LAS PRIMARIAS DEL PSOE: EL DESIERTO POLÍTICO DE LA SOCIALDEMOCRACIA

Por Javier Valdés

¡Manda güevos! Carme Chacón inaugura su candidatura a la secretaría general del PSOE… y lo hace en mi pueblo. No había más pueblos en todo el estado. En fin, de alguna manera habría de ganarse al resto de federaciones del partido, al fin y al cabo la política del PSOE se ha convertido en eso: gestos, gestos y gestos hasta el paroxismo. Del fondo mejor ni hablemos… de momento. Para la clase trabajadora el rostro de los “socialistas” siempre esboza una sonrisa, aunque cual Jason, en sus manos porte una motosierra.
La polémica Berstein-Luxemburgo de finales del siglo XIX giraba en torno a la estrategia reformista o revolucionaria de los, todavía, socialdemócratas alemanes. Mientras Rosa Luxemburgo encabezaba la postura revolucionaria debido al intrínseco carácter  de clase del Estado, los reformistas se empeñaban en que paso a paso, quienes ostentan la hegemonía de la violencia (las clases dominantes), se convencerían en cedernos amable y pacíficamente a los de abajo las riendas del poder del Estado, pues éste era neutro, es decir: sus padres no eran ni patrones ni obreros. Quienes posteriormente regentaron con exclusividad las siglas socialdemócratas en Europa siempre han creído ese cuentito, aunque hace mucho ya que dejaron el sueño reformista, el cual, al fin y cabo terminaba en un horizonte fuera del capitalismo… o eso pretendían. Cuando la necesidad de las clases dominantes fue la de ampliar los mercados dentro de los países coloniales, la socialdemocracia abrazó el keynesianismo como agua de mayo, quedando el horizonte político ya dentro del propio sistema que se pretendía modificar. Los treinta gloriosos se vivieron como una época en la que las tesis socialdemócratas florecientes se constataban año tras año, mientras se apuntalaba la idea de la convivencia de clases como una meta deseable para la humanidad. Cuando las crisis de rentabilidad de los 70 hicieron cambiar de estrategia al gran capital, quien se dispuso a aniquilar los estados sociales, la socialdemocracia comenzó una crisis política de la que aún no se ha recuperado, y de la que no sabemos si se recuperará.
Muchos han sido los intentos de la socialdemocracia de intentar diseñar un proyecto político que aúne su vago concepto de “justicia social” con la nueva agresividad del capital, a la cual es incapaz teórica y orgánicamente de plantarle cara. El más famoso, sin duda, fue ese experimento imposible entre el neoliberalismo y los estados sociales llamado social liberalismo. La estrategia de las clases dominantes tras los años 70 ha dejado a la socialdemocracia totalmente fuera de juego, no hay espacio ya para sus cuentos de hadas, pues la caída constante de la tasa de ganancia del capital y la concertación obligada entre clases no dejan ya margen para el respiro de la clase trabajadora. La socialdemocracia no tiene proyecto político para la clase social a la que dice representar. La parálisis creativa y la adaptación obediente y sin contrapartidas a los intereses de la burguesía son los dos rasgos que mejor definen al proyecto político actual de la socialdemocracia.
Y en este instante es en el que se encuentran Chacón y Rubalcaba intentando disputarse las ruinas políticas de un legado que ha pulverizado las esperanzas de las clases populares. Sin proyecto político para los de abajo, estos dos dragones del PSOE se presentan como sin ombligo ante los militantes de un partido sin capacidad  de crítica, y en el que los cuadros políticos se curten entre el arribismo y la retórica vacía. Ante tal desierto político, la única esperanza para el PSOE es que el otro partido mayoritario, es decir, la derecha, muestre su cara más agresiva y retrógrada para así ofrecerse como alternativa de cambio ante las clases populares. Sin embargo, en esta maniquea ecuación, lo que los dragones del PSOE no calibran es que cuanto más clara queda su ausencia de proyecto político y más fielmente cumplen el programa neoliberal cuando gobiernan, más se educa a la mayoría social en los dogmas de fe del neoliberalismo económico y del conservadurismo político, acercando más el factor subjetivo a las políticas de una derecha más radicalizada. Dicho de otra manera: mientras la única solución a la crisis de la socialdemocracia sea su antagonismo aparente con la derecha, más se dispondrá conscientemente la clase trabajadora hacia su matadero político.
Y así, Chacón y Rubalcaba pretenden nacer del barro por enésima vez y tras los desmanes de la derecha intentarán esconder su vinculación con: la bajada de salarios, la subida histórica de la edad de jubilación, la reducción de las pensiones públicas, el abaratamiento del despido, la posibilidad de descuelgue patronal de los convenios colectivos, la perpetuación de la precariedad laboral para la juventud, el tijeretazo en los servicios públicos, etc. Rezarán por que la derecha sea más agresiva que ellos mismos, para así poder optar a cierto espacio electoral. Lo malo es que mientras la clase trabajadora no tenga la capacidad de parir un proyecto político propio capaz de ser alternativa al capitalismo, la decadencia de la socialdemocracia arrastra consigo misma a la propia clase trabajadora.
Las primarias del PSOE no son sino un teatro en el que la sobre abundancia de gestos intenta esconder el vacío más absoluto de contenidos y la desorientación política en el que está instalado el partido. Por eso las primarias huelen a naftalina y el dónde es tanto más importante que el qué.