POR EL REAGRUPAMIENTO: IZQUIERDA ANTICAPITALISTA Y EN LUCHA

Documento y resolución sobre el reagrupamiento de la izquierda revolucionaria, Izquierda Anticapitalista y En lucha/En lluita de la Asamblea Estatal de En lucha/En lluita 2009. Como En lucha/En lluita tenemos un modelo bastante claro de qué es un partido revolucionario: un modelo basado en la experiencia acumulada desde principios del siglo XX hasta hoy. Es un partido que pretende agrupar a la gente más combatiente, ser democrático y centralizado en su acción, arraigarse entre las masas populares, participar en todas las luchas y, en definitiva, convertirse en la dirección política de la revolución socialista.

Pero una cosa son las grandes ambiciones y otra es la realidad. Lo primero sobre lo que hay que reflexionar es cómo se construye un partido así. Más allá de la estrategia o la táctica y las prioridades políticas de cada intervención, están los mecanismos de cómo acumular una afiliación experimentada, además de nutrida. Descartado el trabajo dentro IU (y creemos que con el tiempo fue una decisión acertada) no hemos tenido más opción que la afiliación individual como grupo. Esta ha sido una opción que nos ha servido para construir una reducida, pero real, presencia en ciertos movimientos sociales y espacios, pero no una opción que haya permitido convertirnos en un pequeño partido de unos cientos de militantes –ni hablar de miles– o hacer un paso más hacia una izquierda revolucionaria más amplia.

Nada de esto nos debe sorprender. Históricamente, fuera de una gran explosión de luchas y una radicalización política generalizada, es difícil que no sea así. Si miramos la historia, vemos que los partidos revolucionarios con una implantación notable se han formado en base a una serie de factores interrelacionados: las escisiones en organizaciones existentes –caso de los partidos comunistas formados en base a escisiones en los partidos socialistas después de la Revolución Rusa– o fusiones –por ejemplo el POUM–, además de una situación de gran agitación social. En los 60 y los 70, por el nivel de lucha era posible crear organizaciones con unos miles de militantes, si no de masas –caso de la Ligue Comuniste Revolucionaire (LCR) en Francia y el Socialist Workers Party (SWP) en Gran Bretaña o la izquierda radical en el Estado español, Italia y gran parte de Latinoamérica. Aunque, incluso en estos casos, raramente su crecimiento se dio solamente en base a una acumulación numérica de afiliados individuales.

Las nuevas formaciones anticapitalistas

A raíz de la derechización de la socialdemocracia, el colapso de la mayoría de los partidos comunistas y, sobre todo, el auge del movimiento altermundista, en los últimos años han aparecido una serie de organizaciones y coaliciones –especialmente en Europa– que se definen como “anticapitalistas” o, al menos, “antineoliberales”. Son muy diversas en sus orígenes: desde una coalición que surge del movimiento antiguerra (caso de Respect); la radicalización del comunismo ortodoxo –caso de Rifundazione Comunista en Italia, aunque con la incorporación de sectores procedentes de la izquierda revolucionaria–, la fusión de organizaciones existentes –caso del Bloco d’Esquerda en Portugal, con la participación de la Cuarta Internacional (CI) y una organización de procedencia maoísta–, hasta una escisión de la socialdemocracia –caso del Die Linke en Alemania, fusionado con los excomunistas del Este. Incluso, ya han aparecido escisiones de la primera ola de estos partidos –caso de Sinistra Critica en Italia. En algunos casos, estas formaciones son claramente reformistas en su orientación, como por ejemplo Die Linke. Sin embargo, en todos los casos hay una presencia, con más o menos influencia, de sectores radicales y abiertamente revolucionarios.

