EL EJÉRCITO DE RESERVA

Sobre la comprensión del paro, según las tesis marxistas

Para la escuela marxista ningún fenómeno social histórico puede comprenderse fuera del contexto de la lucha de clases. Esta es, pues, y dado el carácter dialéctico del marxismo, el motor de la historia. En este sentido el marxismo otorga una herramienta holística de comprensión de la realidad social en contraposición con el reduccionismo (neo) liberal. La sociedad es algo más que la suma de los individuos. Estos individuos forman parte de clases cuya relación explica gran parte de la realidad social. El fenómeno del paro para la escuela marxista no es sino un instrumento más de dominación para quienes tienen derecho de vida o muerte sobre los trabajadores: la burguesía.

Marx explicaba que la cosificación del trabajo era una constante dentro del sistema capitalista. Esto es: la fuerza de trabajo es una mercancía más, con una particularidad: ser la única mercancía cuyo uso inserta valor en otras mercancías. Por ejemplo: el trabajo del cantero (trabajador en la cantera), el serrador y el empaquetador han convertido al filón de mármol escondido en el subsuelo en losas con valor en el sector de la construcción. Entendiendo que el salario es el precio de alquiler de la fuerza de trabajo: ¿qué mecanismos posee el capitalista para reducirlo y aumentar así su cota de beneficios? El mecanismo clásico para cualquier mercancía: aumentar su oferta. Así, los y las paradas son el ejército de reserva de la mano de obra. Aumentando la oferta de tan distinguida mercancía, es decir, de mano de obra, conseguimos degradar salarios y condiciones laborales. Es por ello que la clase capitalista necesita de la existencia de parados y paradas. Es por ello que la clase capitalista demanda la degradación o eliminación de los subsidios por desempleo, pues al empobrecer más al parado, éste estará más predispuesto a aceptar peores condiciones laborales. Para el capitalista el subsidio por desempleo es una distorsión del mecanismo que media entre aumento del ejército de reserva y depresión del salario.

Verifiquemos si nuestra tesis es válida para comprender los procesos sociales. A partir de finales de la década de los años 70, cuando comienzan a desarrollarse y aplicarse todas las medidas que darán lugar a la era neoliberal, se acuña un término para designar un fenómeno que comenzará a hacerse habitual en los países del centro de la economía: paro estructural. Hasta ese momento la existencia de paro era considerada como un fracaso de la sociedad, pero necesariamente está operando un cambio de mentalidad en el que se acepta con normalidad cierto número de trabajadores en paro. Mientras las privatizaciones y las deslocalizaciones aumentaban el ejército de reserva, la existencia de éste era necesaria para las posteriores reformas laborales en las que se degradaban condiciones laborales y se reducían los salarios, fundamentalmente de los trabajadores más jóvenes. Así son las sinergias entre las distintas patas del programa neoliberal en estos países. Los ejemplos más claros en nuestra historia reciente los tenemos en el hecho de que las reformas laborales más regresivas han sido impuestas en momentos de crisis que venían acompañados con tasas de paro elevadas: 1994 (Felipe González), 2010 (Zapatero) y 2012 (Rajoy). En la crisis actual, con más de 5 millones y medio de parados, los salarios nominales han caído tanto en el sector público como en el privado. Paradójicamente las reformas laborales no sólo no sirven para crear empleo, sino que además éstas afianzan la existencia del ejército de reserva que las parió al extender la flexibilidad laboral a los horarios, la movilidad, las vacaciones, etc. De hecho, tras la agresiva reforma laboral de los populares, éste ha sido el primer año en el que el repunte del turismo en el mes de julio no se ha traducido en un aumento similar de las contrataciones en el sector, haciendo que por primera vez en mucho tiempo el balance general durante dicho mes sea a favor de la destrucción de empleo. El reclutamiento en el ejército de reserva favorece el aumento de la explotación laboral.

Las tesis marxistas ponen sobre la mesa que las relaciones existentes entre reformas laborales y tasa de paro no son sino una de las formas en las que, de nuevo, se expresan las relaciones antagónicas entre clases sociales. Y esto es necesario comprenderlo desde una perspectiva de clase. De modo que cuando albergamos y reproducimos tópicos sobre la naturaleza ociosa de aquellos que cobran ayudas por desempleo o el PER en el campo, debemos como mínimo preguntarnos: de dónde y en interés de quién nace dicha idea. Encontraremos que replicando tales discursos, estamos actuando en contra de los intereses de la clase a la pertenecemos. Por tal motivo es importante comprender cómo se explica el paro desde las distintas tesis socio-económicas.

“¡QUE SE JODAN!”

