condiciones de existencia había que mojarse. El 15-M es ya la mayor escuela de formación política y militante que ha existido en décadas, no sólo para los que no tenían experiencia política en la lucha social, sino para los que veníamos ya con cierto recorrido.

2. La evolución vertiginosa del propio discurso político del movimiento, necesariamente sitúa el consenso social más a la izquierda hoy que ayer. A pesar de las reticencias iniciales de ciertos sectores de no vincular las reivindicaciones del movimiento con reivindicaciones encaminadas a mejorar la vida de las clases populares y por ende, a señalar a los culpables de la crisis y a oponernos a sus reformas; hoy una de las principales piedras angulares del movimiento es la obstaculización de los desahucios, con la que se abre toda una crítica radical al sistema financiero-usurero y al desarrollismo español de la última década.

3. La posibilidad de que las actuales asambleas de barrio cristalicen en estructuras populares permanentes, parece algo más que un deseo. Esto es así desde el momento en que las asambleas de barrio asumen la tarea de convertirse en una herramienta con la que afrontar los problemas concretos a los que el grueso de la población está siendo sometido por la minoría adinerada. Esto da una credibilidad y una funcionalidad inesperada al movimiento, a la par que va concretando con la acción los puntos de aquellos programas infinitos. Además, hemos de sumar la construcción de una coordinación estatal entre asambleas, lo que otorga a la clase trabajadora y al resto de clase populares una forma rápida de organizar a nivel estatal una posible respuesta ante una nueva agresión. Asambleas de barrio y  coordinación estatal son dos de los mayores regalos que el 15-M podrá legar para las clases populares.

Aunque caminar no significa llegar a la meta, es incuestionable que haciéndolo nos acercamos más a ella. De la misma manera, aunque los elementos descritos no significan desembocar en la constitución de un polo anticapitalista de masas, sí que nos sitúan en un escenario infinitamente más favorable. La confluencia entre diversas corrientes políticas, la entrada en escena de toda una nueva generación militante, la evolución del discurso político y la posibilidad de crear estructuras populares y coordinaciones que pervivan en el tiempo, son elementos, que aún creados en apenas dos meses, significan ya uno de los mayores pasos logrados en décadas por la clase trabajadora y el resto de clases populares en el estado español.

Perspectivas de un necio

El 15-M ha sido, en cierto sentido, un muro para mí. Cualquier predicción y valoración que del mismo hice en sus inicios no tardó más de 24 horas en refutarse. No lograba ver más allá del hoy, y en ocasiones ni eso. Me hace gracia recordar que en sus comienzos vaticinaba que las acampadas eran un error y que no durarían más de 5 días, a lo sumo. En un momento, no recuerdo cuando, decidí dejarme arrastrar y resituarme. Era como cuando de niño me tiraba en la orilla de la playa y dejaba que el oleaje me rebozara con la arena a su gusto. No era consciente aún de la potencia del movimiento y mis coordenadas estaban hechas por la fragilidad y/o frugalidad de experiencias anteriores.

