HUELGA GENERAL EL 29 DE SEPTIEMBRE… hasta enterrarlos en el mar

Tarde y torpemente se han dado cuenta las direcciones sindicales de la parálisis a la que les han llevado años y años de negociación y pactos con una patronal y un Estado que no son sino el mismo perro con distinto collar. Una parálisis que afecta a todas y cada una de las personas que se ganan el pan con el sudor de su frente convertido  en salario, áquel que hoy parece ser el origen de todo mal, de toda crisis, lejos quedan ya las manidas subprime o cualquier análisis que no señale al salario como el nudo gordiano de la recesión. Cuando los poderosos pierden, nos abaratan el despido y nos reducen el salario, cuando ganan, sólo nos lo moderan: ¡bienvenidos al circo del neoliberalismo donde gane quien gane, siempre podremos acertar quien va a perder: nosotros, los trabajadores; nosotras, las trabajadoras!

La huelga del 29 de septiembre llega tarde y mal… pero llega. Será la primera huelga convocada a nivel europeo. Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Grecia, … parecen sumarse al carro del NO a la sangría de derechos y conquistas sociales y laborales que está arrasando Europa. Aquel fantasma que la recorría más de un siglo ha, no parece sino un eco lejano de cuando nos creíamos capaces. Ahora son otros fantasmas las que como peste medieval cabalgan de sur a norte llevándose consigo, no ya los logros de 1917, sino el contrato de 1789. Pese a la claudicación y la venta por módulos, aún hoy es preciso recordar que el peor sindicato para las y los de abajo es el que no existe.

Con el campo de batalla lleno de nuestros cadáveres -aquéllos que sabían que estábamos en guerra- y con el retroceso claro de nuestras trincheras, a veces me pregunto: ¿será éste el potro de patas blancas con el que nos volvamos a sentir capaces de hundirlos en el abismo del océano?

A galopar

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POR EL REAGRUPAMIENTO: IZQUIERDA ANTICAPITALISTA Y EN LUCHA

Documento y resolución sobre el reagrupamiento de la izquierda revolucionaria, Izquierda Anticapitalista y En lucha/En lluita de la Asamblea Estatal de En lucha/En lluita 2009. Como En lucha/En lluita tenemos un modelo bastante claro de qué es un partido revolucionario: un modelo basado en la experiencia acumulada desde principios del siglo XX hasta hoy. Es un partido que pretende agrupar a la gente más combatiente, ser democrático y centralizado en su acción, arraigarse entre las masas populares, participar en todas las luchas y, en definitiva, convertirse en la dirección política de la revolución socialista.

Pero una cosa son las grandes ambiciones y otra es la realidad. Lo primero sobre lo que hay que reflexionar es cómo se construye un partido así. Más allá de la estrategia o la táctica y las prioridades políticas de cada intervención, están los mecanismos de cómo acumular una afiliación experimentada, además de nutrida. Descartado el trabajo dentro IU (y creemos que con el tiempo fue una decisión acertada) no hemos tenido más opción que la afiliación individual como grupo. Esta ha sido una opción que nos ha servido para construir una reducida, pero real, presencia en ciertos movimientos sociales y espacios, pero no una opción que haya permitido convertirnos en un pequeño partido de unos cientos de militantes –ni hablar de miles– o hacer un paso más hacia una izquierda revolucionaria más amplia.

Nada de esto nos debe sorprender. Históricamente, fuera de una gran explosión de luchas y una radicalización política generalizada, es difícil que no sea así. Si miramos la historia, vemos que los partidos revolucionarios con una implantación notable se han formado en base a una serie de factores interrelacionados: las escisiones en organizaciones existentes –caso de los partidos comunistas formados en base a escisiones en los partidos socialistas después de la Revolución Rusa– o fusiones –por ejemplo el POUM–, además de una situación de gran agitación social. En los 60 y los 70, por el nivel de lucha era posible crear organizaciones con unos miles de militantes, si no de masas –caso de la Ligue Comuniste Revolucionaire (LCR) en Francia y el Socialist Workers Party (SWP) en Gran Bretaña o la izquierda radical en el Estado español, Italia y gran parte de Latinoamérica. Aunque, incluso en estos casos, raramente su crecimiento se dio solamente en base a una acumulación numérica de afiliados individuales.

Las nuevas formaciones anticapitalistas

A raíz de la derechización de la socialdemocracia, el colapso de la mayoría de los partidos comunistas y, sobre todo, el auge del movimiento altermundista, en los últimos años han aparecido una serie de organizaciones y coaliciones –especialmente en Europa– que se definen como “anticapitalistas” o, al menos, “antineoliberales”. Son muy diversas en sus orígenes: desde una coalición que surge del movimiento antiguerra (caso de Respect); la radicalización del comunismo ortodoxo –caso de Rifundazione Comunista en Italia, aunque con la incorporación de sectores procedentes de la izquierda revolucionaria–, la fusión de organizaciones existentes –caso del Bloco d’Esquerda en Portugal, con la participación de la Cuarta Internacional (CI) y una organización de procedencia maoísta–, hasta una escisión de la socialdemocracia –caso del Die Linke en Alemania, fusionado con los excomunistas del Este. Incluso, ya han aparecido escisiones de la primera ola de estos partidos –caso de Sinistra Critica en Italia. En algunos casos, estas formaciones son claramente reformistas en su orientación, como por ejemplo Die Linke. Sin embargo, en todos los casos hay una presencia, con más o menos influencia, de sectores radicales y abiertamente revolucionarios.