Sobre la comprensión del paro, según las tesis neoliberales

La economía es una ciencia social. Como ciencia es una herramienta para comprender la realidad. Y tal como también ocurre, aunque en menor grado, en las ciencias naturales, las ciencias sociales poseen diversos marcos teóricos desde los que poder abordar los procesos. Dichos marcos teóricos en ocasiones son antagónicos los unos con los otros. Las tesis del neoliberalismo son hoy día hegemónicas en la Economía europea y mundial. Por tal motivo, es necesario saber cómo se interpreta la realidad social desde el neoliberalismo económico, puesto que el fatalismo en el que vivimos hace que estamos atados a sus designios.

El neoliberalismo parte de la idea de que todo individuo es libre, por lo que la comprensión del paro como fenómeno social se inicia desde esta lógica. Así, una persona opta libremente por trabajar o no trabajar; una mera decisión individual. Dicho de otra manera, y como bien le gusta ilustrar a un amigo mío, una persona se levanta por la mañana y mientras desayuna decide si ese día va o no va al trabajo. Al día siguiente se plantea el mismo dilema. Para los neoliberales, en poco más de dos años más de tres millones de trabajadores y trabajadoras han decidido no ir a trabajar. Es por ello por lo que el presidente del gobierno anuncia los recortes en las prestaciones por desempleo con la siguiente frase: “… se va a proceder a una revisión de las prestaciones por desempleo, garantizando que éstas no generen efectos desincentivadores en la búsqueda de empleo…” (la cursiva es mía). La ecuación es bien fácil: si estar en paro es una cuestión voluntaria, reducir las ayudas al parado lo estimula para ir a trabajar en lugar de quedarse en casa. Los neoliberales asocian así la degradación o eliminación de las ayudas por desempleo con políticas de creación de empleo, puesto que estar trabajando o en paro es una cuestión de puro voluntarismo, ya que parte de la libre elección del individuo.

Si la explicación neoliberal del paro fuese cierta, bastaría con eliminar totalmente las prestaciones por desempleo para acabar con el monstruoso número de parados y paradas, puesto que no se trata nada más que de un batallón de vagos, luego si les quitan parte de la ayuda, “que se jodan”.  Mientras que el resto de marcos teóricos en cualquier ciencia requieren de refutación o aceptación, como vemos el neoliberalismo parece estar a salvo del contraste con la realidad. Es por tanto incapaz de explicar la existencia de ese 1,7 millones de familias en las que ningún miembro tiene ya retribución salarial alguna o ese casi 40% de personas en paro que no reciben ya prestación alguna. ¿Cómo es posible que una persona se levante por la mañana y de entre la miseria y el trabajo elija la miseria? Los neoliberales son incapaces de explicar este fenómeno social sin recurrir al voluntarismo o la moralidad individual: no trabajan porque no quieren, porque no son capaces, porque son inadaptados sociales. Así, el neoliberalismo resucita en el terreno del paro el fantasma del darwinismo social: sólo sobrevivirán los más fuertes y adaptados.

Si un fenómeno colectivo cuyas cifras fluctúan en el tiempo histórico sólo es capaz de ser explicado por la suma de las decisiones individuales es porque nuestras tesis no poseen las herramientas teóricas para poder explicarlo. Porque: ¿cómo es que de repente tanta gente ha decidido no ir a trabajar? Y aún aceptando ese inconcebible escenario: habrá que explicar qué proceso social ha dado lugar a que tanta gente cambie su expectativa respecto al trabajo. El neoliberalismo es la encarnación del reduccionismo en las ciencias económicas, por eso no funciona. Por eso es incapaz de explicar los procesos sociales. Por eso Esperanza Aguirre nos pide fe, y no análisis crítico, en las medidas que toma el Gobierno, y como no, como cualquier religión que se precie, nos anuncia un Armagedón en forma de corralito en caso de no poder llevar a cabo sus designios.

Cuando al neoliberalismo le sobra la Ciencia: el contraste de hipótesis, la experimentación, el análisis de los resultados y la refutación de la teoría, podemos decir entonces que el neoliberalismo es Dios y sus discípulos y sacerdotes, los mismos que nos metieron en esta crisis, son quienes ahora pretenden sacarnos de ella. bienvenidos a la Edad Media en pleno siglo XXI.

El esperpento del “acuerdo global y equilibrado”

Construir entre todos y todas una orientación sindical que nos saque del abismo

Para bien o para mal tengo ya 31 abriles. Nací en el verano de 1979, dos años después de los Pactos de la Moncloa. Mi visión de dichos pactos ha variado con el paso del tiempo. En un principio me tragué sin mucho esfuerzo el mito de la transición modélica que se vende al por mayor al gran público del estado. De muy joven entré en contacto con organizaciones de la izquierda radical, las cuales, aunque cada una con sus distintos matices, coincidían en una juicio bastante diferente del oficial sobre dichos pactos. Finalmente entré en Espacio Revolucionario Andaluz, la organización andaluza de Espacio Alternativo, hoy Izquierda Anticapitalista, y mi forma de pensar sobre lo que fueron los pactos de la Moncloa cambió definitivamente, y aún diría más: sin posibilidad de retorno a la versión oficial. Tras muchos libros, artículos y debates, hoy deben poner mucha vaselina al mito de la transición para hacérmelo tragar.