Cualquier perspectiva sobre este movimiento parece complicada. Sin embargo, hoy como ayer, sigo pensando que es el acercamiento concreto del movimiento a los problemas de la gente trabajadora una de las claves de su éxito. En una segunda fase tras las acampadas, el movimiento se dirigió a los barrios y decidió observar su realidad e intervenir en ella. Y eso fue un salto cualitativo importante. La gente hoy siente menos miedo que ayer porque sabe que no está sola ante unas situaciones que son colectivas.  Sin embargo, hay un miedo primitivo en nuestra sociedad que está lejos de haberse disipado: el miedo a quedarse sin empleo. Dicho de otro modo: el derecho de vida o muerte que poseen quienes ostentan los medios de producción sobre los y las asalariadas. Ese miedo, que está en el origen mismo de la dominación capitalista, no ha disminuido ni un ápice desde el 15 de mayo de 2011. Hace falta por tanto, una tercera fase que acerque el movimiento a los centros de trabajo, lo cual, evidentemente no es tarea fácil.  La consigna de Huelga General por parte del 15-M posee unas potencialidades interesantes de investigar a este respecto. Por un lado, dicha consigna plantea la dificultad de dar con la fórmula de cómo un movimiento social logra arrancar una fecha de huelga general: ¿Con qué sindicatos? ¿Con qué trabajadores? ¿Qué papel respecto de los trabajares organizados? En definitiva, la consigna de Huelga General obliga al movimiento a plantearse qué relación y qué acercamiento con el movimiento obrero organizado, lo cual es un objetivo prioritario. Existiendo además un interesante añadido, que es que hoy el 15-M parte con una credibilidad mayor de cara al grueso de la población del que tenían las direcciones sindicales cuando afrontaron el 29-S**. Todo esto, tal y como se hizo constar por las declaraciones de Toxo y Méndez el 20J, pone en un aprieto muy serio a las burocracias sindicales que habían intentado convencer a su afiliación de que el pensionazo firmado era la mejor salida dado que no existía posibilidad de movilización social. El 15-M los sonroja y con razón. Reforzar las confianzas y los intereses colectivos entre los y las trabajadoras también en los puestos de trabajo, a la par que se dan saltos cuantitativos conectando el barrio a las empresas es un objetivo que puede cumplir a la perfección la consigna de Huelga General, máxime cuando el otoño se nos augura calentito.

Conclusión

Cuando existe tanta intencionalidad por parte de ciertas esferas del poder en que el 15-M se convierta en partido, hay que entenderlo en los justos términos: dejad de dar la brasa en los barrios, convertíos en partido que se presenta a las elecciones y convertid vuestras reivindicaciones, no en democracia popular ni en acciones reivindicativas, sino en propuestas de ley. Esto es, en pocas palabras, la muerte del movimiento. Sin embargo, hay que entender que más allá de lo que los Rubalcabas y Rajoys pidan al movimiento y de su estrecha comprensión de lo que es un partido, el proceso del 15-M tiene una potencialidad creadora y podría ser el efecto fundador, sino ya de un polo anticapitalista amplio, al menos de una unidad de acción y creación que nos sitúe a los de abajo en mejor situación política. Para ello entiendo, pese a mi currículum de desatinos, que debemos meditar sobre cómo, tras el verano, nos adentramos en una tercera fase: el necesario acercamiento a los centros de trabajo y al movimiento obrero organizado. En ella, la consigna de Huelga General se posiciona como la más favorable.

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*Si algo ha puesto la gestión de la crisis sobre la mesa, es que el modelo económico no es neoliberal, puesto que no tiene ningún reparo en el intervencionismo estatal, cuando éste va dirigido a salvar las ganancias de las clases dominantes. Estamos pues ante un estado neoliberal para los pobres e intervencionista para los ricos: privatizar ganancias y socializar gastos.

**Cabe destacar que hoy la credibilidad social de las direcciones de CC.OO. y U.G.T. es tanto menor que antes del 29-S debido a la firma del pensionazo, lo cual es una seria dificultad ante la posibilidad de una futura Huelga General convocada desde ambas centrales sindicales. Tal es el sentido de que sea el 15-M, quien hoy ostenta una gran credibilidad social, quien empuje en esa dirección.