Hay una excepción importante entre estas nuevas formaciones: el Nouveau Parti Anticapitaliste (NPA) en Francia. El NPA, en contraste con la mayoría de estas formaciones nuevas, tiene un programa revolucionario. Además, está formado principalmente en base a una organización marxista revolucionaria: la LCR. La decisión de la LCR de abandonar algunas de sus señas de identidad y formar, con miles de otros activistas, un partido no explícitamente leninista o marxista pero sí con un contenido político que plantea una oposición sin ambages al capitalismo y cualquier compromiso con el social-liberalismo es una apuesta valiente y, de entrada, claramente acertada. No cabe duda de que la creación de la NPA ha resultado muy atractiva para una capa importante de anticapitalistas que no se sentían representados por los partidos tradicionales; sobre todo el baluarte tradicional de izquierda en Francia, el Partido Comunista de Francia (PCF), partido que padece desde hace años un declive casi terminal.

La creación del NPA ha sido posible por dos razones fundamentales: el alto nivel de movilizaciones durante los últimos casi 15 años y la existencia de una organización con unos miles de afiliados y una larga experiencia militante e implantación social como era la LCR. Sin estas dos condiciones no hubiera sido posible su formación, al menos con las características que ahora tiene. Tampoco es cuestión de ser acríticos con el NPA. Está claro que el papel exacto de los marxistas revolucionarios dentro del nuevo partido tendrá que clarificarse sobre la marcha. Sin embargo, éste es un problema que vale la pena asumir –la alternativa sería un fácil purismo ‘revolucionario’.

Desde hace cinco o seis años nuestra corriente, la Corriente Socialismo Internacional (Internacional Socialist Tendency, IST), ha destacado tanto la importancia de las nuevas formaciones de la izquierda radical como la necesidad de orientarse hacia ellas. Por eso, nuestros compañeros trabajan dentro de organizaciones o formaciones diversas en varios países, como es el caso en Alemania, Brasil, Corea del Sur, Dinamarca, Francia o Italia entre otras. O han formado parte de coaliciones electorales, como en Australia, Grecia, Irlanda, etc. La forma de nuestro trabajo y su alcance depende tanto de nuestra propia fuerza como de las circunstancias de cada formación donde trabajamos. En algunos casos nuestra presencia es más abierta o más independiente que en otros. En la mayor parte de los casos –al menos hasta ahora– la experiencia se puede considerar positiva, en el sentido de que se ha reforzado la presencia de una izquierda alternativa, lo que ha dado a nuestros compañeros la oportunidad de trabajar en un entorno más amplio. Una excepción ha sido el caso de Gran Bretaña, donde tanto nuestra participación en Respect como en el Scotish Socialist Party (SSP) ha acabado negativamente –aunque por razones diferentes.

La otra izquierda en el Estado español

Desde hace cinco años defendemos la necesidad de construir una nueva izquierda alternativa en el Estado español; una izquierda combativa, plural, anticapitalista e inspirada por la diversas izquierdas alternativas que han surgido en otros lugares del mundo. Éste ha sido un elemento constante y central de nuestra propaganda y nuestras intervenciones. Sin embargo, más allá de las necesidades objetivas y los deseos subjetivos. ¿Cuáles son las posibilidades de construir una izquierda así? ¿Un Die Linke, un Bloco d’Esquerda o un NPA? ¿O algo completamente diferente?
Es cierto que a nivel local o municipal hay y ha habido iniciativas en este sentido que han empezado a llenar el vacío en la izquierda alternativa, y en las que podemos participar –el caso más obvio es la CUP de Barcelona. No obstante, a otros niveles, tanto nacionales (con la parcial excepción de Euskal Herria) como estatales, la situación es en general poco esperanzadora.
Si contemplamos los tres ejemplos citados arriba –no porque creamos que se puedan copiar estos modelos, sino porque es relevante hacer alguna comparación para entender nuestra propia situación– vemos con más claridad los problemas que confrontamos.

El espacio de un Die Linke lo ocupa IU: una izquierda reformista con una buena dosis de retórica anticapitalista. Pero mientras que el partido alemán está en pleno auge y ha atraído amplias capas de gente trabajadora y jóvenes (y por eso nuestros compañer@s alemanes hacen lo correcto al trabajar dentro de sus filas), IU está en plena crisis. Por un lado, se ha adoptado una orientación cada vez más socialdemócrata y por el otro, su ‘izquierda’ –capitaneada por el PCE– se ha mostrado incapaz de ofrecer una alternativa clara. Esto no quiere decir que no haya muchos afiliados y simpatizantes de IU con quienes se pueda contar en cualquier lucha o, incluso, proyecto para una nueva izquierda. No obstante, su falta de atractivo para mucha otra gente que forma el entorno del anticapitalismo y que busca una alternativa –además de su declive imparable, tanto en militancia como en votos–, significa que IU no sirve como base para lanzar una alternativa al reformismo.

Tampoco pensamos que exista la posibilidad de una formación estable basada en organizaciones existentes, al menos a corto plazo. El primer problema es sencillamente que ninguna organización tiene el tipo de base que sí tuvieron los fundadores del Bloco para atraer suficiente gente a un proyecto amplio y plural. A nivel estatal solamente tres organizaciones reúnen unos cientos de afiliados cada una: el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE), Corriente Roja (CR) e Izquierda Anticapitalista (IA). El PCPE claramente tiene la perspectiva de ‘reconstruir’ un Partido Comunista de corte ‘marxista-leninista’ y por eso es difícil ver cómo este partido participaría en un proyecto como el de que hablamos; aunque no se pueden excluir colaboraciones puntuales. Con CR tenemos relaciones bastante buenas, aunque el nivel de convergencia ideológica es limitado. Habrá que ver si en un futuro lejano están dispuestos a participar en un proyecto de unidad abierta. Más irreal aún sería un tipo de organización basada en los grupos trotskistas ortodoxos –tanto por sus pocas fuerzas como por sus divergencias políticas y su dogmatismo.

