PERSECUCIÓN POLÍTICA Y NEGACIÓN DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN LA FACULTAD DE CIENCIAS DE GRANADA

A la pérdida de espacios públicos que viene sufriendo el movimiento estudiantil en Granada en los últimos años, debemos sumarle el último episodio de persecución política gravísimo que sufre el movimiento estudiantil crítico a Bolonia por parte del Decanato de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la ciudad nazarí.

Ante la dificultad y retraso, por parte del alumnado y más concretamente por parte de la Coordinadora Sindical Estudiantil (CSE), de poder disponer de un aula para realizar una asamblea informativa sobre las repercusiones del plan Bolonia y la construcción del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), se recurrió a un contacto entre los investigadores de la Facultad para reservar dicha aula. Al ver los carteles que llamaban a la Asamblea estudiantil, comenzó el proceder de los “servicios de inteligencia” del Decanato. A las 19.00 horas, justo cuando debía dar comienzo la Asamblea informativa, solicitaron al investigador en cuestión, quien se encontraba fuera de la Facultad, que aportara en el acto y en persona sus datos personales, sin asegurar que tras ello, se pudiera realizar dicha asamblea. Todo esto bajo el pretexto de un error “técnico” al no coincidir el asunto de la reserva con el título de la charla que los propios alumnos y alumnas de la facultad iban a realizar. Me pregunto si realmente revisan todos y cada uno de los carteles que anuncian actos en la Facultad para ver si coincide el título del acto con el de la reserva o sólo lo hacen con aquellos actos que plantean una disidencia política con la Administración universitaria. Finalmente fue imposible llevar adelante el acto que los estudiantes llevaban planeando hacía unas dos semanas y que traba tras traba los responsables políticos de la Facultad habían impedido por todos los medios.

En la Facultad de Ciencias de Granada a la pérdida de espacios públicos hay que sumarle el boicot y la persecución política del movimiento estudiantil disidente con los planes Bolonia. En dicha Facultad, las únicas voces que el alumnado escuchará referentes al EEES serán las anodinas voces de la Administración que lo único que plantean es que Bolonia es una reforma meramente técnica. El máximo responsable de la Facultad D. Antonio Ríos Guadix habría de poner fin a esta situación de clara persecución política. Éste es un hecho intolerable y gravísimo contra la libertad de expresión del movimiento estudiantil que ha de poner en la agenda la constante denuncia hacia todas aquéllas instituciones universitarias que obren en sus centros cual caciques en sus cortijos. Los estudiantes tienen el derecho de crítica al plan Bolonia y a disponer de los espacios suficientes para llevar a cabo dicha tarea, por mucho que los círculos de poder político universitario se empeñen en silenciar sus voces.

Ahora más que nunca: ¡NO AL PLAN BOLONIA! ¡NO AL ESPACIO EUROPEO DE EDUCACIÓN SUPERIOR! ¡SI A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN!

Anuncios

EN BUSCA DEL TIEMPO INCAUTADO

Las cuestiones de clase se nos colocan delante de nuestro camino. Parece como si todo lo que rodeara nuestra vida tuviera que ver con la cuna en la que hemos nacido, porque finalmente la realidad material condiciona nuestro sino y la forma en la que está estructurada la sociedad atiende a un modelo u otro de ser y sentir individual y colectivamente.

Por el mero hecho de ser clase trabajadora sufrimos el paro, la hipoteca de la vivienda, la precariedad laboral, las jornadas interminables, el moving laboral, la carestía de la vida, etc. Tan sólo una parte de la generación de la clase trabajadora que pudo subirse al tren del escuálido Estado Social, aquél que cuando estaba empezando a gestarse fue devuelto al infierno por las mismas clases sociales que habían decidido ponerlo en marcha, tan sólo una parte de la generación de nuestros padres ha conseguido una seguridad laboral y estatus social con el cual mi propia generación no puede ni alcanzar a soñar. Ese Estado Social acuñó en el imaginario de gran parte de la gente trabajadora, incluso en algunos de los que formaban parte de internacionales obreras, la sensación de que el capitalismo había logrado desarrollar los sueños y necesidades de la Humanidad, se anticipaba la estúpida sentencia del Fin de la Historia. Tras la crisis de final de los años 60 y con la inminente caída del Telón de Acero, las prioridades del capitalismo cambiaron diametralmente. La situación en la que nos encontramos hoy día es prueba de ello. Una vez más, incluso dentro de los países centrales, se hace patente que el capitalismo le declara la guerra a la Humanidad, con la salvedad de que en esta ocasión la guerra también ha sido declarada al planeta.