El esperpento del “acuerdo global y equilibrado”

Construir entre todos y todas una orientación sindical que nos saque del abismo

Para bien o para mal tengo ya 31 abriles. Nací en el verano de 1979, dos años después de los Pactos de la Moncloa. Mi visión de dichos pactos ha variado con el paso del tiempo. En un principio me tragué sin mucho esfuerzo el mito de la transición modélica que se vende al por mayor al gran público del estado. De muy joven entré en contacto con organizaciones de la izquierda radical, las cuales, aunque cada una con sus distintos matices, coincidían en una juicio bastante diferente del oficial sobre dichos pactos. Finalmente entré en Espacio Revolucionario Andaluz, la organización andaluza de Espacio Alternativo, hoy Izquierda Anticapitalista, y mi forma de pensar sobre lo que fueron los pactos de la Moncloa cambió definitivamente, y aún diría más: sin posibilidad de retorno a la versión oficial. Tras muchos libros, artículos y debates, hoy deben poner mucha vaselina al mito de la transición para hacérmelo tragar.

Sin embargo, lo que parte de mi generación “recuerda” sobre los pactos de la Moncloa, lo hizo a través de la generación que sí vivió y sufrió tal derrota. Por lo tanto, nuestra percepción de los hechos está muy influenciada por las voces y las plumas de los “veteranos”, en mi caso, de la izquierda que hicieron oposición al proceso. Hay un viejo proverbio chino que dice: “dime algo y lo olvidaré, enséñame algo y lo recordaré, hazme partícipe de algo y entonces aprenderé”. Hemos leído mucho y nos hemos creído sabios, sin embargo, mi generación ha aprendido (y aprehendido) lo que fueron los pactos de la Moncloa con la terrible imagen con la que premeditadamente he querido acompañar este artículo. Un curso intensivo de cruda realidad.

De nuevo otro pacto en el que perdemos y perdonamos los de siempre. Pero es éste un pacto de una gravedad sórdida. En él no sólo se entrega a la clase trabajadora a las fauces del león, a la antesala de la privatización de las pensiones (sistema de capitalización vs sistema contributivo), sino que además, con Toxo y Méndez como dos de los mosqueteros del pacto, se tira a la basura el cartucho de la movilización y no sabemos por cuánto tiempo. Si la credibilidad de las centrales sindicales mayoritarias antes del 29 S ya estaba por los suelos, en parte por años y años de pasteleo con la administración y alejamiento de la realidad de los y las trabajadoras, lo cual fue un obstáculo para quienes construimos la huelga en septiembre, dicha credibilidad hoy ha llegado a las antípodas. Se han aceptado las tesis de la patronal, quien al principio de la crisis mantenía que la única salida era que la gente trabajadora (no ellos, claro) debíamos trabajar más para ganar menos. El Gobierno socialista (dicen) y las cúpulas de CCOO y UGT dan cuerpo a lo que hace unos años considerábamos una fanfarronada del depuesto y siniestro Díaz Ferrán.

Ayer, como afiliado a CC.OO. asistí a una asamblea esperpéntica en mi sindicato. La misma dirección provincial que hace apenas un par de semanas, descolocada ante el anuncio del pacto global por Toxo el 11 de enero, se posicionaba crítica con la propuesta de la dirección confederal y mantenía la postura de dar continuidad a la movilización con el horizonte de huelga general, esa misma dirección se sentaba ayer ante una veintena de afiliados del sector de enseñanza y nos vendía las bondades del pacto. Una metamorfosis tan rauda difícilmente será digerida por alguien como yo, quien no entiende siquiera que los vestidos de agitador y sacerdote puedan estar en un mismo armario. Para rematar la faena, el cuadro se cerraba con la líder del sector crítico bailando al compás del pensionazo.

