LA IZQUIERDA REVOLUCIONARIA ANTE EL RETO DE LAS EUROPEAS. Una visión materialista del asunto

demoTomás pensaba que vivía en una Fundación idílica, dentro de la cual su única preocupación era la de escribir su primera novela. No desvelaré el final de la obra de “La fundación” de Buero Vallejo, pero diré que finalmente Tomás no vivía en ningún lugar idílico ni, por supuesto, estaba allí para dar rienda suelta a sus deseos literarios. La realidad se desvela con toda su crudeza y hace que el personaje recupere la visión realista de aquello que le rodea. Hay episodios de la realidad que nos muestran las contradicciones con una tridimensionalidad digna de pasearse por los estrenos cinematográficos de los viernes. En ocasiones, dichos episodios son trágicos, lo cual nos ayuda a verlo todo con una claridad infinita. La crisis actual es, en parte, uno de esos trágicos episodios, que a pesar de todo, nos muestra la realidad en toda su desnudez.

No es la primera vez que se escuchan los sonidos estertores del capitalismo, aquél cuyas crisis ya eran denunciadas por Karl Marx como las más demenciales de la historia, ya que ocurrían justo cuando existía un gran número de mercancías producidas y no cuando había escasez de las mismas. Pero la actual crisis no es más que una secuela de aquella gripe mal curada de los 70´, ante la cual el capitalismo decidió básicamente declararle la guerra a la clase trabajadora y posteriormente buscar aquella rentabilidad no encontrada en la economía real ampliando los mercados financieros. Las respuestas ante la crisis entran dentro de la lógica de esta nueva era. Es éste uno de esos episodios que nos sacuden de forma tal que nos obligan a mirar la realidad sin las máscaras con la que nos la muestra la ideología dominante. Resumiendo: ¡Producid beneficios malditos! ¡Y si no, idos al carajo! Así es y así ha sido siempre, y cuando no lo ha sido es porque algún miedo les obligaba a dar prebendas a aquéllos y aquéllas quienes ponemos en marcha este planeta de lunes a domingo y fiestas de guardar.

Estamos lejos de dar miedo, siquiera un tímido susto que erice el bello de los más temerosos. El PSOE ya hace tiempo que se plegó a los intereses neoliberales y anda por ahí en la ardua tarea de ir poniendo parches a un modelo socio-económico imparcheable. Izquierda Unida cogestiona el modelo allá donde puede, girando alrededor del geocentro socialista. Lo hemos visto en el Gobierno central y los actuales gobiernos de Cataluña y País Vasco: cada vez que la izquierda a la izquierda del PSOE cogestiona el modelo, una nueva derrota y decepción se ciernen sobre los hombros de la gente trabajadora. Las herramientas políticas de la clase obrera hoy están más pulverizadas que nunca. No tenemos armas ni para atracar a un viandante, por lo que hacer frente al ejército político de la burguesía se convierte en un sueño demasiado grato como para ser real.

Pero una vez hecho el diagnóstico, es obligatorio aportar la estrategia política necesaria para reconstruir una izquierda política de corte revolucionario. El pesimismo nunca fue para los vivos.

Coincidiendo con la crisis del movimiento obrero en los años 90, una nueva forma de internacionalismo nació reformando la lógica de las luchas y llevándolas más allá de lo meramente laboral, y en ocasiones enfrentadas con la lógica de esto último. Nacía en Seattle un nuevo movimiento que ha tenido varios nombres desde antiglobalización hasta la altermundialización. Esas nuevas luchas, no solamente fueron un refugio para gran parte de la izquierda revolucionaria, sino que además en ellas ha nacido toda una generación militante que hoy día representa el relevo generacional dentro del espectro de la izquierda anticapitalista. Si sumamos esto último al revulsivo que supuso y están suponiendo en el movimiento estudiantil las políticas educativas del Partido Popular y de la Unión Europea, tendremos una historia más o menos fidedigna de gran parte de la militancia del Espacio Alternativo. El informa Bricall, la LOU, Génova, la guerra de Iraq, la Constitución Europea y el proceso de Bolonia, todo ello resuena en nuestras cabezas como momentos álgidos de nuestra vida militante. Hemos sido animadores de la izquierda social durante la última década, hemos buscado la unidad de acción en los movimientos para impulsar dinámicas de lucha y de auto-organización de las clases populares, hemos cometido errores y aciertos porque somos hombres y mujeres. Y de las luchas sociales, estudiantiles y sindicales ha emergido una organización que se va consolidando día tras día, dando saltos cualitativos en cada nueva batalla. Y sin quererlo, nos hemos acercado a un abismo y tenemos que decidir si seguir hacia delante o echar el freno momentáneamente.

Esta crisis es, en general, muy distinta al resto de las crisis que han ocurrido a lo largo del capitalismo. La principal diferencia es que no existe ningún referente político para la gran mayoría de la sociedad que esté a la altura de plantear una ruptura con la lógica que nos ha llevado ante esta situación desesperada. Las organizaciones trotkistas ya no somos la “mosca cojonera” de un movimiento obrero fuerte y articulado, sino que estamos solos en la chatarrería del movimiento obrero junto a otras pequeñas organizaciones y junto a aquellos despojos de la III Internacional que se resisten muy dignamente a integrarse en el sistema. La situación es extraordinariamente diferente. Nuestras voces resuenan en el espacio político a la izquierda de la antigua socialdemocracia, el cual se nos torna inconmensurable.

