ESPACIO ALTERNATIVO DA UN PASO AL FRENTE

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El día 22 de noviembre, más de 60 delegados y delegadas de varios puntos del Estado Español, se reunieron en Madrid y constataron una trayectoria que afianza al Espacio Alternativo en su camino hacia la consolidación política. Los debates mostraron una diversidad de opinión que es un buque insignia de muchas de las organizaciones provenientes de la IV Internacional. El compromiso de las y los militantes de asumir como un proyecto común los resultados de la Conferencia también es un signo esperanzador que indica que en los últimos tiempos se dan pasos de gigante hacia la madurez política.

Las elecciones europeas se divisan como un horizonte en el cual poder plantear un programa político en ruptura con el capitalismo, que denuncie la construcción de la Europa neoliberal que pretende consolidarse como potencia económica y militar a costa del aumento constante de la explotación laboral y de la apropiación del salario diferido. En un momento de crisis económica, desorientación de la clase trabajadora y de abandono total de la realidad por parte de la izquierda oficial, las elecciones europeas se perfilan como un marco en el que poder comenzar a construir una alternativa política anticapitalista.

También decimos adiós al nombre de Espacio Alternativo, que jugó un papel cuando no éramos sino una corriente dentro de la ya vagabunda Izquierda Unida. Tras la salida total de la coalición de izquierdas y después de avanzar hacia la construcción de una alternativa política de la izquierda revolucionaria independiente de IU, el antiguo nombre no representaba ya esta nueva etapa. El nuevo nombre elegido es el de Izquierda Anticapitalista. A pesar de que este nombre no es del gusto de un servidor, Izquierda Anticapitalista representa infinitamente mejor que el antiguo nombre la nueva etapa en la que entra y en la que se mueve la organización.

El periódico cambia también de nombre como consecuencia del cambio de forma y fondo que viene desarrollándose ya desde los últimos meses a fin de adecuarse mejor a su utilidad como herramienta de una organización militante. Se sustituye por tanto el anterior y anodino nombre de Corriente Alterna por el de Combate XXI (por el Socialismo del siglo).

Elecciones europeas, Izquierda Anticapitalista y Combate XXI. Cambios ante la nueva realidad y los viejos y nuevos retos que se le plantean a una izquierda revolucionaria que hoy como ayer tiene ante sí la única tarea de que la mayoría de la sociedad sea dueña de su vida y de su destino colectivo.

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“VAMOS A TENER QUE TRABAJAR MÁS PARA GANAR MENOS”

fordrenaultNi más, ni menos. Estas son las palabras de Juan Manuel Machado, presidente de Ford España en un encuentro de empresarios de la automoción. Y por si había algún periodista despistado en la sala, añade: “Es así de simple. Vamos a tener que trabajar más y no ganar lo mismo, vamos a tener que ganar menos. ¿Para qué? Para conservar lo que tenemos” nos guste o no nos guste. O sea, que para salvar lo que tenemos hay que trabajar más, ¿Habéis entendido? ¿Qué os pensabais? ¿Qué la factura de la crisis la iban a pagar los beneficios empresariales? Vais listos, egoístas insolidarios que nada más que miráis por vuestros salarios ¿Qué creíais: que las vacaciones en Puerto Banus de vuestros jefes y jefas se pagan solas? ¡Un poquito más de solidaridad con el patrón, hostia!

Pero ¿qué es lo que tenemos? ¿Qué es eso que hay que conservar? Me autoanalizaré: el piso que tengo es alquilado, el coche que conduzco no es mío, ummmm ¿Se referirá al portátil, el saxofón y la bicicleta? Pues casi prefiero devolverlos antes que trabajar más y cobrar menos, creo que no me renta. Pero un momento; si la mayoría de las viviendas de la gente trabajadora, sobre todo de la más joven, pertenecen al banco ¿Qué es eso que queremos conservar, por lo cual debemos trabajar más cobrando menos? Porque tal vez a lo que el señor Machado se refiere que debemos conservar no pertenezca a la mayoría de la clase trabajadora, sino a una minoría de la sociedad a la que representa como vocero de la patronal del automóvil. Vuelvo, por tanto, a hacer un llamado a la solidaridad con la clase adinerada: ¡Arrimemos más el hombro para conservar sus joyas, chalets, yates y hoteles con spa!