Quizá con más rabia que sosiego, solicité que se me explicara a qué se debía un cambio de posición de tal calibre, qué había cambiado en el contexto en un par de semanas para dar un giro de 180º. La pregunta central quedó sin contestar. Los dos argumentos básicos giraron en torno a la defensa de la lógica del pacto y fueron: uno, el posibilismo y dos, frenar la propuesta agresiva del Gobierno. El posibilismo es muy curioso, es la pseudo-ciencia de la historia-ficción: no estábamos en condiciones de una huelga, hubiera sido peor el realizarla, … es como una ciencia hecha para darse la razón a sí misma, pues como jamás se presta el evento a arder en las ascuas de la realidad, jamás se puede probar la veracidad de la hipótesis del fracaso apriorístico. Sin embargo, lo cierto era que antes del anuncio del pacto por parte de Toxo, el ánimo en muchos de los cuadros medios y afiliados de base del sindicato era el de construir la huelga general en caso de agresión del Gobierno, tal y como se anunciaba desde la dirección confederal antes del giro sospechoso. Tal hecho se demuestra en la lluvia casi diaria de comunicados de sectores provinciales, regionales e incluso uniones provinciales del sindicato desde el día después de que se anunciara el acuerdo hasta hoy. Esto, sin tener en cuenta que el primer sondeo muestra un rechazo del acuerdo por parte del 76% de la población… un acuerdo firmado por la dirección de CC.OO. y U.G.T. El otro argumento siempre me ha llamado la atención: como la reforma del Gobierno era agresiva contra los intereses de los trabajadores, pues entre otras cosas pretendía la capitalización de las pensiones, y por tanto su privatización, hemos firmado este acuerdo que es menos malo. Tomen nota futuros Gobiernos: si lo que pretenden es que nos comamos una mierda, pongan un mierdón sobre la mesa.

La realidad, sin embargo, no es ni un argumento ni el otro. La realidad radica en una orientación sindical que ve como hecho anómalo el salirse fuera de los límites de la concertación social… patología propia del sindicalismo en el Estado Español, tal vez herencia directa de las lógicas nacidas de los pactos de la Moncloa. No es posible que gran parte de los cuadros medios del sindicato hace un par de semanas estuvieran predispuestos a realizar una huelga general y ahora se introduzcan cual enema las bondades del “importante acuerdo social”, si no es porque gran parte de estos cuadros medios se han curtido dentro de las lógicas de la paz social y de una manera muy particular de entender el centralismo democrático. No quiero con esto restar importancia a las luchas mantenidas por dichas personas o dejarlas en un segundo lugar, sino que pretendo señalar que incluso el hecho de que después de navidad no estuviéramos en las mejores condiciones para afrontar otra huelga general es consecuencia de una estrategia sindical que temblando en la arena de la confrontación, mira por vicio a los despachos donde a nuestras espaldas se negocian nuestras vidas. Pues incluso después del 29 S no ha habido una política sindical orientada a mantener la tensión en la calle ni a combatir la campaña mediática que sostenía la mentira demostrable de que la huelga general fue un fracaso, lo cual iba allanando cada vez más la oscura senda hacia el pensionazo bendecido por la paz social, que es la paz de los Botín, los Ferrán o los Florentino Pérez, pero no la nuestra.

No obstante, a día de hoy sigue habiendo contradicción dentro del sindicato. No nos podemos conformar con la imagen de Dartacán y los tres mosqueteros firmando el acuerdo que nos postra de rodillas, esta vez hincándolas hasta el subsuelo, a la mayoría de la sociedad ante el gran capital. Afortunadamente fuera del sindicato la indignación es grande. Existe pues un caldo de cultivo para, al menos, intentar articular una respuesta entre todas las personas que hoy nos oponemos al pacto. En este momento el sectarismo entre quienes estando en contra del acuerdo, estamos dispuestos a dar la batalla en los frentes que sean necesarios puede ser crucial… en lo negativo, claro. Sólo la creación de complicidades entre personas con una misma orientación sindical más combativa nos puede dar la llave para abrir la puerta de una movilización general contra el pensionazo. En este terreno de nada nos valen los juicios sobre las siglas sindicales, como si un sindicato fuera un todo homogéneo. Es preciso, por tanto, la organización dentro del sindicato, pero también es preciso saber que debemos tejer coordinaciones intersindicales entre gentes dispuestas a construir conjuntamente una orientación sindical combativa y unitaria que vaya más allá de la oposición frontal al acuerdo sobre las pensiones. Una cuestión crucial para los tiempos que corren.