Sin embargo, aunque no existe una LCR ni ha habido un nivel de movilizaciones como en Francia, pensamos que el ejemplo del NPA tiene elementos que debemos considerar cuando examinamos el panorama político en el Estado español.

En lucha/En lluita

Para la asamblea de 2007 se escribió un breve resumen de la historia del grupo y no hace falta repetir muchas de las observaciones que hicimos allí. Solamente destacamos algunos aspectos sobre nuestra trayectoria que son relevantes para este documento.

Después de 15 años de existencia, puede parecer poco lo que hemos conseguido. Sin embargo, hay que contextualizar la experiencia del grupo dados nuestros orígenes tan precarios. Es obvio que el grupo no ha avanzado como hubiéramos esperado hace cinco años, pero durante este tiempo hemos mantenido una presencia en toda una serie de espacios políticos, y en algunos casos nuestra contribución ha sido relativamente importante en el sentido de hacer propuestas, organizar movilizaciones, etc. Sin exagerar, este ha sido el caso sobre todo en Barcelona, y en los últimos años en Sevilla y, en menor medida, en Madrid, donde hemos:

– Participado en el movimiento contra la guerra, las movilizaciones para los foros sociales, el movimiento estudiantil, etc.
– Mantenido un núcleo de militantes jóvenes ya experimentados capaces de intervenir en los espacios sociales y políticos con una cierta soltura; que saben hablar en público, escribir, etc.
– Mantenido un buen nivel de propaganda escrita: el periódico En lucha (1998-2007 ahora la revista La Hiedra/L’Heura y docenas de folletos traducidos y, cada vez más, escritos por nosotros.
– Organizado unas jornadas anuales desde hace 15 años, últimamente en los tres lugares dónde tenemos agrupaciones, además, de un sinfín de charlas públicas, talleres, etc.

Esta realidad nos plantea la necesidad de mirar con detenimiento las opciones que tenemos para ver cuál es el paso para seguir adelante en la construcción de una izquierda anticapitalista.
Para nosotr@s la cuestión central no es construir una sección de la IST por sí misma, sino cómo construir una izquierda revolucionaria en el contexto político y social del Estado español. Ya desde hace cinco o seis años hemos venido cambiando nuestra posición en relación a la cuestión de las alianzas y el reagrupamiento. Concretamente, nos hemos acercado cada vez más a la perspectiva de un mayor entendimiento con lo que hoy es IA; un acercamiento que, desde nuestro punto de vista, tiene grandes posibilidades de convertirse, incluso, en una unidad orgánica.

Izquierda Anticapitalista

IA tiene sus origines en la LCR, sección española de la CI. La LCR fue fundada en 1971 y existió hasta 1991 cuando se unificó con el Movimiento Comunista (MC). La organización unificada duró unos dos años antes de desintegrarse a base de sus desacuerdos ideológicos y la desconfianza mutua. La excepción fue Euskal Herria, donde aun existe Zutik; aunque IA tiene su propio grupo.

Una minoría de los exmilitantes de la LCR seguían como simpatizantes de la CI dentro IU y organizaron a su alrededor Espacio Alternativo (EA), que funcionó hasta 2008 como una tendencia dentro de IU. EA defendía dentro de IU una orientación más centrada en los movimientos sociales, menos institucional, más plural y más combativa. Llegaron a tener alrededor del 10% de los delegados en algunas de las asambleas federales de IU.

IA se fundó en 2008 después de que Espacio Alternativo y sus organizaciones afines (Revolta Global, Espacio Revolucionario Andaluz, etc.) rompieran definitivamente con IU. Esto nos pareció un paso muy positivo, algo que reconocimos públicamente, y en los últimos meses ha demostrado ser cierto. La verdad es que hace unos años no pudimos haber imaginado que los compañer@s de EA/IA fueran capaces de dar este paso después de tantos años más o menos integrados en IU, con una militancia bastante mayor y, además, logrando obtener en esta salida un cierto éxito al establecer unas bases modestas para la reconstrucción de la izquierda revolucionaria en el Estado español. Nos alegra habernos equivocado.

La intervención de IA en las elecciones europeas –a pesar de un voto bastante decepcionante– mostró, aunque sea modestamente, las posibilidades de atraer gente a una alternativa anticapitalista no sectaria. Cientos de personas entraron en contacto con la organización por primera vez, con docenas de nuevos afiliados y grupos de apoyo.

IA tiene un núcleo de cuadros experimentados nada desdeñable y una implantación encaminada a ser realmente estatal. Además el legado de la LCR es algo muy tangible, como es su identificación con el NPA francés. La realidad es que, hoy en día, de entrada, parece que IA tiene unas posiciones políticas muy cercanas a las nuestras y ocupamos un espacio similar.

Lo que nos une con IA

Compartimos una trayectoria histórica de lucha contra el estalinismo y en defensa de los principios del marxismo revolucionario (el trotskismo heterodoxo y el comunismo disidente); la imposibilidad de acabar con el capitalismo por las instituciones del propio sistema; el socialismo basado en la democracia directa desde la base y el internacionalismo. Por eso, ambas organizaciones nos identificamos con las mejores experiencias históricas del movimiento revolucionario en el Estado español: concretamente el POUM en los años 30 y la LCR y otras organizaciones en los años 70.

Hoy en día, aunque seguimos insistiendo en la centralidad de la clase trabajadora en la lucha para la liberación humana, reconocemos que hay una nueva configuración de la clase trabajadora lejos de la visón clásica de una clase obrera masculina e industrial; una clase trabajadora que es joven, también femenina y diversa; que incluye los nuevos sectores como servicios, l@s precari@s, etc. La lucha contra todo tipo de opresión –por la liberación de las mujeres, la libertad sexual, el fin del racismo– se enlaza con la lucha de clases y por el socialismo.