Hay pues una necesidad, una obligación de transformarse en izquierda política, de elaborar todo aquello que aprendimos en las luchas e integrarlo en un programa político que señale que efectivamente hay otros caminos y otra forma de hacer las cosas, que no estamos atrapados en el capitalismo y que podemos y debemos romper con su lógica señalando los antagonismos que pongan en evidencia día tras día que la única salida que tenemos las y los trabajadores es la de oponerse a este modelo de miseria y barbarie. Sólo así podremos reconstruir una conciencia que haga posible pensar en otro modelo de sociedad hecho por y para la mayoría.

Pero el tiempo no es lineal, y a la izquierda revolucionaria se le plantean dilemas sobre los cuales ha de decidir. En un momento en que se abre un espacio político amplio a la izquierda de IU y donde la crisis hace mella en la mayoría de la sociedad, es cuando le realidad nos pone delante de nuestras narices las elecciones europeas. Un momento de vértigo al que debemos darle respuesta. Quizá las elecciones europeas sean esa palanca que nos permita dar el salto hacia una izquierda política. Un salto que ha de entenderse desde una lógica revolucionaria y no desde una lógica electoralista. Vamos a las elecciones para dar forma política a las luchas que impulsamos como militantes de una organización revolucionaria. Vamos para aprovechar la caja de resonancia que nos permita ampliar los ecos de nuestro discurso político más allá de nuestro ámbito inmediato. Vamos porque Tomás empieza a percatarse de que no vive en el paraíso y de que la feroz realidad le devora hasta el último gramo de su dignidad, por eso éste es el momento de dar un salto hacia la madurez política y ser capaces de disputar ese espacio político a la izquierda de lo posible frente a otros discursos de tipo neo-keynesiano que insisten una y otra vez en que el camino es el de domesticar a esa bestia que crisis tras crisis jamás le importó mandar al traste a la inmensa mayoría de la población mundial.

Por supuesto que el camino está lleno de retos. Por supuesto que nos hubiera gustado afrontarlo con otras condiciones. Por supuesto que desconocemos las consecuencias. Pero no nos engañemos, en el caminar de una organización revolucionaria no existen sendas, ni etapas, ni atajos. Quizá cuando estemos mejor preparados orgánicamente, presentarnos a unas elecciones no tenga el significado e importancia que tienen hoy. Ir a las europeas en este momento significa comenzar a aparecer como un referente político, pequeño, pero referente al fin y al cabo, con un discurso diferenciador respecto del resto de la izquierda, que no asuma la cogestión con el social liberalismo, que critique duramente a las burocracias políticas y sindicales y que actualice ante la crisis un programa de transición en constante cambio. Esto nos obligará a estar más pegados a la realidad y más conectados con las luchas, las mismas que seguiremos impulsando en contra de las lógicas institucionales que intentan constantemente digerirlas dentro del estómago del Estado. Porque finalmente tenemos el firme convencimiento de que la emancipación de la clase trabajadora será obra de ella misma. Sólo desde este prisma sería lícito ir a las elecciones europeas. El resto de lógicas electoralistas no tienen nada que ver con Tomás y por tanto nos han de importar carajo y medio.

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2 comentarios

  1. borchequique said,

    noviembre 8, 2008 a 1:47 pm

    Ya se habla de la elecciones europeas como una lucha más sin gastarse grandes dineros que una organizacion obrera y/o revolucionaria tenga, el fin en sí mismo no son las elecciones sino la lucha política y poner en la calle y llegar a la clase obrera y movimientos sociales un discurso claramente antiimperialista en este caso que es la UE… más dificil será que lo más sano que está en la real izquierda, la independiente del sistema y que reniega de la “tra(si)ición” y del estado de derechas en el que vivimos encuentre espacios de unión y lucha común… todavia hay mucho de mirarse al ombligo y cliches que nada tienen que ver con las contradicciones en las que vive y se desarrolla el debil movimiento obrero y sinidical para las tareas que se deberia de poner como metas: la recuperación de su base social gracias a un red de tejido social altenativo al sistema que haga de contrapoder popular y transforme la sociedad y al pueblo trabajador como sujeto politco independiente de los falsimedia y los socialtraidores de los socialdemocratas… esperemos que mas pronto que tartde nos encontremos juntos, desde cada uno sus diferencias políticas, en las alamedas que el hombre y la mujer libre recorran de nuevo…

    salú y revolucion

    der quique

  2. luca said,

    noviembre 9, 2008 a 2:20 pm

    “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”… nosotr@s sabemos la cumbre que queremos alcanzar, pero sí es verdad que la senda por la que tenemos que pasar tiene muchos recodos, está empinada y no permita ver más allá de unos metros… así que lo único que nos queda es dar el paso, y con una sana locura revolucionaria hacer frente a los obstaculo que se nos pondrán en medio … y aun así, el reto merece la pena. ¿Qué opinaría Lenin bajo la represión de Kornilov en verano del ’17, a pocos meses del Octubre? O, como te gusta citar a tí, ¿quién habría imaginado que la Francia aburrida de finales de los años ’60 al cabo de unos días se tornaría el foco de la revuelta estudiantil? Así que manos a la obra… tenemos una cita con las generaciones pasadas, para rescatarlas del olvido al que las clases dominantes las relegaron… la actualidad de la revolución no consiste en la certidumbre de un mundo paradisíaco futuro, sino en la conciencia de la insostenibilidad del capitalismo y de la necesidad de su superación.
    Felicidades por el blog y tu estilo de escritura, único y cautivador.

    Luca

    “La conciencia de hacer saltar el continuum de la historia le es peculiar a las clases revolucionarias en el instante de su acción”
    Walter benjamin


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