HUELGA GENERAL EL 29 DE SEPTIEMBRE… hasta enterrarlos en el mar

Tarde y torpemente se han dado cuenta las direcciones sindicales de la parálisis a la que les han llevado años y años de negociación y pactos con una patronal y un Estado que no son sino el mismo perro con distinto collar. Una parálisis que afecta a todas y cada una de las personas que se ganan el pan con el sudor de su frente convertido  en salario, áquel que hoy parece ser el origen de todo mal, de toda crisis, lejos quedan ya las manidas subprime o cualquier análisis que no señale al salario como el nudo gordiano de la recesión. Cuando los poderosos pierden, nos abaratan el despido y nos reducen el salario, cuando ganan, sólo nos lo moderan: ¡bienvenidos al circo del neoliberalismo donde gane quien gane, siempre podremos acertar quien va a perder: nosotros, los trabajadores; nosotras, las trabajadoras!

La huelga del 29 de septiembre llega tarde y mal… pero llega. Será la primera huelga convocada a nivel europeo. Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Grecia, … parecen sumarse al carro del NO a la sangría de derechos y conquistas sociales y laborales que está arrasando Europa. Aquel fantasma que la recorría más de un siglo ha, no parece sino un eco lejano de cuando nos creíamos capaces. Ahora son otros fantasmas las que como peste medieval cabalgan de sur a norte llevándose consigo, no ya los logros de 1917, sino el contrato de 1789. Pese a la claudicación y la venta por módulos, aún hoy es preciso recordar que el peor sindicato para las y los de abajo es el que no existe.

Con el campo de batalla lleno de nuestros cadáveres -aquéllos que sabían que estábamos en guerra- y con el retroceso claro de nuestras trincheras, a veces me pregunto: ¿será éste el potro de patas blancas con el que nos volvamos a sentir capaces de hundirlos en el abismo del océano?

A galopar

EL NEOLIBERALISMO YA NO NECESITA A LOS VASALLOS DEL PSOE

El gran capital, con el FMI a la cabeza ha decidido arrasar con lo poco que queda de estado social en Europa. Primero fue Grecia… y ahora nos toca a nosotros. Miles de personas que aún no han comprendido el nuevo papel que se le reserva a la socialdemocracia están confusas por haber sido implementadas las reformas por un Gobierno socialista. Miremos a Grecia y tomemos ejemplo de la dignidad de las trabajadoras y trabajadores griegos que nos llevan ventaja en esto de la lucha contra el Fondo Monetario Internacional. Como vemos, lo que está en juego tanto allí como aquí es el estado social que tanto sudor y sangre costó a nuestros abuelos y padres conseguir. Porque la dignidad es lo último que se pierde.

CARTA ABIERTA A LAS Y LOS SINDICALISTAS. Asunto: Plan de ajuste

Desde hace mucho tiempo, entre las diferentes siglas sindicales ha pesado más el sectarismo que el ánimo en la creación de un patrimonio de lucha común. Sabemos que no corren tiempos para cabalgar en solitario. Este es sin duda uno de los momentos de la historia recientes más duros para la clase trabajadora en todo el estado. Venimos de un periodo de crecimiento tras el cual hemos perdido poder adquisitivo mientras la burguesía tomaba baños de oro. El mileurismo, el precio de la vivienda, el aumento de la jornada laboral, el trabajo basura, el no llegar a fin de mes eran ya una realidad importante dentro de la clase trabajadora aún antes de comenzar la crisis (fundamentalmente jóvenes, mujeres e inmigrantes), cuando las orgías de beneficios eran una tónica general en las bolsas de todo el mundo. Y desde esa posición de derrota comenzamos la andadura como clase social en momentos de crisis, en los que por su puesto los señores del frac poco han tardado en hacerla cargar sobre nuestros hombros. Estamos en tiempos de urgencia social aún antes del tijeretazo, el cual representa una duro golpe para trabajadoras y trabajadores de cualquier sector, ya sea público o privado, pues sabemos que el salario en la función pública y el de los jubilados es uno de los principales referentes a la hora de negociar las subidas salariales en los convenios colectivos.  Es decir, gran parte de los convenios colectivos que se estén firmando esta misma semana, llevarán asociado un recorte salarial.