Sin embargo, lo que parte de mi generación “recuerda” sobre los pactos de la Moncloa, lo hizo a través de la generación que sí vivió y sufrió tal derrota. Por lo tanto, nuestra percepción de los hechos está muy influenciada por las voces y las plumas de los “veteranos”, en mi caso, de la izquierda que hicieron oposición al proceso. Hay un viejo proverbio chino que dice: “dime algo y lo olvidaré, enséñame algo y lo recordaré, hazme partícipe de algo y entonces aprenderé”. Hemos leído mucho y nos hemos creído sabios, sin embargo, mi generación ha aprendido (y aprehendido) lo que fueron los pactos de la Moncloa con la terrible imagen con la que premeditadamente he querido acompañar este artículo. Un curso intensivo de cruda realidad.

De nuevo otro pacto en el que perdemos y perdonamos los de siempre. Pero es éste un pacto de una gravedad sórdida. En él no sólo se entrega a la clase trabajadora a las fauces del león, a la antesala de la privatización de las pensiones (sistema de capitalización vs sistema contributivo), sino que además, con Toxo y Méndez como dos de los mosqueteros del pacto, se tira a la basura el cartucho de la movilización y no sabemos por cuánto tiempo. Si la credibilidad de las centrales sindicales mayoritarias antes del 29 S ya estaba por los suelos, en parte por años y años de pasteleo con la administración y alejamiento de la realidad de los y las trabajadoras, lo cual fue un obstáculo para quienes construimos la huelga en septiembre, dicha credibilidad hoy ha llegado a las antípodas. Se han aceptado las tesis de la patronal, quien al principio de la crisis mantenía que la única salida era que la gente trabajadora (no ellos, claro) debíamos trabajar más para ganar menos. El Gobierno socialista (dicen) y las cúpulas de CCOO y UGT dan cuerpo a lo que hace unos años considerábamos una fanfarronada del depuesto y siniestro Díaz Ferrán.

Ayer, como afiliado a CC.OO. asistí a una asamblea esperpéntica en mi sindicato. La misma dirección provincial que hace apenas un par de semanas, descolocada ante el anuncio del pacto global por Toxo el 11 de enero, se posicionaba crítica con la propuesta de la dirección confederal y mantenía la postura de dar continuidad a la movilización con el horizonte de huelga general, esa misma dirección se sentaba ayer ante una veintena de afiliados del sector de enseñanza y nos vendía las bondades del pacto. Una metamorfosis tan rauda difícilmente será digerida por alguien como yo, quien no entiende siquiera que los vestidos de agitador y sacerdote puedan estar en un mismo armario. Para rematar la faena, el cuadro se cerraba con la líder del sector crítico bailando al compás del pensionazo.

Quizá con más rabia que sosiego, solicité que se me explicara a qué se debía un cambio de posición de tal calibre, qué había cambiado en el contexto en un par de semanas para dar un giro de 180º. La pregunta central quedó sin contestar. Los dos argumentos básicos giraron en torno a la defensa de la lógica del pacto y fueron: uno, el posibilismo y dos, frenar la propuesta agresiva del Gobierno. El posibilismo es muy curioso, es la pseudo-ciencia de la historia-ficción: no estábamos en condiciones de una huelga, hubiera sido peor el realizarla, … es como una ciencia hecha para darse la razón a sí misma, pues como jamás se presta el evento a arder en las ascuas de la realidad, jamás se puede probar la veracidad de la hipótesis del fracaso apriorístico. Sin embargo, lo cierto era que antes del anuncio del pacto por parte de Toxo, el ánimo en muchos de los cuadros medios y afiliados de base del sindicato era el de construir la huelga general en caso de agresión del Gobierno, tal y como se anunciaba desde la dirección confederal antes del giro sospechoso. Tal hecho se demuestra en la lluvia casi diaria de comunicados de sectores provinciales, regionales e incluso uniones provinciales del sindicato desde el día después de que se anunciara el acuerdo hasta hoy. Esto, sin tener en cuenta que el primer sondeo muestra un rechazo del acuerdo por parte del 76% de la población… un acuerdo firmado por la dirección de CC.OO. y U.G.T. El otro argumento siempre me ha llamado la atención: como la reforma del Gobierno era agresiva contra los intereses de los trabajadores, pues entre otras cosas pretendía la capitalización de las pensiones, y por tanto su privatización, hemos firmado este acuerdo que es menos malo. Tomen nota futuros Gobiernos: si lo que pretenden es que nos comamos una mierda, pongan un mierdón sobre la mesa.