En la misma rueda de prensa, Juan Antonio Fernández, presidente de Renault España, clama ayuda del Gobierno porque según él no hay empresa que resista una caída de las ventas del 40% como está ocurriendo en el sector del automóvil. Erre que erre (o más bien ERE que ERE). La patronal de la automoción lleva desde 2005 con la intención de bajar los salarios y aumentar la jornada de trabajo. Y esto lo hace con lloriqueo variable: antes eran los bajos costes laborales de Europa del Este y ahora la bajada de las ventas. También podemos justificar los ataques al salario cuando el viento viene de poniente, de levante, cuando hace frío o cuando entramos en cuarto menguante. Para estos tipos todo es válido para justificar Expedientes de Regulación de Empleo (traduzco extirpando eufemismos: despidos en masa) y reducciones salariales. Si además conseguimos que el Gobierno nos dé un dinerillo, ahora que tiene manga ancha con los más necesitados (bancos, especuladores y demás roedores y alimañas), pues mejor que mejor. Cuando en plena época de bonanza económica no se ruborizaban intentando atacar al salario y a los derechos laborales, mucho me temo que en tiempo de crisis nos tendremos que contentar con que no nos den con la fusta mientras trabajamos de sol a sol (respecto al horario de verano, claro).

Bueno, ya está bien de leer blogs rojillas y poneos a trabajar, leche. Atajo de vagos que estáis hechos. Id aprendiendo a realizar la fotosíntesis si queréis conservar esa vivienda propiedad del banco, bajo cuyo techo osáis dormir (tiempo en el que no estáis produciendo, pandilla de gandules), porque quizá el salario-propina no dé para comer durante todo el mes. Venga: a conservad las sortijas del patrón. ¡Como se nota que no tenéis ni idea de economía!

LA IZQUIERDA REVOLUCIONARIA ANTE EL RETO DE LAS EUROPEAS. Una visión materialista del asunto

demoTomás pensaba que vivía en una Fundación idílica, dentro de la cual su única preocupación era la de escribir su primera novela. No desvelaré el final de la obra de “La fundación” de Buero Vallejo, pero diré que finalmente Tomás no vivía en ningún lugar idílico ni, por supuesto, estaba allí para dar rienda suelta a sus deseos literarios. La realidad se desvela con toda su crudeza y hace que el personaje recupere la visión realista de aquello que le rodea. Hay episodios de la realidad que nos muestran las contradicciones con una tridimensionalidad digna de pasearse por los estrenos cinematográficos de los viernes. En ocasiones, dichos episodios son trágicos, lo cual nos ayuda a verlo todo con una claridad infinita. La crisis actual es, en parte, uno de esos trágicos episodios, que a pesar de todo, nos muestra la realidad en toda su desnudez.

No es la primera vez que se escuchan los sonidos estertores del capitalismo, aquél cuyas crisis ya eran denunciadas por Karl Marx como las más demenciales de la historia, ya que ocurrían justo cuando existía un gran número de mercancías producidas y no cuando había escasez de las mismas. Pero la actual crisis no es más que una secuela de aquella gripe mal curada de los 70´, ante la cual el capitalismo decidió básicamente declararle la guerra a la clase trabajadora y posteriormente buscar aquella rentabilidad no encontrada en la economía real ampliando los mercados financieros. Las respuestas ante la crisis entran dentro de la lógica de esta nueva era. Es éste uno de esos episodios que nos sacuden de forma tal que nos obligan a mirar la realidad sin las máscaras con la que nos la muestra la ideología dominante. Resumiendo: ¡Producid beneficios malditos! ¡Y si no, idos al carajo! Así es y así ha sido siempre, y cuando no lo ha sido es porque algún miedo les obligaba a dar prebendas a aquéllos y aquéllas quienes ponemos en marcha este planeta de lunes a domingo y fiestas de guardar.

Estamos lejos de dar miedo, siquiera un tímido susto que erice el bello de los más temerosos. El PSOE ya hace tiempo que se plegó a los intereses neoliberales y anda por ahí en la ardua tarea de ir poniendo parches a un modelo socio-económico imparcheable. Izquierda Unida cogestiona el modelo allá donde puede, girando alrededor del geocentro socialista. Lo hemos visto en el Gobierno central y los actuales gobiernos de Cataluña y País Vasco: cada vez que la izquierda a la izquierda del PSOE cogestiona el modelo, una nueva derrota y decepción se ciernen sobre los hombros de la gente trabajadora. Las herramientas políticas de la clase obrera hoy están más pulverizadas que nunca. No tenemos armas ni para atracar a un viandante, por lo que hacer frente al ejército político de la burguesía se convierte en un sueño demasiado grato como para ser real.

Pero una vez hecho el diagnóstico, es obligatorio aportar la estrategia política necesaria para reconstruir una izquierda política de corte revolucionario. El pesimismo nunca fue para los vivos.