Marx fue el gran escritor del tiempo. Jamás el tiempo, en su variante social, fue protagonista en tantos ensayos. La ley del valor con la que se desenvuelve la economía de mercado reduce a tiempo el valor de toda mercancía. La lucha de clases puede apreciarse como una lucha por el tiempo. Las clases sociales en contienda se disputan el tiempo con el que la clase trabajadora pone en marcha el sistema de producción y circulación de mercancías. En el momento de la jornada en que un trabajador o trabajadora cubre sus necesidades básicas, comienza la lucha entre el tiempo libre de los productores y la plusvalía de los explotadores. La actual Directiva de las 65 horas indica cuál de las dos clases está arrasando en la batalla del tiempo. Marx concebía el tiempo libre como el vehículo por el cual los hombres y mujeres podrían desarrollarse plenamente. El fin del capitalismo, de la explotación y de la sociedad de clases le otorgaría a la Humanidad la llave del tiempo libre que generaría la realidad social y material capaz de llevarnos al lugar en el que poder desarrollar la felicidad plena, al desembarazarnos del trabajo embrutecedor.

La era neoliberal y la actual crisis económica ponen de nuevo de plena actualidad el discurso de la felicidad. Las filas del paro aumentan mes a mes. La realidad de los y las paradas se hace insufrible, máxime después de toda una década de desregulación del mercado de trabajo que ha reducido en términos globales las indemnizaciones por despido y la cantidad y tiempo a percibir la ayuda por desempleo. La precariedad laboral pone el puntito de incertidumbre necesario en nuestras vidas para que no podamos planificarlas ni en el corto plazo, a la par que nos obliga a mirar una y otra vez los extractos de nuestras cuentas bancarias a partir del día 20 de cada mes, en un intento desesperado de que un milagro del pan y los peces ponga un par de ceros a la derecha de las cifras de nuestros “ahorros”. La hipoteca devora nuestro salario y hace que con la subida de los tipos de interés, un posible desahucio amenace el techo bajo el cual dormimos. Las jornadas laborales de parte de la clase trabajadora hacen que ésta no pueda concebir el tiempo libre sino como descanso para al día siguiente poder volver a poner su fuerza de trabajo a disposición del propietario de la misma. El tiempo libre y las condiciones materiales para poder disfrutarlo no sólo son una necesidad humana realizable de un modelo de sociedad que está por venir, sino que son y han de significar hoy un arma más con la que golpear esta vieja cadena del capitalismo que nos tiene atrapados en una espiral de tiempo incautado por las clases dominantes.

La felicidad puede depender de muchas cosas. Es posible que haya una parte que recaiga en la esfera de la individualidad, que de hecho hace posible la sonrisa en los lugres más terribles de la “escala social”. Pero qué duda cabe de que los seres humanos requerimos de una serie de condiciones materiales para poder ser felices, que no dependen por tanto de lo individual, pero que tampoco desembocan unívocamente en la felicidad. Tener un analgésico no hace que desaparezca el dolor, pero el no tenerlo hace más difícil la posibilidad de soñar con que desaparezca. Esa es la diferencia: en este ambulatorio de la rutina la mayoría no tiene ni medio gramo de aspirina, mientras una minoría ostenta el almacén de medicamentos. Traducir esto en tiempo y dinero es fácil: mientras hay quienes poseen tiempo libre y posibilidades para disfrutarlo, otros tenemos que aguantarnos con disfrutar los márgenes de tiempo que nos deja nuestra jornada laboral y enfrentarnos a un mundo de ocio mercantilizado hasta las entrañas. Estamos seguros y seguras de que el hombre nuevo (y mujer nueva) del que hablaba el Ché Guevara no saldrá de esta sociedad más que enferma.

Requerimos ocio libre de mercado, tiempo libre para disfrutarlo, seguridad en lo material y tal vez unas relaciones humanas desprovistas de ideología dominante que las hagan merecedoras de tal nombre. El capitalismo ha puesto las bases necesarias para ello, y esto es un viejo discurso relativo al aumento constante de la productividad del trabajo y de la puesta en marcha de un sinfín de mercancías, hechos que harían posible la reducción real de la jornada de trabajo y la cobertura total de las necesidades básicas sociales e individuales. Por supuesto a este viejo discurso hay que añadirle todo lo que el capitalismo nos ha enseñado desde finales del siglo pasado: la Humanidad está inmersa en la Naturaleza, no son dos esferas distintas, no es la segunda el almacén separado de la primera. Esto requiere incorporar el concepto de metabolismo de la naturaleza del que hablaba el propio Marx al malinterpretado “comunismo de la abundancia”.

