EL PARTIDO DEL 15-M: CABALLOS DE TROYA Y CABALLOS CUATRALBOS

Javier Valdés

La transformación del 15-M en partido significa la muerte del movimiento. A pesar de todo, sigue siendo lícito preguntarse sin prejuicios qué capacidad creadora tiene el movimiento, qué procesos se están dando en su seno y hacia donde nos dirigimos.

“Cuando el río suena, agua lleva”, cierto, pero ¿qué río es el que suena? Parece que desde los mass media y desde ciertos círculos políticos muy cercanos tanto al PP como al PSOE, están muy interesados en que el movimiento 15-M desemboque en el mejor de los casos en una entrada masiva de indignados e indignadas a sus filas (tesis del PSOE), o como mínimo en la aparición en la escena electoral del partido del 15-M (tesis del PP). Tanto es así, que mientras que la aparición en Valencia del supuesto partido del 15-M inundó los medios de comunicación, aún hoy hay que bucear en la web para encontrar la noticia de que el movimiento 15-M, pocos días después, se desvinculaba totalmente de dicho partido. Efectivamente, el partido nacía de gentes del movimiento, pero esa era la única vinculación con el 15-M. Un mensaje tan sencillo, que sin embargo es de una gran complejidad encontrar en la hemeroteca. Esto es sólo un pequeño ejemplo, una pequeña gota de un río que suena. Las personas que  están y estamos implicadas en las asambleas, sabemos que la fundación del partido 15-M está a años luz, no ya del consenso, sino de la más ajustada mayoría simple. El río que suena no es el de la fundación de tal partido, sino el de la intencionalidad por parte de ciertos sectores del poder de institucionalizar y esclerotizar el músculo de los y las de abajo, que ya parecía habérsenos osificado: el músculo del debate público y plural, el de la movilización y la imaginación colectiva. Algo demasiado peligroso cuando banqueros, grandes empresarios y sus políticos-lacayos pretenden hacernos pagar sus facturas atrasadas con intereses.

La creación de tal partido está tan fuera de la agenda y carece hoy de tanta realidad, que no me interesa hablar de ello, como tampoco me interesa hablar de las sirenas con corbata. Sin embargo, existen elementos del 15-M relativos a su capacidad creadora que sí son interesantes y que merecen cierta atención.

Cuando la realidad quema los falsos debates

Hace ya tiempo que el panorama de la izquierda es desolador: con un PSOE virando desde la socialdemocracia al social liberalismo primero y desde éste al neoliberalismo salvaje y depredador después; y con una Izquierda Unida sumida en una espiral de decadencia política a la que el pactismo con el PSOE y la institucionalización consecuente la han arrastrado. Esta decadencia de la izquierda hace que la guerra de posiciones políticas sea ganada día tras día por el conservadurismo en lo social y por el neoliberalismo* en lo económico, dejando campo libre a las reformas que las clases dominantes programaron ya a finales de los 70´: conquistados los mercados de ultramar, sólo queda ya obtener rentabilidad conquistando los mercados interiores, esto es: destruir los Estados Sociales.

En el plano sindical, la situación da para mucho más de lo que pudiera decir. Cabe señalar, no obstante, que el marco que se abre tras los pactos de la Moncloa pareciera más que un marco un yugo para la clase trabajadora, en la que el consenso con nuestros verdugos es el único escenario posible de acción sindical para las direcciones de los sindicatos mayoritarios, lo cual nos ha llevado a una pérdida progresiva de derechos, de forma que aquel insuficiente Estatuto de los Trabajadores de 1980, nos parece hoy un inmejorable punto de inicio tras el reseteo.

En este contexto, la teorización estratégica de parte de la izquierda radical ha sido la de que, puesto que no existe referente político, el pueblo habrá de crear el suyo propio con gentes de distinto pelaje, filiación y experiencia militante. Entiendo que en el contexto político mundial, para que dicho referente fuera tal, cabría en lo político un cuestionamiento radical del capitalismo, o al menos de su fase actual. En mi organización, a este hipotético referente lo hemos llamado: polo anticapitalista amplio. He de confesar que en un principio, este concepto no me convencía del todo por su aparente vacuidad, pero lo cierto es que sólo un futurólogo podría llenar de contenido el horizonte que está por venir, para al final encontrarnos con un montón de papel mojado. Sólo la paciencia, la realidad concreta y la astucia podrán ir dando color a ese horizonte estratégico.