No quiero dirigirme a ningún sindicato en concreto con esta carta, pero sí a todos los y las sindicalistas que pudieran leerme, independientemente de cuáles sean las siglas con las que trabajen. Sabemos que sólo un proceso iniciado con una Huelga General en todos los sectores será la vía para poner fin al plan de ajuste y salir reforzados como clase, al menos en el plano orgánico. Sabemos que sólo una victoria de esas características pudiera ser el principio del fin de dos décadas de derrotas y pérdidas de la clase trabajadora y de profundización en la pesadilla neoliberal. Ayer, las direcciones de CC.OO. y U.G.T. dejaron claro su intención de no convocar una Huelga General más allá de la huelga en la función pública del 2 de junio. Pero, como sabemos, no todo se puede teledirigir desde un despacho, y los procesos pueden superar las intenciones de quienes intentan apagar un fuego que han encendido sobre nuestras cabezas.

Si somos conscientes de la importancia de una Huelga General en un momento de cabreo masivo de la gente trabajadora y de impopularidad del Gobierno, sabremos también que es momento de dejar a un lado los recelos y desconfianzas que nos pudieran generar gentes que vienen de otras siglas sindicales. A mi organización (Izquierda Anticapitalista) se le ha tachado muchas veces de no querer la unidad política en el plano orgánico y siempre hemos contestado en la misma línea: primero unidad en las luchas, en la calle, creación de patrimonio común, reconstrucción de conciencia de clase con victorias palpables por todos y por todas, sólo así podremos gestar nuevos sujetos políticos. Pues bien, ha llegado el momento. Este es el más claro ejemplo en los últimos tiempos que pide a gritos la unidad de toda la izquierda sindical y política para hacer frente a un retroceso histórico de las condiciones de la gente asalariada.

Sabemos que las direcciones de UGT y CC.OO. no están por la labor. Pero también sabemos que estas direcciones viven en un delicado equilibrio fácil de romper en estos momentos en que pudieran ser ellos los que en el imaginario colectivo quedaran como principales co-responsables del plan de ajuste.  Sindicalistas de CGT, de la Confederación Intersindical, del SAT, de CNT, de USO, CoBas, MATS, CTA y demás sindicatos minoritarios (sin pretender que minoritario tenga ningún sentido negativo) que pudiera haberme dejado en el tintero debido a que me es más familiar la realidad en la que milito. Pero, insisto, no debemos olvidar tampoco sindicalistas de CC.OO. y de U.G.T. que tuvieran la firme convicción de la convocatoria de una Huelga General. Habrá, no sólo sindicalistas, sino secciones sindicales enteras de los sindicatos mayoritarios dispuestas a trabajar ya hacia una Huelga General. Parte de las bases que no comprenderá que el día 2 de junio sea un día de punto final y estén dispuestas a escuchar y profundizar la lucha. Ni el sindicalismo crítico fuera de los sindicatos mayoritarios, ni dentro de los mismos ha conseguido dar los frutos esperados para la clase trabajadora. Es pues un momento de superar las siglas y organizar coordinaciones intersindicales en todas las localidades en las que esto sea posible, con la única fidelidad puesta en la defensa de los intereses de las y los de abajo, que somos nosotros mismos.  La convocatoria de Huelga General no debe considerarse patrimonio de nadie, sino que debe verse como una vía de generar ese proyecto común que tanta falta nos hace.