La realidad, sin embargo, no es ni un argumento ni el otro. La realidad radica en una orientación sindical que ve como hecho anómalo el salirse fuera de los límites de la concertación social… patología propia del sindicalismo en el Estado Español, tal vez herencia directa de las lógicas nacidas de los pactos de la Moncloa. No es posible que gran parte de los cuadros medios del sindicato hace un par de semanas estuvieran predispuestos a realizar una huelga general y ahora se introduzcan cual enema las bondades del “importante acuerdo social”, si no es porque gran parte de estos cuadros medios se han curtido dentro de las lógicas de la paz social y de una manera muy particular de entender el centralismo democrático. No quiero con esto restar importancia a las luchas mantenidas por dichas personas o dejarlas en un segundo lugar, sino que pretendo señalar que incluso el hecho de que después de navidad no estuviéramos en las mejores condiciones para afrontar otra huelga general es consecuencia de una estrategia sindical que temblando en la arena de la confrontación, mira por vicio a los despachos donde a nuestras espaldas se negocian nuestras vidas. Pues incluso después del 29 S no ha habido una política sindical orientada a mantener la tensión en la calle ni a combatir la campaña mediática que sostenía la mentira demostrable de que la huelga general fue un fracaso, lo cual iba allanando cada vez más la oscura senda hacia el pensionazo bendecido por la paz social, que es la paz de los Botín, los Ferrán o los Florentino Pérez, pero no la nuestra.

No obstante, a día de hoy sigue habiendo contradicción dentro del sindicato. No nos podemos conformar con la imagen de Dartacán y los tres mosqueteros firmando el acuerdo que nos postra de rodillas, esta vez hincándolas hasta el subsuelo, a la mayoría de la sociedad ante el gran capital. Afortunadamente fuera del sindicato la indignación es grande. Existe pues un caldo de cultivo para, al menos, intentar articular una respuesta entre todas las personas que hoy nos oponemos al pacto. En este momento el sectarismo entre quienes estando en contra del acuerdo, estamos dispuestos a dar la batalla en los frentes que sean necesarios puede ser crucial… en lo negativo, claro. Sólo la creación de complicidades entre personas con una misma orientación sindical más combativa nos puede dar la llave para abrir la puerta de una movilización general contra el pensionazo. En este terreno de nada nos valen los juicios sobre las siglas sindicales, como si un sindicato fuera un todo homogéneo. Es preciso, por tanto, la organización dentro del sindicato, pero también es preciso saber que debemos tejer coordinaciones intersindicales entre gentes dispuestas a construir conjuntamente una orientación sindical combativa y unitaria que vaya más allá de la oposición frontal al acuerdo sobre las pensiones. Una cuestión crucial para los tiempos que corren.

¿QUÉ HACER ANTE EL FLAMANTE DETERIORO DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA ANDALUZA?

examenSoy profesor sustituto de secundaria en la educación pública de Andalucía. El año pasado me quedé a las puertas de hacer una sustitución, pero asistí a un milagro que sólo en pocas ocasiones se da alguna vez en la historia. En todo el tercer trimestre ni una sola baja: ni un profesor o profesora  enfermos, ni una baja por maternidad ni por paternidad, ni una lesión, ni depresión ni nada de nada. Un auténtico milagro. Me alegré por una parte, porque pensé que nadie había enfermado. Evidentemente por otro lado me entristecí, pues eso suponía quedarme sin trabajo. Es el triste sino de los profesores sustitutos, trabajamos cuando alguien se lesiona, se deprime, se da de baja en fin. Son las dos caras de la moneda en una misma acción. Como buen ateo que se resiste a creer en los milagros, finalmente descansé tranquilo cuando di con la clave que se escondía detrás de este aparente enigma de la salud colectiva. Por motivos de la vida conocí a una profesora de mi especialidad que habiéndose dado de baja por más de un mes, su puesto no había sido cubierto por ningún sustituto. El milagro de que la bolsa no corriera no se debió a los atributos de la salud colectiva, sino a la negligencia de la Consejería de Educación de quienes dicen defender una salida social a la crisis (véase PSOE-A).