El movimiento del 15-M deja aún muchos interrogantes sobre el futuro de los pueblos, y por tanto sobre la reconstrucción de una fuerza política por y para los de abajo capaz de hacerle frente al capital: ¿Ese polo amplio será un partido nuevo, una coalición entre partidos actuales, un frente de lucha? ¿Cuál será su estructura orgánica? ¿Cómo estará desarrollada su democracia interna tras los acontecimientos de los últimos meses? ¿Cuál será la relación entre anticapitalistas y antineoliberales? ¿Tendrá sentido político tal división? Creo que estamos aún lejos de poder contestar a ninguna de estas preguntas, no obstante, sí que podemos sacar conclusiones sobre algunos procesos que ya se están poniendo sobre la mesa y que, sin duda, hacen del 15-M un proceso constituyente de algo, que a algunos nos gustaría que fuese al menos un embrión de aquel polo anticapitalista amplio:

1. Si durante los últimos años, la tónica en la vida de los movimientos sociales era la de una difícil, o cuando menos ajetreada, convivencia entre determinadas sensibilidades políticas, en el movimiento 15-M se ha priorizado la creación de un patrimonio colectivo, limando asperezas que antaño se nos hacían abismos y hoy se nos tornan pequeños baches en el camino. Así vemos, aunque quizá no en todas las asambleas, confluencias entre corrientes desde marxistas a libertarias, pasando por la autonomía y por reformistas de izquierdas. La acción concreta en un movimiento amplio ha conseguido una unidad de acción, obstaculizada antaño por unos debates principistas que afloraban como gusanos de los cuerpos débiles de movimientos anteriores.  Y aunque efectivamente, esto es sólo un fotograma en la película que estamos filmando, el panorama no puede ser por menos que alentador, siempre y cuando continúe el trabajo honesto por la base y nadie intente patrimonializar el movimiento. Y todo esto sin tener en cuenta lo más importante: la entrada activa en la escena política de toda una generación joven sin filiación que ha crecido sin un claro referente político, pero que ha decidido que ante la situación de degradación política y de las propias condiciones de existencia había que mojarse. El 15-M es ya la mayor escuela de formación política y militante que ha existido en décadas, no sólo para los que no tenían experiencia política en la lucha social, sino para los que veníamos ya con cierto recorrido.

2. La evolución vertiginosa del propio discurso político del movimiento, necesariamente sitúa el consenso social más a la izquierda hoy que ayer. A pesar de las reticencias iniciales de ciertos sectores de no vincular las reivindicaciones del movimiento con reivindicaciones encaminadas a mejorar la vida de las clases populares y por ende, a señalar a los culpables de la crisis y a oponernos a sus reformas; hoy una de las principales piedras angulares del movimiento es la obstaculización de los desahucios, con la que se abre toda una crítica radical al sistema financiero-usurero y al desarrollismo español de la última década.

3. La posibilidad de que las actuales asambleas de barrio cristalicen en estructuras populares permanentes, parece algo más que un deseo. Esto es así desde el momento en que las asambleas de barrio asumen la tarea de convertirse en una herramienta con la que afrontar los problemas concretos a los que el grueso de la población está siendo sometido por la minoría adinerada. Esto da una credibilidad y una funcionalidad inesperada al movimiento, a la par que va concretando con la acción los puntos de aquellos programas infinitos. Además, hemos de sumar la construcción de una coordinación estatal entre asambleas, lo que otorga a la clase trabajadora y al resto de clase populares una forma rápida de organizar a nivel estatal una posible respuesta ante una nueva agresión. Asambleas de barrio y  coordinación estatal son dos de los mayores regalos que el 15-M podrá legar para las clases populares.

Aunque caminar no significa llegar a la meta, es incuestionable que haciéndolo nos acercamos más a ella. De la misma manera, aunque los elementos descritos no significan desembocar en la constitución de un polo anticapitalista de masas, sí que nos sitúan en un escenario infinitamente más favorable. La confluencia entre diversas corrientes políticas, la entrada en escena de toda una nueva generación militante, la evolución del discurso político y la posibilidad de crear estructuras populares y coordinaciones que pervivan en el tiempo, son elementos, que aún creados en apenas dos meses, significan ya uno de los mayores pasos logrados en décadas por la clase trabajadora y el resto de clases populares en el estado español.

Perspectivas de un necio

El 15-M ha sido, en cierto sentido, un muro para mí. Cualquier predicción y valoración que del mismo hice en sus inicios no tardó más de 24 horas en refutarse. No lograba ver más allá del hoy, y en ocasiones ni eso. Me hace gracia recordar que en sus comienzos vaticinaba que las acampadas eran un error y que no durarían más de 5 días, a lo sumo. En un momento, no recuerdo cuando, decidí dejarme arrastrar y resituarme. Era como cuando de niño me tiraba en la orilla de la playa y dejaba que el oleaje me rebozara con la arena a su gusto. No era consciente aún de la potencia del movimiento y mis coordenadas estaban hechas por la fragilidad y/o frugalidad de experiencias anteriores.