Hay una excepción importante entre estas nuevas formaciones: el Nouveau Parti Anticapitaliste (NPA) en Francia. El NPA, en contraste con la mayoría de estas formaciones nuevas, tiene un programa revolucionario. Además, está formado principalmente en base a una organización marxista revolucionaria: la LCR. La decisión de la LCR de abandonar algunas de sus señas de identidad y formar, con miles de otros activistas, un partido no explícitamente leninista o marxista pero sí con un contenido político que plantea una oposición sin ambages al capitalismo y cualquier compromiso con el social-liberalismo es una apuesta valiente y, de entrada, claramente acertada. No cabe duda de que la creación de la NPA ha resultado muy atractiva para una capa importante de anticapitalistas que no se sentían representados por los partidos tradicionales; sobre todo el baluarte tradicional de izquierda en Francia, el Partido Comunista de Francia (PCF), partido que padece desde hace años un declive casi terminal.

La creación del NPA ha sido posible por dos razones fundamentales: el alto nivel de movilizaciones durante los últimos casi 15 años y la existencia de una organización con unos miles de afiliados y una larga experiencia militante e implantación social como era la LCR. Sin estas dos condiciones no hubiera sido posible su formación, al menos con las características que ahora tiene. Tampoco es cuestión de ser acríticos con el NPA. Está claro que el papel exacto de los marxistas revolucionarios dentro del nuevo partido tendrá que clarificarse sobre la marcha. Sin embargo, éste es un problema que vale la pena asumir –la alternativa sería un fácil purismo ‘revolucionario’.

Desde hace cinco o seis años nuestra corriente, la Corriente Socialismo Internacional (Internacional Socialist Tendency, IST), ha destacado tanto la importancia de las nuevas formaciones de la izquierda radical como la necesidad de orientarse hacia ellas. Por eso, nuestros compañeros trabajan dentro de organizaciones o formaciones diversas en varios países, como es el caso en Alemania, Brasil, Corea del Sur, Dinamarca, Francia o Italia entre otras. O han formado parte de coaliciones electorales, como en Australia, Grecia, Irlanda, etc. La forma de nuestro trabajo y su alcance depende tanto de nuestra propia fuerza como de las circunstancias de cada formación donde trabajamos. En algunos casos nuestra presencia es más abierta o más independiente que en otros. En la mayor parte de los casos –al menos hasta ahora– la experiencia se puede considerar positiva, en el sentido de que se ha reforzado la presencia de una izquierda alternativa, lo que ha dado a nuestros compañeros la oportunidad de trabajar en un entorno más amplio. Una excepción ha sido el caso de Gran Bretaña, donde tanto nuestra participación en Respect como en el Scotish Socialist Party (SSP) ha acabado negativamente –aunque por razones diferentes.

La otra izquierda en el Estado español

Desde hace cinco años defendemos la necesidad de construir una nueva izquierda alternativa en el Estado español; una izquierda combativa, plural, anticapitalista e inspirada por la diversas izquierdas alternativas que han surgido en otros lugares del mundo. Éste ha sido un elemento constante y central de nuestra propaganda y nuestras intervenciones. Sin embargo, más allá de las necesidades objetivas y los deseos subjetivos. ¿Cuáles son las posibilidades de construir una izquierda así? ¿Un Die Linke, un Bloco d’Esquerda o un NPA? ¿O algo completamente diferente?
Es cierto que a nivel local o municipal hay y ha habido iniciativas en este sentido que han empezado a llenar el vacío en la izquierda alternativa, y en las que podemos participar –el caso más obvio es la CUP de Barcelona. No obstante, a otros niveles, tanto nacionales (con la parcial excepción de Euskal Herria) como estatales, la situación es en general poco esperanzadora.
Si contemplamos los tres ejemplos citados arriba –no porque creamos que se puedan copiar estos modelos, sino porque es relevante hacer alguna comparación para entender nuestra propia situación– vemos con más claridad los problemas que confrontamos.

