CARTA ABIERTA A LAS Y LOS SINDICALISTAS. Asunto: Plan de ajuste

Desde hace mucho tiempo, entre las diferentes siglas sindicales ha pesado más el sectarismo que el ánimo en la creación de un patrimonio de lucha común. Sabemos que no corren tiempos para cabalgar en solitario. Este es sin duda uno de los momentos de la historia recientes más duros para la clase trabajadora en todo el estado. Venimos de un periodo de crecimiento tras el cual hemos perdido poder adquisitivo mientras la burguesía tomaba baños de oro. El mileurismo, el precio de la vivienda, el aumento de la jornada laboral, el trabajo basura, el no llegar a fin de mes eran ya una realidad importante dentro de la clase trabajadora aún antes de comenzar la crisis (fundamentalmente jóvenes, mujeres e inmigrantes), cuando las orgías de beneficios eran una tónica general en las bolsas de todo el mundo. Y desde esa posición de derrota comenzamos la andadura como clase social en momentos de crisis, en los que por su puesto los señores del frac poco han tardado en hacerla cargar sobre nuestros hombros. Estamos en tiempos de urgencia social aún antes del tijeretazo, el cual representa una duro golpe para trabajadoras y trabajadores de cualquier sector, ya sea público o privado, pues sabemos que el salario en la función pública y el de los jubilados es uno de los principales referentes a la hora de negociar las subidas salariales en los convenios colectivos.  Es decir, gran parte de los convenios colectivos que se estén firmando esta misma semana, llevarán asociado un recorte salarial.

No quiero dirigirme a ningún sindicato en concreto con esta carta, pero sí a todos los y las sindicalistas que pudieran leerme, independientemente de cuáles sean las siglas con las que trabajen. Sabemos que sólo un proceso iniciado con una Huelga General en todos los sectores será la vía para poner fin al plan de ajuste y salir reforzados como clase, al menos en el plano orgánico. Sabemos que sólo una victoria de esas características pudiera ser el principio del fin de dos décadas de derrotas y pérdidas de la clase trabajadora y de profundización en la pesadilla neoliberal. Ayer, las direcciones de CC.OO. y U.G.T. dejaron claro su intención de no convocar una Huelga General más allá de la huelga en la función pública del 2 de junio. Pero, como sabemos, no todo se puede teledirigir desde un despacho, y los procesos pueden superar las intenciones de quienes intentan apagar un fuego que han encendido sobre nuestras cabezas.

Si somos conscientes de la importancia de una Huelga General en un momento de cabreo masivo de la gente trabajadora y de impopularidad del Gobierno, sabremos también que es momento de dejar a un lado los recelos y desconfianzas que nos pudieran generar gentes que vienen de otras siglas sindicales. A mi organización (Izquierda Anticapitalista) se le ha tachado muchas veces de no querer la unidad política en el plano orgánico y siempre hemos contestado en la misma línea: primero unidad en las luchas, en la calle, creación de patrimonio común, reconstrucción de conciencia de clase con victorias palpables por todos y por todas, sólo así podremos gestar nuevos sujetos políticos. Pues bien, ha llegado el momento. Este es el más claro ejemplo en los últimos tiempos que pide a gritos la unidad de toda la izquierda sindical y política para hacer frente a un retroceso histórico de las condiciones de la gente asalariada.

Sabemos que las direcciones de UGT y CC.OO. no están por la labor. Pero también sabemos que estas direcciones viven en un delicado equilibrio fácil de romper en estos momentos en que pudieran ser ellos los que en el imaginario colectivo quedaran como principales co-responsables del plan de ajuste.  Sindicalistas de CGT, de la Confederación Intersindical, del SAT, de CNT, de USO, CoBas, MATS, CTA y demás sindicatos minoritarios (sin pretender que minoritario tenga ningún sentido negativo) que pudiera haberme dejado en el tintero debido a que me es más familiar la realidad en la que milito. Pero, insisto, no debemos olvidar tampoco sindicalistas de CC.OO. y de U.G.T. que tuvieran la firme convicción de la convocatoria de una Huelga General. Habrá, no sólo sindicalistas, sino secciones sindicales enteras de los sindicatos mayoritarios dispuestas a trabajar ya hacia una Huelga General. Parte de las bases que no comprenderá que el día 2 de junio sea un día de punto final y estén dispuestas a escuchar y profundizar la lucha. Ni el sindicalismo crítico fuera de los sindicatos mayoritarios, ni dentro de los mismos ha conseguido dar los frutos esperados para la clase trabajadora. Es pues un momento de superar las siglas y organizar coordinaciones intersindicales en todas las localidades en las que esto sea posible, con la única fidelidad puesta en la defensa de los intereses de las y los de abajo, que somos nosotros mismos.  La convocatoria de Huelga General no debe considerarse patrimonio de nadie, sino que debe verse como una vía de generar ese proyecto común que tanta falta nos hace.

Y por supuesto, en este proceso, no debemos olvidar la necesaria unidad de las organizaciones políticas y gentes de izquierdas que consideren el plan de ajuste como un histórico paso atrás en los intereses generales de la clase trabajadora.

Ya sé que no soy nadie para escribir esta carta. Pero me van a permitir un momento de osadía impulsada por la rabia que llevo gestando estos días. No quería terminar sin referirme a las realidades de Euskadi, de Catalunya o de Galiza. Países en los que la realidad es más compleja y en los que los intereses de clase están cruzados por otro tipo de sentires mayoritarios, debido a la cuestión nacional. No soy quien para pedir nada. Pero, si realmente consideramos éste un ataque sin precedentes a la clase trabajadora, no podemos olvidar aquellas realidades en las que la conflictividad social y la vigorosidad sindical son de las más potentes en el panorama estatal. Este ataque, teledirigido por el FMI, la Casa Blanca y el BCE, viene directamente desde la Moncloa, por lo que la respuesta, entiendo, habrá de coordinarse entre todos los pueblos que hoy forman el estado español, entre todas las gentes hoy afectadas. Habrá que buscar la manera de coordinarse con aquellas realidades a las que se les niega hoy el legítimo derecho a la autodeterminación, pero si todos comprendemos las dimensiones y alcance del plan de ajuste, habremos de hacer un esfuerzo a ambos lados para defender unos intereses comunes de clase e ir tejiendo lazos de solidaridad entre pueblos. Comenzar a dar pasos en este sentido es también comenzar a romper tabúes propios y ajenos que nos permitan dar verdaderos saltos cualitativos.

Hoy más que nunca: ¡Unidad sindical hacia la Huelga General!

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