McAPITALISMO

TROTSKY Y LA VIOLENCIA INDIVIDUAL

trotskiA raiz de determinados artículos de opinión que han aparecido en los últimos meses criticando a determinadas opciones de la izquierda transformadora de no ser izquierda transformadora por no ejercer lo que algunos denominan como “violencia revolucionaria” cuando se refieren al terrorismo individual, he creído conveniente desempolvar un texto de León Trotski titulado “La posición marxista acerca del terrorismo individual” publicado en 1911. Concretamente el texto que cuelgo fue  re editado hace ya algunos años por la revista Laberinto.

A pesar de que entiendo que quien plantea tal trampa argumental, que se puede resumir en: “si no estáis en la cárcel, no sóis comunistas”, no posee hoy la capacidad de polarizar el debate en estos términos dentro de la enclenque izquierda transformadora, de la que Izquierda Anticapitalista se siente parte, he creído conveniente recuperar este texto por una razón muy sencilla: pensar de una manera política en el tema del terrorismo individual, en lugar de hacerlo desde el moralismo que nos llega desde otros intereses. Más que para ellos, lo hago para nosotros mismos.

La grandeza de los escritos políticos no está en el cómo fueron redactados, sino en cómo el análisis que va de lo general a lo concreto es capaz de abarcar el corazón de un problema de manera tal, que el propio escrito, salvo por el lésico coyuntural, permance cuasi-vigente mientras permanecen las contradicciones que le dieron vida. Este es el caso del presente texto. Pepe Gutiérrez dijo una vez que  a los grandes hay que releerlos constantemente, porque sus escritos cambian conforme cambia la realidad. El estado español del 2009 no es la Austria de 1911, sin embargo el texto es perfectamente comprensible desde una óptica marxista aquí y ahora, aunque el autor y nosotros tengamos coordenadas y conclusiones diferentes.

LA POSICIÓN MARXISTA ACERCA DEL TERRORISMO INDIVIDUAL

DEL TAJO A LA TUMBA

presentacion1Lo que en su momento supuso una conquista social sin precedentes está a punto de desaparecer como tantos otros derechos. La actual crisis económica pone las bases para que el aumento voluntario de la edad de jubilación deje de tener el atributo de “voluntario”. Una vez más, los y las trabajadoras somos culpables de esta crisis. Lo ha dicho el presidente del Banco de España: el superávit de la seguridad social está en peligro, lo que a su vez pone en peligro el sistema de pensiones. Las medidas sugeridas han sido el aumento de la edad de jubilación y la reducción de las prestaciones por jubilación contabilizando para ello toda la vida laboral en lugar de los últimos años. Esta mañana el líder socialisto José Blando ha dicho que una persona de 65 años está perfectamente capacitada para seguir trabajando, dando credibilidad así a las propuestas de Ordóñez.

En plena época de expansión económica se vio necesario aumentar la edad de jubilación de forma voluntaria a los 65 años, aludiendo que era una reforma necesaria para asegurar el sistema de pensiones de la seguridad social. El primer año de crisis estamos de vuelta con los mismos argumentos, aludiendo exactamente lo mismo. El ambiente cambia, las recetas permanecen: profundizar en la contrarreforma neoliberal que haga remontar la tasa de ganancia de las clases dominantes. Diez años de crecimiento económico sin precedentes en el caso del Estado Español no pueden soportar el primer año de crisis. El problema tanto hoy como ayer sigue siendo el mismo. No es el volumen de las prestaciones de los trabajadores y las trabajadoras ni la carga de los cada vez más mermados servicios públicos. Lo que pone en peligro el sistema de pensiones se llama capitalismo: la avidez de las clases dominantes por quedarse con trozos cada vez más grandes del pastel como receta tanto en tiempos de crecimiento como de crisis. Una receta mágica, fundamentalmente en estos tiempos de globalización neoliberal. Una huida hacia adelante de esa ola histórica que ha perseguido al capitalismo desde su origen: la tendencia a la reducción de la tasa de beneficio.