Y por supuesto, en este proceso, no debemos olvidar la necesaria unidad de las organizaciones políticas y gentes de izquierdas que consideren el plan de ajuste como un histórico paso atrás en los intereses generales de la clase trabajadora.

Ya sé que no soy nadie para escribir esta carta. Pero me van a permitir un momento de osadía impulsada por la rabia que llevo gestando estos días. No quería terminar sin referirme a las realidades de Euskadi, de Catalunya o de Galiza. Países en los que la realidad es más compleja y en los que los intereses de clase están cruzados por otro tipo de sentires mayoritarios, debido a la cuestión nacional. No soy quien para pedir nada. Pero, si realmente consideramos éste un ataque sin precedentes a la clase trabajadora, no podemos olvidar aquellas realidades en las que la conflictividad social y la vigorosidad sindical son de las más potentes en el panorama estatal. Este ataque, teledirigido por el FMI, la Casa Blanca y el BCE, viene directamente desde la Moncloa, por lo que la respuesta, entiendo, habrá de coordinarse entre todos los pueblos que hoy forman el estado español, entre todas las gentes hoy afectadas. Habrá que buscar la manera de coordinarse con aquellas realidades a las que se les niega hoy el legítimo derecho a la autodeterminación, pero si todos comprendemos las dimensiones y alcance del plan de ajuste, habremos de hacer un esfuerzo a ambos lados para defender unos intereses comunes de clase e ir tejiendo lazos de solidaridad entre pueblos. Comenzar a dar pasos en este sentido es también comenzar a romper tabúes propios y ajenos que nos permitan dar verdaderos saltos cualitativos.

Hoy más que nunca: ¡Unidad sindical hacia la Huelga General!

SE BUCA TRABAJADOR PARA SALVAR BANQUERO Zapatero et al. (2010) Parte I

No quería reactivar el blog hasta después de las oposiciones, no obstante, el ajuste que ayer presentó el presidente Zapatero hace que hoy el exceso de bilis segregada impida concentrarme en cualquier otra cosa que no sea en lo que ya se está conociendo como el tijeretazo.

El discurso que pretendo bloquear es el que en las últimas horas escuchamos en los falsos debates (pues en verdad no existen jamás opiniones enfrentadas, sino distintas maneras de estar de acuerdo) bien en televisión, bien en radio o en prensa. La derecha partidaria o mediática pregona el “ya te lo dije” y recrimina de tardías unas medidas a su juicio necesarias. Los simpáticos “socialistas” (me han temblado los dedos al escribirlo) y sus “simpáticos” medios de comunicación alaban al presidente por “valiente” y “responsable” y por llevar a cabo las únicas medidas posibles, a pesar de impopulares y a pesar del precio electoral. O sea: los dos grandes partidos están de acuerdo, esto es: todos los medios de comunicación están de acuerdo en los planes de ajuste y sólo hay posibilidad de discrepar en los márgenes. “Hay que dejar de lado la ideología y hacer lo que hay que hacer”. En otras palabras: obrar en defensa de los intereses de la mayoría, de las clases populares, es ideológico. Obrar en defensa de especuladores, banqueros y otros roedores, es responsable y además es la única salida posible: es no-ideológico… sin comentarios.