El espacio de un Die Linke lo ocupa IU: una izquierda reformista con una buena dosis de retórica anticapitalista. Pero mientras que el partido alemán está en pleno auge y ha atraído amplias capas de gente trabajadora y jóvenes (y por eso nuestros compañer@s alemanes hacen lo correcto al trabajar dentro de sus filas), IU está en plena crisis. Por un lado, se ha adoptado una orientación cada vez más socialdemócrata y por el otro, su ‘izquierda’ –capitaneada por el PCE– se ha mostrado incapaz de ofrecer una alternativa clara. Esto no quiere decir que no haya muchos afiliados y simpatizantes de IU con quienes se pueda contar en cualquier lucha o, incluso, proyecto para una nueva izquierda. No obstante, su falta de atractivo para mucha otra gente que forma el entorno del anticapitalismo y que busca una alternativa –además de su declive imparable, tanto en militancia como en votos–, significa que IU no sirve como base para lanzar una alternativa al reformismo.

Tampoco pensamos que exista la posibilidad de una formación estable basada en organizaciones existentes, al menos a corto plazo. El primer problema es sencillamente que ninguna organización tiene el tipo de base que sí tuvieron los fundadores del Bloco para atraer suficiente gente a un proyecto amplio y plural. A nivel estatal solamente tres organizaciones reúnen unos cientos de afiliados cada una: el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE), Corriente Roja (CR) e Izquierda Anticapitalista (IA). El PCPE claramente tiene la perspectiva de ‘reconstruir’ un Partido Comunista de corte ‘marxista-leninista’ y por eso es difícil ver cómo este partido participaría en un proyecto como el de que hablamos; aunque no se pueden excluir colaboraciones puntuales. Con CR tenemos relaciones bastante buenas, aunque el nivel de convergencia ideológica es limitado. Habrá que ver si en un futuro lejano están dispuestos a participar en un proyecto de unidad abierta. Más irreal aún sería un tipo de organización basada en los grupos trotskistas ortodoxos –tanto por sus pocas fuerzas como por sus divergencias políticas y su dogmatismo.

Sin embargo, aunque no existe una LCR ni ha habido un nivel de movilizaciones como en Francia, pensamos que el ejemplo del NPA tiene elementos que debemos considerar cuando examinamos el panorama político en el Estado español.

En lucha/En lluita

Para la asamblea de 2007 se escribió un breve resumen de la historia del grupo y no hace falta repetir muchas de las observaciones que hicimos allí. Solamente destacamos algunos aspectos sobre nuestra trayectoria que son relevantes para este documento.

Después de 15 años de existencia, puede parecer poco lo que hemos conseguido. Sin embargo, hay que contextualizar la experiencia del grupo dados nuestros orígenes tan precarios. Es obvio que el grupo no ha avanzado como hubiéramos esperado hace cinco años, pero durante este tiempo hemos mantenido una presencia en toda una serie de espacios políticos, y en algunos casos nuestra contribución ha sido relativamente importante en el sentido de hacer propuestas, organizar movilizaciones, etc. Sin exagerar, este ha sido el caso sobre todo en Barcelona, y en los últimos años en Sevilla y, en menor medida, en Madrid, donde hemos:

– Participado en el movimiento contra la guerra, las movilizaciones para los foros sociales, el movimiento estudiantil, etc.
– Mantenido un núcleo de militantes jóvenes ya experimentados capaces de intervenir en los espacios sociales y políticos con una cierta soltura; que saben hablar en público, escribir, etc.
– Mantenido un buen nivel de propaganda escrita: el periódico En lucha (1998-2007 ahora la revista La Hiedra/L’Heura y docenas de folletos traducidos y, cada vez más, escritos por nosotros.
– Organizado unas jornadas anuales desde hace 15 años, últimamente en los tres lugares dónde tenemos agrupaciones, además, de un sinfín de charlas públicas, talleres, etc.

Esta realidad nos plantea la necesidad de mirar con detenimiento las opciones que tenemos para ver cuál es el paso para seguir adelante en la construcción de una izquierda anticapitalista.
Para nosotr@s la cuestión central no es construir una sección de la IST por sí misma, sino cómo construir una izquierda revolucionaria en el contexto político y social del Estado español. Ya desde hace cinco o seis años hemos venido cambiando nuestra posición en relación a la cuestión de las alianzas y el reagrupamiento. Concretamente, nos hemos acercado cada vez más a la perspectiva de un mayor entendimiento con lo que hoy es IA; un acercamiento que, desde nuestro punto de vista, tiene grandes posibilidades de convertirse, incluso, en una unidad orgánica.