Al mismo tiempo, reconocemos la existencia de una izquierda social relativamente extensa que no se identifica con buena parte de la izquierda institucional existente y ve tanto la necesidad como la posibilidad de agrupar, al menos, a parte de esta izquierda en una nueva formación sociopolítica. Esta izquierda social se ha configurado en el contexto del nuevo movimiento altermundista a nivel internacional desde los acontecimientos de Seattle en 1999. Tanto la CI como la IST han insistido en la centralidad de este ‘movimiento de movimientos’, que en su diversidad y pluralidad ha reflejado mejor –sea por los foros sociales o por las iniciativas múltiples a nivel más local– el nacimiento de un nuevo espacio para la izquierda anticapitalista. A raíz de esta convergencia, las relaciones entre la IST y la CI se han profundizado –y mejorado– en los últimos años: en Francia e Italia participamos en sus organizaciones y en Grecia hemos formado una coalición electoral con ellos.

De ahí llegamos, tanto IA como En Lucha/En lluita, a un análisis de la necesidad de la construcción de una nueva izquierda. IU ni puede llenar el vacío existente ni puede ofrecer una alternativa a las capas sociales que buscan una alternativa anticapitalista. En consecuencia, tal alternativa se puede y se debe construir fuera de la izquierda organizada existente.

Compartimos también la necesidad de reconstruir el movimiento sindical. Sin descartar la intervención en los sindicatos mayoritarios. La realidad del movimiento sindical en el Estado español significa una intervención flexible en diversas formas de organización sindical, pero siempre con el énfasis en la democracia y la participación de los trabajadores en los lugares de trabajo por medio de las asambleas.

Ambos reconocemos, asimismo, la centralidad de la cuestión nacional en el proceso político-revolucionario en el Estado español, y por eso defendemos a ultranza el derecho a la autodeterminación de las nacionalidades oprimidas, su derecho a la independencia y rechazamos cualquier defensa de la unidad del Estado o la constitución de 1978. Tanto IA como EL tenemos una visión matizada de la llamada “lucha armada”. En el caso del Estado español hacemos una crítica sin ambages de la estrategia militar de ETA, sin dejar de reconocer que el conflicto en Euskal Herria tiene raíces políticas y urge una solución política que pasa por el derecho a la autodeterminación, el fin de la represión, la amnistía y una tregua indefinida.

Divergencias superables

Obviamente, hay bastantes diferencias si queremos mirar con lupa. Debemos reflexionar, no obstante, si éstas son o no un impedimento para el reagrupamiento.

Por ejemplo, nuestro análisis de los llamados “países comunistas” como sistemas de Capitalismo de Estado fue el centro de las divergencias originales que llevaron a los fundadores de nuestra corriente a romper con el trotskismo ortodoxo ya hace casi 60 años. Sin embargo, con el colapso de la URSS y el bloque del Este y la implantación del capitalismo más salvaje en China, este debate, si no está superado del todo, tiene, al menos, una relevancia mucho menor que hace veinte años. También existen diferencias sobre los orígenes de la opresión de las mujeres y su relación con la lucha de clases. No obstante, a nivel político compartimos en gran medida la orientación de IA en la lucha por la liberación de las mujeres y por eso las concepciones teóricas sobre el origen de esta represión no deben ser un obstáculo para desarrollar un trabajo común. Para nosotros el lema ‘No habrá liberación de las mujeres sin socialismo, y no habrá socialismo sin la liberación de las mujeres’ es mucho más que un eslogan; es el resumen de un programa político.

También hay un problema potencial en relación a la diferente ‘cultura política’ de las dos organizaciones –término que no es fácil de definir y seguro que hay matices para todos los gustos. Básicamente, sería nuestra ‘manera de hacer las cosas’. Detrás de esto hay una concepción determinada de cómo se construye un partido revolucionario y qué es y cómo funciona el centralismo democrático. De entrada, creemos que nuestra reorientación desde 2007 ayuda a superar en parte las diferencias de IA hacia nuestra ‘cultura política’ –cuestiones desde cómo nos organizamos, el papel de las publicaciones y su venta, la política de afiliación, etc. A un nivel más profundo, aunque no negamos que estas diferencias existen, pensamos que son superables con discusión y clarificación de malos entendidos. De todas maneras estamos convencidos de que hay más cosas que nos unen que las que nos dividen. Además, durante los últimos cinco años trabajamos codo con codo con gente de EA/IA/RG en bastantes movimientos y espacios.

Lo que proponemos

Dado que desde nuestro punto de vista hay una convergencia entre las dos organizaciones, pensamos que algún tipo de unificación sería un gran paso adelante, no solamente para la izquierda revolucionaria sino para la construcción de una izquierda anticapitalista más amplia. Parece claro, además, que bastantes compañer@s y simpatizantes de IA tienen un punto de vista muy cercano al nuestro sobre qué tipo de organización hay que construir. Por ejemplo, mirando su página web durante la campaña para las elecciones europeas podían verse unas referencias casi uniformes en artículos y entrevistas sobre IA como el primer paso hacia una unidad anticapitalistas más amplia.

Por eso, y por todo lo que hemos mencionado arriba, pensamos que sería un paso tan necesario como realista plantear con l@s compañero/as de IA la unidad orgánica, y no solamente un acercamiento. No hace falta decir que la propuesta que hacemos aquí no es, ni mucho menos, definitiva y que estamos abiert@s a cualquier contrapropuesta y proceso de negociación que nos pudieran plantear l@s compañero/as de IA.