Al detalle, los culpables no son ni Manolo, el vecino del quinto; ni María, la dependienta de la tienda de la esquina. Los de abajo no hemos puesto en peligro absolutamente nada, sólo hemos vivido de la única forma que nos han permitido vivir. Las reformas laborales que se han sucedido desde los años 80 han tenido una significación importante en las cotizaciones a la seguridad social. Entre ellas hay que señalar que las más hostiles para la clase trabajadora han sido aprobadas por gobiernos socialistas, que han sido utilizados por las clases dominantes como bisagras que abrían las puertas a las bestias de las precariedad laboral y la contratación basura, bestias que la derecha ha sabido perfeccionar en las reformas y acuerdos comprendidos entre 1996 y 1997, principalmente. La derecha y la socialdemocracia han sido dos grandes compañeros en este viaje al sueño neoliberal. Así, las reformas del 92 y del 94 del gobierno González actualizaron la reforma frustrada del 89 y moldearon lo que hoy se conoce como contratación basura, subcontratación laboral y trabajo precario. Formas contractuales, en definitiva, que por sus características especiales poseen una cotización reducida. Por otro lado, la reforma del gobierno Zapatero del 2005 perfeccionó esta situación, ampliando el contrato indefinido de fomento de empleo, que posee una menor cotización a pagar por el patrón. Es decir, en plena época de crecimiento económico, lo que los socialistas plantearon es que el capitalista debía reducir su contribución patronal (que es también salario) al erario público. Ahora, en época de crisis (conste que aún no hemos entrado en recesión) lo que se plantea es que para compensar todos los regalos que en materia laboral se han hecho a las clases dominantes durante los últimos 20 años, el trabajador debe cobrar una pensión más baja y trabajar durante más años. Durante el periodo de bonanza, la hucha de las pensiones no creció todo lo que pudo crecer por las sucesivas reformas que reducían el montante total de los salarios. Ahora resulta que ante una desaceleración económica, son los y las pensionistas los culpables de poner en riesgo el sistema de pensiones y la clase trabajadora quien ha de pagar la factura del capital. Lo dicen los que saben de números: para este sistema la persona que no está produciendo no es persona.

En EE.UU. el aumento voluntario de la edad de jubilación se convierte en obligatorio debido a la inexistencia de seguridad social, lo que obliga a gran parte de la clase trabajadora a trabajar de forma “voluntaria” hasta su muerte para poder tener seguro médico. La contratación de estas personas, a su vez tiene beneficios fiscales para el patrón, por lo que es común que en las grandes superficies como Wall Mart, una parte importante de la plantilla sean trabajadores y trabajadoras de más de 60 años. Es este un ejemplo de cómo se combinan las contrarreformas laborales con el desmantelamiento de los servicios públicos para hacer de toda la vida del trabajador o trabajadora tiempo en el que poder extraer beneficio para la clase burguesa. Puedes elegir entre postergar tu jubilación o morirte de un resfriado. Difícil elección.

La desestructuración del movimiento obrero en el estado español ha permitido que podamos colgarnos la medalla de ser el único país de la OCDE en el que los salarios reales han disminuido durante la última época de expansión económica. El deterioro de los servicios públicos se hace patente en todo el estado y fundamentalmente en la comunidad de Madrid. Las clases dominantes aprovecharán la crisis para volver a ganarle terreno al trabajo, ya sea mercantilizando los servicios públicos, aumentando la vida laboral, disminuyendo las pensiones o reduciendo el salario (como ha ocurrido en la SEAT de Martorell). Los y las de abajo tendremos que comenzar a decir no, a irrumpir en la vida política y concretar nuestras propuestas. Nosotros y nosotras también sabemos de esfuerzo porque somos quienes ponemos en marcha este sistema de lunes a domingo. Nosotros y nosotras también sabemos de economía porque somos quienes llegamos a fin de mes con las migajas del capital. Nos corresponde a las y los de abajo decidir sobre nuestras vidas. Este primero de mayo se presenta como una oportunidad en la que poder remontar el bache en el que está sumido el movimiento obrero. Es hora de plantearse el horizonte de una huelga general y no permitir que esta crisis se utilice como la enésima escusa para actualizar el programa neoliberal contra los servicios públicos y los salarios. Sin dirigismos, pero sin sectarismos.

NOSOTRAS QUE NO SOMOS NADIE SOMOS TODAS