Este año, más cerca de la sustitución, cuando a penas estoy a una decena de personas del ansiado trabajo, me encuentro con que Comisiones Obreras denuncia en un comunicado público que una vez que un profesor de da de baja, los centros “hacen “auténticos malabarismos” pues en la mayoría de los casos estas ausencias no son cubiertas.” Además el sindicato USTEA denuncia que la Junta de Andalucía ha congelado la bolsa de trabajo y propone una concentración semanal a las puertas de Delegación.  ¿Cómo se puede congelar una bolsa de sustituciones? ¿Acaso asesorados por Rapel han sido capaces de vislumbrar que ningún docente se va a dar de baja? Quizá este podría ser un ejemplo de cómo desde una situación material individual se toma conciencia de un problema que va más allá de nuestro día a día. Ese problema es el problema que atañe a la Educación Pública desde su tramo inicial hasta la universidad. Ante los problemas concretos relacionados con la educación secundaria, que en muchas ocasiones son noticia en los medios de comunicación relativos no sólo a los fenómenos de violencia en el aula, sino también a la baja cualificación de nuestros alumnos dentro del entorno de la UE, la Administración responde quitándose de en medio. La falta de material humano en los centros con que poder afrontar tal realidad es el día a día de la educación pública andaluza. Profesores de informática dando educación física, bajas sin cubrir, ausencia de maestros o profesores de apoyo y un largo etcétera. Todo eso que lamentablemente era habitual en los centros de educación pública andaluces se convierte hoy día en una política premeditada de austeridad en el gasto público frente a la crisis. Yo me pregunto ¿qué clase de educación reciben los alumnos por parte de un profesor que no existe? ¿Por qué no se hace pública dicha política de ajuste económico en lugar de esconderla entre las bambalinas de las subdelegaciones de educación?

Porque admitir dicha política, hacerla pública, conlleva admitir que  son las clases populares, quienes en mayor medida llevamos a nuestros hijos e hijas a la escuela pública, las que vamos a pagar la crisis. Habrá que poner de nuevo sobre la mesa que significan los servicios públicos, fundamentalmente la educación y la sanidad. Habrá que señalar por qué una política negligente que especule con nuestra educación y salud, es una política reaccionaria. Y sobre todo habrá que pedir explicaciones a las administraciones que permiten que en un abrir y cerrar de ojos se escape de las arcas estatales casi un 1% del PIB para salvar a la banca, que mucho tiene que ver con el origen de esta crisis. Mientras, sólo un 1,69% del PIB es destinado anualmente a educación secundaria, lejos del 2,34% de media de los países de la UE. Desconozco la situación en la sanidad pública, pero espero que por sentido común no estén especulando con nuestra salud de la misma manera que lo hacen con nuestra educación. Está claro que la pretensión es que sea la mayoría de la sociedad no beneficiada por los planes de rescate bancario los que paguemos las facturas impagadas de esta crisis.

Es evidente que esta situación de deterioro de la educación pública tiene que ver con mucho más que con la no sustitución de las bajas de profesores, siendo ésta una causa más que se suma al resultado de la falta de personal docente en los centros públicos de Andalucía. CGT relaciona esta deficiencia con el gasto que ha supuesto el mal conocido como plan de calidad. Pero ¿dónde están las respuestas? Hasta la fecha, la única propuesta que hay sobre la mesa es la concentración semanal de USTEA. Sin embargo, dicha respuesta es harto insuficiente. Incluso admitiendo el supuesto de que los sindicatos mayoritarios son difícilmente movibles, existe vida más allá de los mismos. La situación exige una unidad de acción entre las centrales sindicales que defienden la educación pública. No entiendo el mecanismo ni la historia que ha llevado a USTEA a convocar en solitario, pero es evidente que su sola fuerza es como un David frente al Goliat de la Administración andaluza. Creo que se está a tiempo de tomar el pulso al problema. Se está a tiempo de llamar a una reunión entre los sindicatos interesados, de movilizar no sólo al profesorado, sino también a las madres y padres de quienes sufren dicha educación. SADI, en tanto que sindicato de interinos es quizá uno de los más interesados en el tema. Tal vez es el momento de hacer un trabajo conjunto quienes ahora asistimos impasibles ante el deterioro de la educación pública. Porque no sólo con los despidos, el paro y los recortes salariales, sino también con el deterioro de los servicios públicos se nos hace a los trabajadores y trabajadoras cargar con el peso de esta crisis.

DEL TAJO A LA TUMBA

presentacion1Lo que en su momento supuso una conquista social sin precedentes está a punto de desaparecer como tantos otros derechos. La actual crisis económica pone las bases para que el aumento voluntario de la edad de jubilación deje de tener el atributo de “voluntario”. Una vez más, los y las trabajadoras somos culpables de esta crisis. Lo ha dicho el presidente del Banco de España: el superávit de la seguridad social está en peligro, lo que a su vez pone en peligro el sistema de pensiones. Las medidas sugeridas han sido el aumento de la edad de jubilación y la reducción de las prestaciones por jubilación contabilizando para ello toda la vida laboral en lugar de los últimos años. Esta mañana el líder socialisto José Blando ha dicho que una persona de 65 años está perfectamente capacitada para seguir trabajando, dando credibilidad así a las propuestas de Ordóñez.