Creemos que es posible hablar de la creación de un ‘pequeño NPA’. Con esto queremos decir una organización revolucionaria algo más amplia que IA, en la cual nuestra entrada ayude a explorar la posibilidad de integrar a algún colectivo más y a más gente no organizada. Obviamente, la forma que tome tal procedimiento dependerá no de nosotr@s, y en el caso de que l@s compañero/as de IA acepten esta propuesta –o acepten hablar de ello–, dependerá de una negociación entre ambas organizaciones.
No en balde hablamos de ‘integración’ y no ‘fusión’ –así reconocemos que no será la unificación de dos partes iguales. Al aceptar la integración aceptamos que formaremos parte de IA y aceptaremos el programa que decidida democráticamente su afiliación.

Nuestro futuro como organización

El punto más peliagudo de todo este proceso –si llega a concretarse– es cómo nos organizaremos como simpatizantes de la IST dentro de una organización unificada. Por supuesto, esto no depende solamente de nosotr@s. Aunque esta es una cuestión hipotética, es necesario que tengamos presente cómo imaginamos nuestra continuación como una corriente en el interior de IA.

Creemos que en una organización más amplia donde coincidan diferentes corrientes y sensibilidades existirán tendencias organizadas. Nuestra intención es formar una tendencia; pero hay que insistir de entrada que será una tendencia abierta y constructiva.

‘Abierta’ porque no nos interesa una facción que funcione a espaldas de l@s demás militantes de la organización. Como en el caso del NPA, las reuniones de las tendencias deberían ser abiertas a cualquier afiliad@, sea o no simpatizante de la tendencia convocante y, si es posible, se realizarían en el local de la organización. Esto nos parece imprescindible para evitar cualquier sospecha sobre las intenciones de cualquier tendencia organizada.

‘Constructiva’ porque nuestra intención no es hacer ‘entrismo’, conseguir nuevos afiliad@s y marcharnos. Queremos ayudar a construir una organización unificada. En los momentos de plantear diferencias hay que ser muy sensibles con las necesidades de la organización unificada en su conjunto.

Al mismo tiempo, plantearemos el derecho a tener algún tipo de boletín de uso interno donde podríamos plantear temas de interés o de debate; pero siempre dentro del contexto de una actitud constructiva.

Respecto a la IST, por supuesto, al integrarnos en IA no nos opondremos a la relación que ya existe e imaginamos que seguirá existiendo entre IA y la CI. No obstante, nuestra intención es seguir como simpatizantes de la IST y participar como tales en las reuniones de la corriente como hacen l@s compañer@s frances@s e italian@s. Creemos que, además de tener una tendencia abierta, podría ser conveniente invitar a IA como observadora a las reuniones de la IST.

En lucha/En lluita, 7 y 8 de noviembre 2009


SOBRE LA UNIDAD EN LA IZQUIERDA. Apuntes para un debate

puno_en_altoEl debate sobre la unidad en la izquierda a veces se ha planteado en una lógica que enfrenta por un lado la situación real frente a una situación idílica que jamás ha ocurrido en la historia. Se presupone un ejército de Pancho Villa que sería deseable que caminara hacia la consolidación de un Ejército Rojo, fuerte y estructurado, como si las estructuras de la izquierda fueran ajenas a los procesos sociales. Ni siquiera en el momento en que por primera vez en la historia se consolidaba la primera gran victoria de la clase trabajadora que daba lugar al primer estado obrero del mundo, se dio tal unidad en la izquierda. Leyendo las primeras páginas de “Diez días que estremecieron el mundo” uno se percata inmediatamente de que la pluralidad respecto al número organizaciones obreras (independientemente de su influencia) era un claro síntoma del vigor y potencialidad de la clase trabajadora en vísperas de la revolución rusa. La unidad, por tanto, ha de clarificarse y contextualizarse. No existe unidad en el vacío o en el mundo de las ideas platónicas.

En primer lugar, en el contexto histórico actual es necesario delimitar el espacio de una hipotética unidad de la izquierda. Hablando de forma un poco más grosera en los términos, la izquierda, en tanto y en cuanto ha afrontado la contradicción que plantea la defensa de los intereses de la mayoría social viviendo en un sistema cuya lógica es la acumulación de capital de manos de una minoría social, presenta un panorama de división mucho mayor que las fuerzas políticas de la derecha. Tras la ofensiva neoliberal, la división es mayor si cabe. El viejo debate entre Reforma vs. Revolución vuelve con nuevos colores y nuevas contradicciones, planteando que la primera gran división dentro de la izquierda se da en cuestiones clave que tienen que ver con aceptar o no la gestión del sistema para unos o su co-gestión con el social liberalismo para otros. Vemos por tanto, que la unidad en la izquierda no es un concepto vacío sino que es algo lleno de contenido político, el mismo que delimita hoy día los proyectos del Partido Socialista Obrero Español  y de Izquierda Unida respecto del resto de fuerzas que se sitúan a la izquierda de los mismos.