Coincidiendo con la crisis del movimiento obrero en los años 90, una nueva forma de internacionalismo nació reformando la lógica de las luchas y llevándolas más allá de lo meramente laboral, y en ocasiones enfrentadas con la lógica de esto último. Nacía en Seattle un nuevo movimiento que ha tenido varios nombres desde antiglobalización hasta la altermundialización. Esas nuevas luchas, no solamente fueron un refugio para gran parte de la izquierda revolucionaria, sino que además en ellas ha nacido toda una generación militante que hoy día representa el relevo generacional dentro del espectro de la izquierda anticapitalista. Si sumamos esto último al revulsivo que supuso y están suponiendo en el movimiento estudiantil las políticas educativas del Partido Popular y de la Unión Europea, tendremos una historia más o menos fidedigna de gran parte de la militancia del Espacio Alternativo. El informa Bricall, la LOU, Génova, la guerra de Iraq, la Constitución Europea y el proceso de Bolonia, todo ello resuena en nuestras cabezas como momentos álgidos de nuestra vida militante. Hemos sido animadores de la izquierda social durante la última década, hemos buscado la unidad de acción en los movimientos para impulsar dinámicas de lucha y de auto-organización de las clases populares, hemos cometido errores y aciertos porque somos hombres y mujeres. Y de las luchas sociales, estudiantiles y sindicales ha emergido una organización que se va consolidando día tras día, dando saltos cualitativos en cada nueva batalla. Y sin quererlo, nos hemos acercado a un abismo y tenemos que decidir si seguir hacia delante o echar el freno momentáneamente.

Esta crisis es, en general, muy distinta al resto de las crisis que han ocurrido a lo largo del capitalismo. La principal diferencia es que no existe ningún referente político para la gran mayoría de la sociedad que esté a la altura de plantear una ruptura con la lógica que nos ha llevado ante esta situación desesperada. Las organizaciones trotkistas ya no somos la “mosca cojonera” de un movimiento obrero fuerte y articulado, sino que estamos solos en la chatarrería del movimiento obrero junto a otras pequeñas organizaciones y junto a aquellos despojos de la III Internacional que se resisten muy dignamente a integrarse en el sistema. La situación es extraordinariamente diferente. Nuestras voces resuenan en el espacio político a la izquierda de la antigua socialdemocracia, el cual se nos torna inconmensurable.

Hay pues una necesidad, una obligación de transformarse en izquierda política, de elaborar todo aquello que aprendimos en las luchas e integrarlo en un programa político que señale que efectivamente hay otros caminos y otra forma de hacer las cosas, que no estamos atrapados en el capitalismo y que podemos y debemos romper con su lógica señalando los antagonismos que pongan en evidencia día tras día que la única salida que tenemos las y los trabajadores es la de oponerse a este modelo de miseria y barbarie. Sólo así podremos reconstruir una conciencia que haga posible pensar en otro modelo de sociedad hecho por y para la mayoría.

Pero el tiempo no es lineal, y a la izquierda revolucionaria se le plantean dilemas sobre los cuales ha de decidir. En un momento en que se abre un espacio político amplio a la izquierda de IU y donde la crisis hace mella en la mayoría de la sociedad, es cuando le realidad nos pone delante de nuestras narices las elecciones europeas. Un momento de vértigo al que debemos darle respuesta. Quizá las elecciones europeas sean esa palanca que nos permita dar el salto hacia una izquierda política. Un salto que ha de entenderse desde una lógica revolucionaria y no desde una lógica electoralista. Vamos a las elecciones para dar forma política a las luchas que impulsamos como militantes de una organización revolucionaria. Vamos para aprovechar la caja de resonancia que nos permita ampliar los ecos de nuestro discurso político más allá de nuestro ámbito inmediato. Vamos porque Tomás empieza a percatarse de que no vive en el paraíso y de que la feroz realidad le devora hasta el último gramo de su dignidad, por eso éste es el momento de dar un salto hacia la madurez política y ser capaces de disputar ese espacio político a la izquierda de lo posible frente a otros discursos de tipo neo-keynesiano que insisten una y otra vez en que el camino es el de domesticar a esa bestia que crisis tras crisis jamás le importó mandar al traste a la inmensa mayoría de la población mundial.

Por supuesto que el camino está lleno de retos. Por supuesto que nos hubiera gustado afrontarlo con otras condiciones. Por supuesto que desconocemos las consecuencias. Pero no nos engañemos, en el caminar de una organización revolucionaria no existen sendas, ni etapas, ni atajos. Quizá cuando estemos mejor preparados orgánicamente, presentarnos a unas elecciones no tenga el significado e importancia que tienen hoy. Ir a las europeas en este momento significa comenzar a aparecer como un referente político, pequeño, pero referente al fin y al cabo, con un discurso diferenciador respecto del resto de la izquierda, que no asuma la cogestión con el social liberalismo, que critique duramente a las burocracias políticas y sindicales y que actualice ante la crisis un programa de transición en constante cambio. Esto nos obligará a estar más pegados a la realidad y más conectados con las luchas, las mismas que seguiremos impulsando en contra de las lógicas institucionales que intentan constantemente digerirlas dentro del estómago del Estado. Porque finalmente tenemos el firme convencimiento de que la emancipación de la clase trabajadora será obra de ella misma. Sólo desde este prisma sería lícito ir a las elecciones europeas. El resto de lógicas electoralistas no tienen nada que ver con Tomás y por tanto nos han de importar carajo y medio.