En plena época de expansión económica se vio necesario aumentar la edad de jubilación de forma voluntaria a los 65 años, aludiendo que era una reforma necesaria para asegurar el sistema de pensiones de la seguridad social. El primer año de crisis estamos de vuelta con los mismos argumentos, aludiendo exactamente lo mismo. El ambiente cambia, las recetas permanecen: profundizar en la contrarreforma neoliberal que haga remontar la tasa de ganancia de las clases dominantes. Diez años de crecimiento económico sin precedentes en el caso del Estado Español no pueden soportar el primer año de crisis. El problema tanto hoy como ayer sigue siendo el mismo. No es el volumen de las prestaciones de los trabajadores y las trabajadoras ni la carga de los cada vez más mermados servicios públicos. Lo que pone en peligro el sistema de pensiones se llama capitalismo: la avidez de las clases dominantes por quedarse con trozos cada vez más grandes del pastel como receta tanto en tiempos de crecimiento como de crisis. Una receta mágica, fundamentalmente en estos tiempos de globalización neoliberal. Una huida hacia adelante de esa ola histórica que ha perseguido al capitalismo desde su origen: la tendencia a la reducción de la tasa de beneficio.

Al detalle, los culpables no son ni Manolo, el vecino del quinto; ni María, la dependienta de la tienda de la esquina. Los de abajo no hemos puesto en peligro absolutamente nada, sólo hemos vivido de la única forma que nos han permitido vivir. Las reformas laborales que se han sucedido desde los años 80 han tenido una significación importante en las cotizaciones a la seguridad social. Entre ellas hay que señalar que las más hostiles para la clase trabajadora han sido aprobadas por gobiernos socialistas, que han sido utilizados por las clases dominantes como bisagras que abrían las puertas a las bestias de las precariedad laboral y la contratación basura, bestias que la derecha ha sabido perfeccionar en las reformas y acuerdos comprendidos entre 1996 y 1997, principalmente. La derecha y la socialdemocracia han sido dos grandes compañeros en este viaje al sueño neoliberal. Así, las reformas del 92 y del 94 del gobierno González actualizaron la reforma frustrada del 89 y moldearon lo que hoy se conoce como contratación basura, subcontratación laboral y trabajo precario. Formas contractuales, en definitiva, que por sus características especiales poseen una cotización reducida. Por otro lado, la reforma del gobierno Zapatero del 2005 perfeccionó esta situación, ampliando el contrato indefinido de fomento de empleo, que posee una menor cotización a pagar por el patrón. Es decir, en plena época de crecimiento económico, lo que los socialistas plantearon es que el capitalista debía reducir su contribución patronal (que es también salario) al erario público. Ahora, en época de crisis (conste que aún no hemos entrado en recesión) lo que se plantea es que para compensar todos los regalos que en materia laboral se han hecho a las clases dominantes durante los últimos 20 años, el trabajador debe cobrar una pensión más baja y trabajar durante más años. Durante el periodo de bonanza, la hucha de las pensiones no creció todo lo que pudo crecer por las sucesivas reformas que reducían el montante total de los salarios. Ahora resulta que ante una desaceleración económica, son los y las pensionistas los culpables de poner en riesgo el sistema de pensiones y la clase trabajadora quien ha de pagar la factura del capital. Lo dicen los que saben de números: para este sistema la persona que no está produciendo no es persona.

En EE.UU. el aumento voluntario de la edad de jubilación se convierte en obligatorio debido a la inexistencia de seguridad social, lo que obliga a gran parte de la clase trabajadora a trabajar de forma “voluntaria” hasta su muerte para poder tener seguro médico. La contratación de estas personas, a su vez tiene beneficios fiscales para el patrón, por lo que es común que en las grandes superficies como Wall Mart, una parte importante de la plantilla sean trabajadores y trabajadoras de más de 60 años. Es este un ejemplo de cómo se combinan las contrarreformas laborales con el desmantelamiento de los servicios públicos para hacer de toda la vida del trabajador o trabajadora tiempo en el que poder extraer beneficio para la clase burguesa. Puedes elegir entre postergar tu jubilación o morirte de un resfriado. Difícil elección.