En segundo lugar, hay que hablar de a qué nos referimos con aquello de unidad. ¿Un único partido? ¿Luchas unitarias? ¿Candidatura electoral única? De nuevo, el debate no se puede plantear como una cuestión de principios, porque el contexto pesa más que las ideas. La izquierda política no es un quiste aislado del entorno, sino que nace, vive y muere en él. ¿Cómo generar unidad ante un panorama de derrota general de la clase trabajadora? ¿A qué unidad podemos aludir cuando no se generan los necesarios marcos unitarios por la base entre las distintas fuerzas de la izquierda transformadora? ¿A qué victoria hacemos referencia como efecto fundador de un nuevo proceso constituyente? El nuevo sujeto político en Francia (NPA) no fue un decreto de su predecesor, la LCR. El proceso de construcción del NPA sólo puede entenderse desde las dinámicas de lucha originadas en los comités del NO a la Constitución Europea, que lograron una batalla unitaria seguida de la primera gran victoria de lo que podríamos llamar como la izquierda anti-neoliberal. La dinámica de lucha de las clases populares  generada desde entonces, con contundentes victorias como la del CPE, hace que el contexto sociopolítico al otro lado de los Pirineos no tenga nada que ver con el que aquí vivimos. Después llegó el tema de la delimitación en los términos en los que he mencionada más arriba. Por lo tanto, no cabe decretar desde arriba la unidad de la izquierda transformadora -véase el caso de las tres candidaturas de la izquierda revolucionaria en el estado español (IA, II y PCPE) a las elecciones europeas, amén de otras gentes- si antes no se han generado procesos de lucha amplios qua hayan sido capaces, no sólo de limar las asperezas en el día a día y dotarnos de un programa mínimo común, sino de reforzar la propia confianza entre las clases populares con una victoria que golpee de lleno en la psique de las y los de abajo.

Por lo tanto, la unidad de la izquierda no es un valor en sí, sino más bien algo que tiene un fuerte contenido político que hay que delimitar. No sólo hay un debate que señala el punto caliente del contenido (la cogestión del sistema), sino también del continente (partido, unidad en la lucha, candidatura, etc). Ambas cuestiones son inseparables del contexto sociopolítico. En cierta medida, evitando consideraciones deterministas, la fragmentación de la izquierda transformadora y, lo que es más, su escasa capacidad de intervención en la política general no son sino reflejo del estado de fragmentación y derrota general de la clase trabajadora, en tanto y en cuanto las organizaciones obreras son expresiones de ésta.

Somos muchos los y las que apostamos por la unidad de la izquierda radical en las luchas, pero a falta de dinámicas más amplias y victorias concretas, ésta unidad tiene los claros límites que refleja la correlación actual de fuerzas entre capital y trabajo. En nuestras manos está subvertir esta situación, cambiar la correlación de fuerzas y situarnos en un panorama más favorable en el que uno más uno no sea igual a cero.

¡YA VA SIENDO HORA! Consideraciones para todos y para algunos.

3505205878_a1c4f77b58Nos dijeron que no era posible. Nos dijeron que para qué. Que el comunismo ya había fracasado con la caída del telón de acero. Que lo que tocaba era gestionar el sistema, pero gestionarlo bien. Que el estado no era la solución sino el problema. Que llegaba el momento de los tecnócratas, los buenos gestores, los que no tenían intereses ocultos porque su único fin era hacer las cosas y hacerlas bien. El pensamiento único se insertó cual chip en las cabezas de muchas gentes. Los que apostábamos por otro modelo, por otra sociedad en contraposición a ésta, éramos unos aventureros y que los experimentos mejor con gaseosa.

Así, paradójicamente, se nos negó la posibilidad de ser protagonistas de nuestras vidas al relegarnos al cautiverio de nuestros propios intereses individuales.  En nombre del Bien, el único posible, las reformas fueron envueltas por un supuesto posibilismo que realmente daba año tras año un giro de tuerca más a la enajenación de nuestro propio tiempo. El escuálido estado social se fragmentó y se nos hizo creer que lo mejor para el bien común era regalarlo a los intereses privados: los sectores más productivos de la economía estatal se privatizaron, los servicios de gestión se medio privatizaron y los sectores menos productivos están en proceso de mercantilización. También, en nombre del bien común se mermaron los derechos y las garantías laborales y sindicales, so pretexto de huir de la crisis económica de principio de los 90: la precariedad laboral y la pérdida de salario han sido los productos de las sucesivas reformas que tanto PSOE como PP han implementado en las últimas dos décadas. La victoria de Aznar en el 96 fue el acelerador definitivo para el vehículo que el propio González ya había puesto rumbo a la nada para algunos (los más) y al todo para otros (los menos). Las medidas neoliberales tenían por propósito sacarnos de la crisis y alejarnos de la misma. Esas medidas que hoy están en el corazón mismo de la actual crisis económica y hacen que ésta sea hoy más cruda para la clase trabajadora.

Mientras tanto, el comunismo ha fracasado y los experimentos con gaseosa. Y estos son los principales argumentos que hoy extienden los representantes del capital para perpetuarse en su sillón. Aunque para un servidor la caída del telón de acero lo que supuso no fue el fracaso de un comunismo que jamás existió, sino el fracaso del proyecto político de una burocracia soviética nacida de las entrañas del estalinismo, de lo que no cabe ninguna duda es de la pretensión por parte de los señores del capital de que miremos hacia otro lugar. Porque realmente con más de cuatro millones de parados y paradas, con cerca de un millón de hogares sin retribución salarial o prestación alguna, con más de 150.000 viviendas confiscadas por entidades bancarias por impago de la hipoteca en los dos últimos años y con un salario real que lleva perdiendo poder adquisitivo desde 1995, ¿podemos concluir en que el sistema capitalista ha triunfado? Un sistema que nos condena a periodos de crisis económica que siempre pagamos los mismos con nuestro sudor y sufrimiento ¿no ha fracasado ya el capitalismo? ¿Qué fue el crack del 29 y la segunda guerra mundial, la crisis del petróleo en los 70´, la crisis de principio de los 90, la crisis actual? ¿Cuántas veces ha de fracasar este sistema para que las clases populares admitamos su fracaso y nos dispongamos para su entierro? Crisis tras crisis no vale de nada repetir que Marx tenía razón, que la tenía, si eso no va acompañado de un reforzamiento de la confianza de la propia clase trabajadora que la haga salir de ese cerco que el neoliberalismo ha levantado alrededor de los individuos que la componen.