Izquierda Anticapitalista

IA tiene sus origines en la LCR, sección española de la CI. La LCR fue fundada en 1971 y existió hasta 1991 cuando se unificó con el Movimiento Comunista (MC). La organización unificada duró unos dos años antes de desintegrarse a base de sus desacuerdos ideológicos y la desconfianza mutua. La excepción fue Euskal Herria, donde aun existe Zutik; aunque IA tiene su propio grupo.

Una minoría de los exmilitantes de la LCR seguían como simpatizantes de la CI dentro IU y organizaron a su alrededor Espacio Alternativo (EA), que funcionó hasta 2008 como una tendencia dentro de IU. EA defendía dentro de IU una orientación más centrada en los movimientos sociales, menos institucional, más plural y más combativa. Llegaron a tener alrededor del 10% de los delegados en algunas de las asambleas federales de IU.

IA se fundó en 2008 después de que Espacio Alternativo y sus organizaciones afines (Revolta Global, Espacio Revolucionario Andaluz, etc.) rompieran definitivamente con IU. Esto nos pareció un paso muy positivo, algo que reconocimos públicamente, y en los últimos meses ha demostrado ser cierto. La verdad es que hace unos años no pudimos haber imaginado que los compañer@s de EA/IA fueran capaces de dar este paso después de tantos años más o menos integrados en IU, con una militancia bastante mayor y, además, logrando obtener en esta salida un cierto éxito al establecer unas bases modestas para la reconstrucción de la izquierda revolucionaria en el Estado español. Nos alegra habernos equivocado.

La intervención de IA en las elecciones europeas –a pesar de un voto bastante decepcionante– mostró, aunque sea modestamente, las posibilidades de atraer gente a una alternativa anticapitalista no sectaria. Cientos de personas entraron en contacto con la organización por primera vez, con docenas de nuevos afiliados y grupos de apoyo.

IA tiene un núcleo de cuadros experimentados nada desdeñable y una implantación encaminada a ser realmente estatal. Además el legado de la LCR es algo muy tangible, como es su identificación con el NPA francés. La realidad es que, hoy en día, de entrada, parece que IA tiene unas posiciones políticas muy cercanas a las nuestras y ocupamos un espacio similar.

Lo que nos une con IA

Compartimos una trayectoria histórica de lucha contra el estalinismo y en defensa de los principios del marxismo revolucionario (el trotskismo heterodoxo y el comunismo disidente); la imposibilidad de acabar con el capitalismo por las instituciones del propio sistema; el socialismo basado en la democracia directa desde la base y el internacionalismo. Por eso, ambas organizaciones nos identificamos con las mejores experiencias históricas del movimiento revolucionario en el Estado español: concretamente el POUM en los años 30 y la LCR y otras organizaciones en los años 70.

Hoy en día, aunque seguimos insistiendo en la centralidad de la clase trabajadora en la lucha para la liberación humana, reconocemos que hay una nueva configuración de la clase trabajadora lejos de la visón clásica de una clase obrera masculina e industrial; una clase trabajadora que es joven, también femenina y diversa; que incluye los nuevos sectores como servicios, l@s precari@s, etc. La lucha contra todo tipo de opresión –por la liberación de las mujeres, la libertad sexual, el fin del racismo– se enlaza con la lucha de clases y por el socialismo.