Pero ¿qué hay de nuevo bajo el sol? Un acelerador gigante. Me explico: si a estas alturas es menester explicar que el rumbo del gobierno ZP jamás fue otro que el de profundizar en el programa político del Gran Capital es porque el establisment mediático nos ha trastornado la memoria a corto plazo. La reforma laboral del presente gobierno en 2005 profundizó en el abaratamiento del despido, a día de hoy el número de tropas españolas en el extranjero es el mayor de la historia (recomiendo Okal® para quien aún siga creyendo la fábula de la “misión humanitaria”), la gestión de los aeropuertos más importantes fue privatizada o está en ello, la reformas fiscales han ido encaminadas a disminuir la carga sobre las rentas más altas (eliminación del impuesto de patrimonio) y redistribuirla sobre las rentas más humildes (efecto del aumento del I.V.A.)… si después de todo esto aún hay quien no tiene claro el carácter del Gobierno ZP, el plan de ajuste presentado ayer día 12 de mayo de 2010, no debe dejar ya lugar a ninguna duda. No estoy de acuerdo con ciertos directivos de CC.OO. y U.G.T. quienes han calificado de que Zapatero se ha postrado ante los mercados, porque hace ya mucho que no reparte sino migajas a quienes representan su base social, esto es: la clase trabajadora y demás clases populares. Esas migajas y unos cuantos derechos históricos más son los que hoy reivindica para sí la clase de los botines, ferranes, y demás garrapatas. El Gobierno socialista no cambia de rumbo, sigue en la misma dirección, pero pisa el acelerador de forma tal que deja a la altura del betún a la agresiva derecha española.

Centrémonos en la milonga de la tesis de la responsabilidad. La responsabilidad se basa en que se han dado cuenta de que al bajar los salarios (pues la bajada de salarios en los empleados del sector público tiene un efecto contagio en el mercado de trabajo) y disminuir las pensiones, aumenta la productividad. ¡Mierda!, ya sabía yo que lo iban a descubrir tarde o temprano: si bajamos los salarios, el patrón gana más. Espero que tarden un poco más en darse cuenta de que si no cobramos nada, el patrón gana aún más. Ante esta verdad absoluta poco tengo que decir, pero entonces… ¿qué sentido tiene un sistema que para funcionar tiene que hundir en la miseria a la mayoría de la población? Y aquí es donde viene la segunda parte de la tesis: un aumento de la productividad estimulará la economía y ésta es la única forma de poder salir de crisis y así podrán volver a aumentar los salarios. Estas tesis de marcado carácter neoliberal llevan más de dos décadas intentando convencer a las clases trabajadoras de todo el mundo de que conforme menores sean los derechos y garantías laborales y más desregulación fiscal y financiera exista, es decir, cuanto más abiertos y flexibles sean los mercados nacionales, más probabilidad existe de que aumente la economía y también los salarios. Os dejo a continuación unas gráficas que lejos de haber sido realizadas por la organización de izquierdas a la que pertenezco, ha sido elaborada por una organización poco sospechosa de tener nada que ver conmigo en lo ideológico (Fuente: OECD Employment Outlook, 2007). Deténganse unos minutos en ellas y traten de comprenderlas.

Una vez comprendido el reverso de la lógica neoliberal, es decir, que lejos de aumentar, los salarios más altos son aquellos que pertenecen a países con unos restos de estado social mayores, y por tanto en aquellos en los que el programa neoliberal ha sido implementado en menor medida, comprenderemos porque el FMI, que hoy aconseja a Zapatero, era el mismo consejero de la Argentina del corralito, y en general el responsable de haber hundido en la miseria a casi todos los países de Latinoamérica y Asia. Por tanto, lejos de hacerse pasar por neutras o técnicas, las medidas que el gobierno pone sobre la mesa rebosan ideología neoliberal por los cuatro costados, máxime cuando ni tan siquiera vienen acompañadas por medidas de redistribución de la riqueza (el estado español es uno de los que menor carga fiscal posee sobre las rentas más altas). El plan de ajuste, es por tanto una exigencia de aquellas clases sociales que una vez salvadas de la bancarrota con dinero público, pretenden girar la tuerca de la explotación laboral, bajo amenaza de no financiar el agujero generado por salvarles el culo. En pocas palabras: nos chantajean con nuestro propio dinero. No hay, por tanto, salida dentro del sistema. No existe ya la posibilidad de crear una alternativa de estado social dentro de un sistema capitalista en el que las clases dominantes se sienten sin rival alguno. La responsabilidad a la que se refieren los medios será con otros, pero no con las clases populares.

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