Habremos de decir que los experimentos los hacen ellos. Que llevan décadas experimentando cómo  extraer más plusvalía de nuestro trabajo y así nos va. Mientras estamos totalmente sumergidos en agua, parece que aún hay quien se pregunta si realmente estamos mojados. Pues ha llegado el momento de decir que no queremos tecnócratas de la explotación, que no queremos el pensamiento único del capital, que todos los argumentos que nos dieron para sumergirnos en la pesadilla neoliberal han caído uno por uno. Que no estamos mejor, ni hemos huido de la posibilidad de una crisis, sino que más bien estamos peor y ante una crisis semejante en envergadura a la de los años 30´. ¿Cuántas razones necesitamos para creer en nosotras y nosotros mismos?

DSC_4994-600x298El fin de semana pasado asistimos al mitin de Izquierda Anticapitalista en Madrid. Lo que presencié fue la escenificación de que el proyecto que comenzó hace tiempo va calando y de que las metas que nos fijamos van consolidándose paso a paso. El desfile de personas que pasaron por la tarima y su discurso, confirmaba que finalmente estamos en el corazón de muchas de las luchas que hoy día se dan en el contexto de lucha de clases en el estado español. Que el entrelazado entre izquierda social, política y sindical se va dando con una naturalidad tal que hace que el parto de un proyecto político como Izquierda Anticapitalista sea lento, pero sea. Cuando a pesar de las limitaciones, las dificultades y las diferencias, uno presencia tal cosa, no es difícil concluir en que hoy ya hemos comenzado a cumplir muchos de los objetivos más ambiciosos que nos habíamos marcado y de que sin lugar a dudas, la decisión de ir a las europeas ha generado los marcos de debate dentro de la izquierda que preveíamos y que nos dan unas buenas mimbres para construir esa herramienta que pueda intervenir de manera decisiva en la lucha de clases a favor de la clase obrera.  Este fin de semana he sentido que la crítica radical al capitalismo, no sólo se extendía en los sectores más combativos de la clase, que a día de hoy se encuentran en las barricadas contras los EREs, las privatizaciones, etc. sino que además se daba la conexión de parte de esa izquierda social y sindical con un programa político revolucionario.

Por supuesto, aún no hemos popularizado el discurso anticapitalista, cosa que habremos de hacer junto con otras gentes y corrientes que a día de hoy siguen en las barricadas, pero la necesaria cohesión entre los sectores combativos de las y los de abajo se va dando, las confianzas necesarias para golpear conjuntamente al capitalismo van surgiendo y en muchos de nosotros la seguridad para plantarle cara al capital y a su violencia se va haciendo tanto más grande conforme el sistema lo único que sea capaz de ofrecer sea explotación y desesperanza. Tenemos ganas y razones suficientes, ya va siendo el momento de salir del ghetto en que la izquierda revolucionaria ha estado encerrada en estas últimas décadas. Ya va siendo hora de tener la suficiente confianza en nosotros mismos, en tanto que clase, como para creernos capaces de generar una alternativa a este sistema de mierda. No tenemos nada que perder, sino más bien todo un mundo por ganar.

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TROTSKY Y LA VIOLENCIA INDIVIDUAL

trotskiA raiz de determinados artículos de opinión que han aparecido en los últimos meses criticando a determinadas opciones de la izquierda transformadora de no ser izquierda transformadora por no ejercer lo que algunos denominan como “violencia revolucionaria” cuando se refieren al terrorismo individual, he creído conveniente desempolvar un texto de León Trotski titulado “La posición marxista acerca del terrorismo individual” publicado en 1911. Concretamente el texto que cuelgo fue  re editado hace ya algunos años por la revista Laberinto.

A pesar de que entiendo que quien plantea tal trampa argumental, que se puede resumir en: “si no estáis en la cárcel, no sóis comunistas”, no posee hoy la capacidad de polarizar el debate en estos términos dentro de la enclenque izquierda transformadora, de la que Izquierda Anticapitalista se siente parte, he creído conveniente recuperar este texto por una razón muy sencilla: pensar de una manera política en el tema del terrorismo individual, en lugar de hacerlo desde el moralismo que nos llega desde otros intereses. Más que para ellos, lo hago para nosotros mismos.

La grandeza de los escritos políticos no está en el cómo fueron redactados, sino en cómo el análisis que va de lo general a lo concreto es capaz de abarcar el corazón de un problema de manera tal, que el propio escrito, salvo por el lésico coyuntural, permance cuasi-vigente mientras permanecen las contradicciones que le dieron vida. Este es el caso del presente texto. Pepe Gutiérrez dijo una vez que  a los grandes hay que releerlos constantemente, porque sus escritos cambian conforme cambia la realidad. El estado español del 2009 no es la Austria de 1911, sin embargo el texto es perfectamente comprensible desde una óptica marxista aquí y ahora, aunque el autor y nosotros tengamos coordenadas y conclusiones diferentes.

LA POSICIÓN MARXISTA ACERCA DEL TERRORISMO INDIVIDUAL

DEL TAJO A LA TUMBA

presentacion1Lo que en su momento supuso una conquista social sin precedentes está a punto de desaparecer como tantos otros derechos. La actual crisis económica pone las bases para que el aumento voluntario de la edad de jubilación deje de tener el atributo de “voluntario”. Una vez más, los y las trabajadoras somos culpables de esta crisis. Lo ha dicho el presidente del Banco de España: el superávit de la seguridad social está en peligro, lo que a su vez pone en peligro el sistema de pensiones. Las medidas sugeridas han sido el aumento de la edad de jubilación y la reducción de las prestaciones por jubilación contabilizando para ello toda la vida laboral en lugar de los últimos años. Esta mañana el líder socialisto José Blando ha dicho que una persona de 65 años está perfectamente capacitada para seguir trabajando, dando credibilidad así a las propuestas de Ordóñez.