Al mismo tiempo, reconocemos la existencia de una izquierda social relativamente extensa que no se identifica con buena parte de la izquierda institucional existente y ve tanto la necesidad como la posibilidad de agrupar, al menos, a parte de esta izquierda en una nueva formación sociopolítica. Esta izquierda social se ha configurado en el contexto del nuevo movimiento altermundista a nivel internacional desde los acontecimientos de Seattle en 1999. Tanto la CI como la IST han insistido en la centralidad de este ‘movimiento de movimientos’, que en su diversidad y pluralidad ha reflejado mejor –sea por los foros sociales o por las iniciativas múltiples a nivel más local– el nacimiento de un nuevo espacio para la izquierda anticapitalista. A raíz de esta convergencia, las relaciones entre la IST y la CI se han profundizado –y mejorado– en los últimos años: en Francia e Italia participamos en sus organizaciones y en Grecia hemos formado una coalición electoral con ellos.

De ahí llegamos, tanto IA como En Lucha/En lluita, a un análisis de la necesidad de la construcción de una nueva izquierda. IU ni puede llenar el vacío existente ni puede ofrecer una alternativa a las capas sociales que buscan una alternativa anticapitalista. En consecuencia, tal alternativa se puede y se debe construir fuera de la izquierda organizada existente.

Compartimos también la necesidad de reconstruir el movimiento sindical. Sin descartar la intervención en los sindicatos mayoritarios. La realidad del movimiento sindical en el Estado español significa una intervención flexible en diversas formas de organización sindical, pero siempre con el énfasis en la democracia y la participación de los trabajadores en los lugares de trabajo por medio de las asambleas.

Ambos reconocemos, asimismo, la centralidad de la cuestión nacional en el proceso político-revolucionario en el Estado español, y por eso defendemos a ultranza el derecho a la autodeterminación de las nacionalidades oprimidas, su derecho a la independencia y rechazamos cualquier defensa de la unidad del Estado o la constitución de 1978. Tanto IA como EL tenemos una visión matizada de la llamada “lucha armada”. En el caso del Estado español hacemos una crítica sin ambages de la estrategia militar de ETA, sin dejar de reconocer que el conflicto en Euskal Herria tiene raíces políticas y urge una solución política que pasa por el derecho a la autodeterminación, el fin de la represión, la amnistía y una tregua indefinida.

Divergencias superables

Obviamente, hay bastantes diferencias si queremos mirar con lupa. Debemos reflexionar, no obstante, si éstas son o no un impedimento para el reagrupamiento.

Por ejemplo, nuestro análisis de los llamados “países comunistas” como sistemas de Capitalismo de Estado fue el centro de las divergencias originales que llevaron a los fundadores de nuestra corriente a romper con el trotskismo ortodoxo ya hace casi 60 años. Sin embargo, con el colapso de la URSS y el bloque del Este y la implantación del capitalismo más salvaje en China, este debate, si no está superado del todo, tiene, al menos, una relevancia mucho menor que hace veinte años. También existen diferencias sobre los orígenes de la opresión de las mujeres y su relación con la lucha de clases. No obstante, a nivel político compartimos en gran medida la orientación de IA en la lucha por la liberación de las mujeres y por eso las concepciones teóricas sobre el origen de esta represión no deben ser un obstáculo para desarrollar un trabajo común. Para nosotros el lema ‘No habrá liberación de las mujeres sin socialismo, y no habrá socialismo sin la liberación de las mujeres’ es mucho más que un eslogan; es el resumen de un programa político.

También hay un problema potencial en relación a la diferente ‘cultura política’ de las dos organizaciones –término que no es fácil de definir y seguro que hay matices para todos los gustos. Básicamente, sería nuestra ‘manera de hacer las cosas’. Detrás de esto hay una concepción determinada de cómo se construye un partido revolucionario y qué es y cómo funciona el centralismo democrático. De entrada, creemos que nuestra reorientación desde 2007 ayuda a superar en parte las diferencias de IA hacia nuestra ‘cultura política’ –cuestiones desde cómo nos organizamos, el papel de las publicaciones y su venta, la política de afiliación, etc. A un nivel más profundo, aunque no negamos que estas diferencias existen, pensamos que son superables con discusión y clarificación de malos entendidos. De todas maneras estamos convencidos de que hay más cosas que nos unen que las que nos dividen. Además, durante los últimos cinco años trabajamos codo con codo con gente de EA/IA/RG en bastantes movimientos y espacios.