Cualquier perspectiva sobre este movimiento parece complicada. Sin embargo, hoy como ayer, sigo pensando que es el acercamiento concreto del movimiento a los problemas de la gente trabajadora una de las claves de su éxito. En una segunda fase tras las acampadas, el movimiento se dirigió a los barrios y decidió observar su realidad e intervenir en ella. Y eso fue un salto cualitativo importante. La gente hoy siente menos miedo que ayer porque sabe que no está sola ante unas situaciones que son colectivas.  Sin embargo, hay un miedo primitivo en nuestra sociedad que está lejos de haberse disipado: el miedo a quedarse sin empleo. Dicho de otro modo: el derecho de vida o muerte que poseen quienes ostentan los medios de producción sobre los y las asalariadas. Ese miedo, que está en el origen mismo de la dominación capitalista, no ha disminuido ni un ápice desde el 15 de mayo de 2011. Hace falta por tanto, una tercera fase que acerque el movimiento a los centros de trabajo, lo cual, evidentemente no es tarea fácil.  La consigna de Huelga General por parte del 15-M posee unas potencialidades interesantes de investigar a este respecto. Por un lado, dicha consigna plantea la dificultad de dar con la fórmula de cómo un movimiento social logra arrancar una fecha de huelga general: ¿Con qué sindicatos? ¿Con qué trabajadores? ¿Qué papel respecto de los trabajares organizados? En definitiva, la consigna de Huelga General obliga al movimiento a plantearse qué relación y qué acercamiento con el movimiento obrero organizado, lo cual es un objetivo prioritario. Existiendo además un interesante añadido, que es que hoy el 15-M parte con una credibilidad mayor de cara al grueso de la población del que tenían las direcciones sindicales cuando afrontaron el 29-S**. Todo esto, tal y como se hizo constar por las declaraciones de Toxo y Méndez el 20J, pone en un aprieto muy serio a las burocracias sindicales que habían intentado convencer a su afiliación de que el pensionazo firmado era la mejor salida dado que no existía posibilidad de movilización social. El 15-M los sonroja y con razón. Reforzar las confianzas y los intereses colectivos entre los y las trabajadoras también en los puestos de trabajo, a la par que se dan saltos cuantitativos conectando el barrio a las empresas es un objetivo que puede cumplir a la perfección la consigna de Huelga General, máxime cuando el otoño se nos augura calentito.

Conclusión

Cuando existe tanta intencionalidad por parte de ciertas esferas del poder en que el 15-M se convierta en partido, hay que entenderlo en los justos términos: dejad de dar la brasa en los barrios, convertíos en partido que se presenta a las elecciones y convertid vuestras reivindicaciones, no en democracia popular ni en acciones reivindicativas, sino en propuestas de ley. Esto es, en pocas palabras, la muerte del movimiento. Sin embargo, hay que entender que más allá de lo que los Rubalcabas y Rajoys pidan al movimiento y de su estrecha comprensión de lo que es un partido, el proceso del 15-M tiene una potencialidad creadora y podría ser el efecto fundador, sino ya de un polo anticapitalista amplio, al menos de una unidad de acción y creación que nos sitúe a los de abajo en mejor situación política. Para ello entiendo, pese a mi currículum de desatinos, que debemos meditar sobre cómo, tras el verano, nos adentramos en una tercera fase: el necesario acercamiento a los centros de trabajo y al movimiento obrero organizado. En ella, la consigna de Huelga General se posiciona como la más favorable.

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*Si algo ha puesto la gestión de la crisis sobre la mesa, es que el modelo económico no es neoliberal, puesto que no tiene ningún reparo en el intervencionismo estatal, cuando éste va dirigido a salvar las ganancias de las clases dominantes. Estamos pues ante un estado neoliberal para los pobres e intervencionista para los ricos: privatizar ganancias y socializar gastos.

**Cabe destacar que hoy la credibilidad social de las direcciones de CC.OO. y U.G.T. es tanto menor que antes del 29-S debido a la firma del pensionazo, lo cual es una seria dificultad ante la posibilidad de una futura Huelga General convocada desde ambas centrales sindicales. Tal es el sentido de que sea el 15-M, quien hoy ostenta una gran credibilidad social, quien empuje en esa dirección.

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3 comentarios

  1. Anónimo said,

    julio 20, 2011 a 9:15 am

    Genial Javi, muy bien argumentado y con ese toque personal tuyo que te caracteria y me encanta.
    Me doy por aludido en la necedad inicial y estoy de acuerdo en la huelga general desde el 15-M!!!
    Te echaba de menos,
    Kike

  2. Anónimo said,

    julio 20, 2011 a 10:35 am

    Escalado el muro, tras un inicio dubitativo y arriesgado (del riesgo y los errores parten los mejores avances -resiliencia política activista); en base a buenos anclajes has vislumbrado…otro muro?. Descansemos, que no parar, contemplando lo escalado a la sombra de ladrillos que esperan tu huella.

  3. agosto 22, 2011 a 11:27 am

    El anticapitalismo no es la respuesta, destruira tambien el movimiento. El 15m solo puede triunfar si es integrador, y el anticapitalismo no lo es. Por lo menos, me sorprende y me contenta que entiendas que un partido sera tambien la muerte del 15m


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