La desestructuración del movimiento obrero en el estado español ha permitido que podamos colgarnos la medalla de ser el único país de la OCDE en el que los salarios reales han disminuido durante la última época de expansión económica. El deterioro de los servicios públicos se hace patente en todo el estado y fundamentalmente en la comunidad de Madrid. Las clases dominantes aprovecharán la crisis para volver a ganarle terreno al trabajo, ya sea mercantilizando los servicios públicos, aumentando la vida laboral, disminuyendo las pensiones o reduciendo el salario (como ha ocurrido en la SEAT de Martorell). Los y las de abajo tendremos que comenzar a decir no, a irrumpir en la vida política y concretar nuestras propuestas. Nosotros y nosotras también sabemos de esfuerzo porque somos quienes ponemos en marcha este sistema de lunes a domingo. Nosotros y nosotras también sabemos de economía porque somos quienes llegamos a fin de mes con las migajas del capital. Nos corresponde a las y los de abajo decidir sobre nuestras vidas. Este primero de mayo se presenta como una oportunidad en la que poder remontar el bache en el que está sumido el movimiento obrero. Es hora de plantearse el horizonte de una huelga general y no permitir que esta crisis se utilice como la enésima escusa para actualizar el programa neoliberal contra los servicios públicos y los salarios. Sin dirigismos, pero sin sectarismos.

BOLONIA Y LAS LÁGRIMAS DE COCODRILO

cristina-garmendiaResulta que los estudiantes son tontos de remate. Que como son jóvenes, tienen ganas de liar el taco. Y claro, las instituciones universitarias están hartas de tanto niñato y llaman a la mami Garmendia a que les dé en el culito a los estudiantes traviesos y les explique que aquello de lo que se quejan es lo mejor que nos ha pasado nunca, que no sé cómo es que hasta este momento hemos podido vivir sin Bolonia. Supongo que tras la regañina, los estudiantes harán propósito de enmienda y volverán a sus pupitres con sus rodilleras y el supositorio de Bolonia en el bolsillo.

Ojalá lo mencionado arriba sea cierto. Ojalá las instituciones universitarias y el ministerio piensen realmente que el movimiento antibolonia es consecuencia de la mala información de los y las estudiantes y de sus ansias de rebeldía. Todos desearíamos tener un enemigo mutilado intelectualmente, pero mucho me temo que eso no es así. Los extractos de la carta que los rectores de las universidades de Valencia, de Sevilla, de Barcelona, Autónoma de Barcelona y Complutense de Madrid mandaron a la ministra, dice muchas cosas dignas de la más pueril mediocridad intelectual. Cuesta creer que la reunión que solicitaban con la ministra y que tendrá lugar esta semana en Madrid versará sobre las infantiles líneas generales que plantearon los cinco rectores de las universidades más grandes de todo el estado. No queda otra que leer entre líneas para darse cuenta de que lo importante no es lo que dice la carta, sino lo que insinúa y sobre esto último es con mucha probabilidad sobre lo que se hablará en la citada reunión.

De sobra saben que los motivos por los que el movimiento estudiantil se opone a Bolonia son difícilmente franqueados por los ponentes que en muy pocas ocasiones, desde las instituciones públicas han decidido enfrentarse en debate abierto al movimiento anti Bolonia. De nuevo, lo importante del proceso de Bolonia no es sólo lo que dice el Espacio Europeo de Educación Superior, sino el contexto y proceso político (y de política educativa) desde el que nace y sobre el que se aplica, amén de las prisas y la miseria material con las que se está llevando a cabo, lo que generará más problemas y deficiencias esta vez desde el punto de vista más técnico. Y es en el terreno de la contextualización política y educativa donde el movimiento anti Bolonia adquiere dimensión de gigante y en el cual los representantes (conscientes o no) del capital europeo lo tienen difícil para defender la reforma frente a un auditorio.

La sustitución de las becas por las mal llamadas becas-préstamo no es ningún santo aupado por el imaginario estudiantil sino una realidad apoyada en procesos similares que ya tienen un largo recorrido, como el caso británico en el que la sustitución ha sido total. Sin mencionar aquí las recomendaciones sobre la disminución de las becas en favor de los préstamos que ya se daban en el Informe Bricall (Universidad 2000), informe que inspiró en el Estado Español el proceso actual de cambios en política educativa para la universidad que comenzaron con la L.O.U. También es complicado defender la existencia de los masters y de sus astronómicos precios y sus deficientes becas. Y esto es simplemente indefendible porque las sospechas de ayer se convirtieron en la realidad de hoy: los precios oscilan desde los 1.500 hasta los 14.000 euros y el sistema de becas es aún más deficitario que el existente en los grados. Conclusión: la mayoría de la población de renta media lo tiene muy complicado para estudiar un máster, cosa que no ocurre con los hijos de la burguesía, a quienes no les supondrá problema alguno acceder a cualquier programa de posgrado con o sin máster. La selección económica existente en las universidades de principio del siglo XX, vuelve disfrazada de máster y decidida a mermar el derecho universal a la educación superior. He aquí el punto más caliente de la reforma y aún no hemos entrado de lleno en la contextualización política.