Lo que proponemos

Dado que desde nuestro punto de vista hay una convergencia entre las dos organizaciones, pensamos que algún tipo de unificación sería un gran paso adelante, no solamente para la izquierda revolucionaria sino para la construcción de una izquierda anticapitalista más amplia. Parece claro, además, que bastantes compañer@s y simpatizantes de IA tienen un punto de vista muy cercano al nuestro sobre qué tipo de organización hay que construir. Por ejemplo, mirando su página web durante la campaña para las elecciones europeas podían verse unas referencias casi uniformes en artículos y entrevistas sobre IA como el primer paso hacia una unidad anticapitalistas más amplia.

Por eso, y por todo lo que hemos mencionado arriba, pensamos que sería un paso tan necesario como realista plantear con l@s compañero/as de IA la unidad orgánica, y no solamente un acercamiento. No hace falta decir que la propuesta que hacemos aquí no es, ni mucho menos, definitiva y que estamos abiert@s a cualquier contrapropuesta y proceso de negociación que nos pudieran plantear l@s compañero/as de IA.

Creemos que es posible hablar de la creación de un ‘pequeño NPA’. Con esto queremos decir una organización revolucionaria algo más amplia que IA, en la cual nuestra entrada ayude a explorar la posibilidad de integrar a algún colectivo más y a más gente no organizada. Obviamente, la forma que tome tal procedimiento dependerá no de nosotr@s, y en el caso de que l@s compañero/as de IA acepten esta propuesta –o acepten hablar de ello–, dependerá de una negociación entre ambas organizaciones.
No en balde hablamos de ‘integración’ y no ‘fusión’ –así reconocemos que no será la unificación de dos partes iguales. Al aceptar la integración aceptamos que formaremos parte de IA y aceptaremos el programa que decidida democráticamente su afiliación.

Nuestro futuro como organización

El punto más peliagudo de todo este proceso –si llega a concretarse– es cómo nos organizaremos como simpatizantes de la IST dentro de una organización unificada. Por supuesto, esto no depende solamente de nosotr@s. Aunque esta es una cuestión hipotética, es necesario que tengamos presente cómo imaginamos nuestra continuación como una corriente en el interior de IA.

Creemos que en una organización más amplia donde coincidan diferentes corrientes y sensibilidades existirán tendencias organizadas. Nuestra intención es formar una tendencia; pero hay que insistir de entrada que será una tendencia abierta y constructiva.

‘Abierta’ porque no nos interesa una facción que funcione a espaldas de l@s demás militantes de la organización. Como en el caso del NPA, las reuniones de las tendencias deberían ser abiertas a cualquier afiliad@, sea o no simpatizante de la tendencia convocante y, si es posible, se realizarían en el local de la organización. Esto nos parece imprescindible para evitar cualquier sospecha sobre las intenciones de cualquier tendencia organizada.

‘Constructiva’ porque nuestra intención no es hacer ‘entrismo’, conseguir nuevos afiliad@s y marcharnos. Queremos ayudar a construir una organización unificada. En los momentos de plantear diferencias hay que ser muy sensibles con las necesidades de la organización unificada en su conjunto.

Al mismo tiempo, plantearemos el derecho a tener algún tipo de boletín de uso interno donde podríamos plantear temas de interés o de debate; pero siempre dentro del contexto de una actitud constructiva.

Respecto a la IST, por supuesto, al integrarnos en IA no nos opondremos a la relación que ya existe e imaginamos que seguirá existiendo entre IA y la CI. No obstante, nuestra intención es seguir como simpatizantes de la IST y participar como tales en las reuniones de la corriente como hacen l@s compañer@s frances@s e italian@s. Creemos que, además de tener una tendencia abierta, podría ser conveniente invitar a IA como observadora a las reuniones de la IST.

En lucha/En lluita, 7 y 8 de noviembre 2009