En plena época de expansión económica se vio necesario aumentar la edad de jubilación de forma voluntaria a los 65 años, aludiendo que era una reforma necesaria para asegurar el sistema de pensiones de la seguridad social. El primer año de crisis estamos de vuelta con los mismos argumentos, aludiendo exactamente lo mismo. El ambiente cambia, las recetas permanecen: profundizar en la contrarreforma neoliberal que haga remontar la tasa de ganancia de las clases dominantes. Diez años de crecimiento económico sin precedentes en el caso del Estado Español no pueden soportar el primer año de crisis. El problema tanto hoy como ayer sigue siendo el mismo. No es el volumen de las prestaciones de los trabajadores y las trabajadoras ni la carga de los cada vez más mermados servicios públicos. Lo que pone en peligro el sistema de pensiones se llama capitalismo: la avidez de las clases dominantes por quedarse con trozos cada vez más grandes del pastel como receta tanto en tiempos de crecimiento como de crisis. Una receta mágica, fundamentalmente en estos tiempos de globalización neoliberal. Una huida hacia adelante de esa ola histórica que ha perseguido al capitalismo desde su origen: la tendencia a la reducción de la tasa de beneficio.

Al detalle, los culpables no son ni Manolo, el vecino del quinto; ni María, la dependienta de la tienda de la esquina. Los de abajo no hemos puesto en peligro absolutamente nada, sólo hemos vivido de la única forma que nos han permitido vivir. Las reformas laborales que se han sucedido desde los años 80 han tenido una significación importante en las cotizaciones a la seguridad social. Entre ellas hay que señalar que las más hostiles para la clase trabajadora han sido aprobadas por gobiernos socialistas, que han sido utilizados por las clases dominantes como bisagras que abrían las puertas a las bestias de las precariedad laboral y la contratación basura, bestias que la derecha ha sabido perfeccionar en las reformas y acuerdos comprendidos entre 1996 y 1997, principalmente. La derecha y la socialdemocracia han sido dos grandes compañeros en este viaje al sueño neoliberal. Así, las reformas del 92 y del 94 del gobierno González actualizaron la reforma frustrada del 89 y moldearon lo que hoy se conoce como contratación basura, subcontratación laboral y trabajo precario. Formas contractuales, en definitiva, que por sus características especiales poseen una cotización reducida. Por otro lado, la reforma del gobierno Zapatero del 2005 perfeccionó esta situación, ampliando el contrato indefinido de fomento de empleo, que posee una menor cotización a pagar por el patrón. Es decir, en plena época de crecimiento económico, lo que los socialistas plantearon es que el capitalista debía reducir su contribución patronal (que es también salario) al erario público. Ahora, en época de crisis (conste que aún no hemos entrado en recesión) lo que se plantea es que para compensar todos los regalos que en materia laboral se han hecho a las clases dominantes durante los últimos 20 años, el trabajador debe cobrar una pensión más baja y trabajar durante más años. Durante el periodo de bonanza, la hucha de las pensiones no creció todo lo que pudo crecer por las sucesivas reformas que reducían el montante total de los salarios. Ahora resulta que ante una desaceleración económica, son los y las pensionistas los culpables de poner en riesgo el sistema de pensiones y la clase trabajadora quien ha de pagar la factura del capital. Lo dicen los que saben de números: para este sistema la persona que no está produciendo no es persona.

En EE.UU. el aumento voluntario de la edad de jubilación se convierte en obligatorio debido a la inexistencia de seguridad social, lo que obliga a gran parte de la clase trabajadora a trabajar de forma “voluntaria” hasta su muerte para poder tener seguro médico. La contratación de estas personas, a su vez tiene beneficios fiscales para el patrón, por lo que es común que en las grandes superficies como Wall Mart, una parte importante de la plantilla sean trabajadores y trabajadoras de más de 60 años. Es este un ejemplo de cómo se combinan las contrarreformas laborales con el desmantelamiento de los servicios públicos para hacer de toda la vida del trabajador o trabajadora tiempo en el que poder extraer beneficio para la clase burguesa. Puedes elegir entre postergar tu jubilación o morirte de un resfriado. Difícil elección.

La desestructuración del movimiento obrero en el estado español ha permitido que podamos colgarnos la medalla de ser el único país de la OCDE en el que los salarios reales han disminuido durante la última época de expansión económica. El deterioro de los servicios públicos se hace patente en todo el estado y fundamentalmente en la comunidad de Madrid. Las clases dominantes aprovecharán la crisis para volver a ganarle terreno al trabajo, ya sea mercantilizando los servicios públicos, aumentando la vida laboral, disminuyendo las pensiones o reduciendo el salario (como ha ocurrido en la SEAT de Martorell). Los y las de abajo tendremos que comenzar a decir no, a irrumpir en la vida política y concretar nuestras propuestas. Nosotros y nosotras también sabemos de esfuerzo porque somos quienes ponemos en marcha este sistema de lunes a domingo. Nosotros y nosotras también sabemos de economía porque somos quienes llegamos a fin de mes con las migajas del capital. Nos corresponde a las y los de abajo decidir sobre nuestras vidas. Este primero de mayo se presenta como una oportunidad en la que poder remontar el bache en el que está sumido el movimiento obrero. Es hora de plantearse el horizonte de una huelga general y no permitir que esta crisis se utilice como la enésima escusa para actualizar el programa neoliberal contra los servicios públicos y los salarios. Sin dirigismos, pero sin sectarismos.

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