Como no pretendo desempolvar los argumentos anti Bolonia, los cuales ya han sido señalados una y otra vez por el movimiento estudiantil, me limitaré a señalar que efectivamente, el Espacio Europeo de Educación Superior no podría entenderse sin la L.O.U. bajo la cual se desarrolla. Tampoco podría entenderse lejos del Tratado de Lisboa, inspirado en la filosofía mercantilizadora de la difunta Constitución Europea y la reformulada Directiva Bolkenstein. Y a nivel internacional, tal y como señalan los autores del libro “Eurouniversidad: mito y realidad del proceso de Bolonia” el AGCS (Acuerdo General del Comercio de los Servicios) de la OMC es sin duda el director de orquesta de todas reformas sobre los servicios públicos, y en este caso de la reforma europea de la educación superior. Sólo comprendiendo esta contextualización podemos conocer Bolonia por lo que es y no por lo que dice que es. Sólo así comprendemos a qué se refiere con aquello de la movilidad, de la autoformación y de la adaptabilidad de los y las estudiantes. Sólo así comprendemos por qué no se habla de financiación pública de la universidad, ni de las becas, ni de las tasas, etc. Sólo así comprendemos el carácter ultraliberal de la reforma que se nos presenta como algo puramente técnico desde las desbordadas instituciones universitarias. Ellas pueden informar sobre la reforma, pueden debatir abiertamente con el movimiento antibolonia. Sin embargo mandan un S.O.S. al ministerio ¿Por qué? ¿Qué es lo que piden? ¿Que se informe mejor? ¿Por qué no lo hacen ellos?

De la carta de los rectores a la ministra y de la posterior rueda de prensa se desprende un insulto a la inteligencia de los antibiolonia. Son tontos, jóvenes y les tenemos que dar más información. Saben que no es así. Saben que las instituciones públicas, en tanto que públicas, no tienen argumentos para defender Bolonia frente a los argumentos disidentes. Por eso es fácil llegar a la conclusión que lo que los rectores piden no es más información sino todo lo contrario. A partir de aquí, y teniendo en cuenta las experiencias del pasado y el recrudecimiento de la lucha de clases que a partir del movimiento estudiantil se está generando en otros estados europeos, como Grecia, podemos dar unas pinceladas del futuro escenario, que mucho tiene que ver con las demandas de los rectores y las esperanzas de la ministra.

Parece lógico pensar que nos situaremos frente a una campaña de desinformación, al estilo de la campaña pro Constitución Europea: “Bolonia es buena”, “Bolonia es buena”, “Bolonia es buena”, y así hasta que nos lo creamos. Esto no es nuevo, ya lo inventó Goebbels. También parece lógico que apliquen las recetas del pasado, las ya aplicadas contra el movimiento anti LOU, es decir, la criminalización del todo el movimiento a partir de hechos aislados, presentándolo ante los medios como una suma de grupúsculos violentos. Esta labor ya la están llevando a cabo los mass media cercanos al PSOE y parece obvio pensar en un recrudecimiento de la campaña.

La otra cuestión es la más agria de todas, y es la que más claramente parece intuirse de la súplica de los rectores: un aumento de la represión hacia el movimiento, avalado por el ministerio. Es posible que estemos en un momento en el que se permita la entrada de la Policía Nacional en los campus universitarios, en un momento en el que se reprima duramente al movimiento estudiantil, a fin de ofrecer castigos ejemplares como vivieron los compañeros que fueron duramente reprendidos en la universidad de Sevilla una vez que el PSOE decidió retirarse de la lucha anti LOU.

El posible aumento de la represión, junto con una campaña de desinformación y criminalización del movimiento puede suponer una dura derrota política de la lucha contra el EEES que merme la moral de los y las estudiantes y que pulverice la actual realidad y coordinación de la lucha estudiantil de la misma manera que ocurrió en la derrota contra la LOU. Es necesario que el movimiento estudiantil se cohesione ante una más que probable campaña de represión y criminalización y que intente salir del gueto estudiantil, llegando a otros sectores de la clase trabajadora como son el PAS, el profesorado y las asociaciones de padres y madres de alumnos. Es muy positivo que los antibolonia hayan estado presentes en las protestas unitarias contra la privatización de los servicios públicos en Madrid y que hayan podido unir sus intereses con los estudiantes de medias en la huelga del 22 de noviembre. Hay que seguir en esa línea. Se tienen las razones, las ganas y el convencimiento. Que no nos pasen de nuevo el rodillo del pueril conformismo que nos absorba por enésima vez por el sumidero de la pesadilla orwellina y del sueño neoliberal. Esta vez se está haciendo sin el apoyo de la socialdemocracia, esta vez somos más fuertes, esta vez hay que intentar crecer y consolidar un movimiento estudiantil que no tenga que estar recomponiéndose ante cada nuevo ataque. Por eso tienen miedo, por eso quienes forman el movimiento hoy han de ser más inteligentes que quienes lo formábamos ayer.

ESTO ES LO QUE DECÍA ZP ESTANDO EN LA OPOSICIÓN

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