Es nuestra felicidad la que está en juego. No quiero decir que no podamos ser felices siendo clase trabajadora, pero también es cierto que “el que nace bien pagado, en procurarse lo que anhela no tiene que invertir salud”. Tal vez no sea una cuestión determinista sino probabilística. La verdad es que últimamente me veo rodeado de casos personales que hacen difícil la seguridad, la tranquilidad y la felicidad. Ésta es la realidad de la clase trabajadora hoy, sobre todo de los sectores más jóvenes. Ésta es nuestra realidad. A veces nos preguntamos por qué somos revolucionarios y revolucionarias y la respuesta última es porque finalmente “queremos ser felices”, y ésta es una tarea que recae en la esfera de la colectividad. Transformar la realidad material y que nazca de ella una nueva ideología desmercantilizada son dos de las cuestiones por la que deseamos acabar con el capitalismo, porque entendemos que quienes ponemos en marcha el planeta, podemos decidir sobre todas las parcelas de nuestras vidas. Pero este deseo es incompatible con la existencia de las clases poseedoras. Hoy son la plusvalía y la decisión sobre las tareas de acumulación lo que está en pugna. Desprendámonos de los obstáculos que nos impiden disfrutar de nuestras vidas como hombres y mujeres libres, recuperemos el poderoso discurso del tiempo libre y de las posibilidades para disfrutarlo y démosle de nuevo consistencia política. La política que queremos realizar ha de estar imbricada en lo más íntimo de nuestra cotidianidad, en el más profundo sentir de las clases populares. La política que deseamos es la que sea capaz de sembrar las futuras “alamedas por las que camine el hombre (y la mujer) libre”.

CAMPAÑA ESTATAL “APADRINA A UN ESPECULADOR DE BOLSA”. No lo abandones, él no lo haría. Haz tu donativo en la Declaración del IRPF

Pongamos algunos números sobre la mesa. No quiero, evidentemente, que los economistas-neutrales piensen que existe politización alguna en mi discurso, ya que lo único que me mueve en este sentido es comprender algunas cuestiones de esa ciencia mística que, alejada ya de la mayoría del pueblo bárbaro, se le conoce por el nombre de ECONOMÍA, alabada sea.

Ayer escuchaba en un programa matinal a uno de esos economistas-neutrales decir que efectivamente se alegraba de que la mayoría de los ciudadanos acogiesen en buena medida que el Gobierno pagara las deudas de los banqueros, en un montante total de 30.000 millones de euros. Según el tertuliano, esa era la medida correcta a tomar, es decir, que los Estados interviniesen en la economía inyectando dinero en la banca. No sé si aún mis párpados se habían despegado completamente o si la hipoglucemia matutina me mantenía el seso en letargo, porque lo que yo iba oyendo se traducía en mi cabeza de la siguiente manera: la única manera de paliar la crisis es devolverle el dinero perdido a los especuladores. En ese momento dos ideas me rondaban por la cabeza: la primera era más bien una imagen que consistía en un ludópata que ha perdido toda su fortuna en un casino y al que el estado le devuelve gustosamente el dinero potenciando así su enfermedad. Es cierto que es una imagen un poco simplista, que para nada tenía en cuenta el análisis de clase, pero que en cierto modo hablaba de la irracionalidad de la economía capitalista. La segunda idea que me rondaba por la cabeza consistía en un firme propósito para el nuevo año que es cómo defraudar a Hacienda en mi declaración de la renta. Si mi dinero iba a ir a parar a una persona más rica y poderosa que yo, sinceramente prefería gastármelo en kilos de papel de lija o en una bota del 66 para meterme en ella y sentirme por una vez como Garbancito. Habrá gente que esto le parezca una auténtica gilipollez, pero con el dinero de mi salario prefiero realizar mis deseos por estúpidos que parezcan antes que dárselo a la clase minoritaria que ostenta a día de hoy más del 80% de la riqueza mundial. Lo más triste de todo es que si finalmente logro defraudar a Hacienda lo único que conseguiré será llegar a fin de mes, que no es poco.

¿En qué medida azota la crisis a la mayoría de la sociedad? El número de parados en el mes de septiembre fue de 2.625.368, lo que quiere decir 608.005 parados más que en septiembre del año pasado. Durante el ciclo anterior, la especulación se cebo tanto en el sector inmobiliario que dicho periodo se cerró con la tasa de construcción de viviendas más alta de la historia. Pero como la economía capitalista tiene ese extraño atributo de la irracionalidad, esta cifra record convivía con otras cifras record aparentemente contradictorias como: el mayor número (tanto relativo como absoluto) de viviendas vacías, el mayor porcentaje de población sin posibilidad de acceder a la vivienda en propiedad y el precio históricamente más alto de la vivienda. Cosas de la simpatía de la economía de mercado.

Durante ese periodo, la gente trabajadora tuvo que endeudarse para poder acceder a la vivienda, mientras los precios subían y subían. Ya en mayo de 2005 el nivel de endeudamiento familiar alcanzaba su máximo histórico, suponiendo dicha deuda global un 74,5% del PIB (sic!). Entre la pérdida de salario real que se dio en el Estado Español en el último periodo expansivo y la subida de los tipos de interés, el nivel de endeudamiento familiar iba devorando cifra a cifra los trémulos dígitos de las cuentas bancarias de la clase trabajadora, llegando a alcanzar en 2007 el 115% de la renta disponible, o lo que es lo mismo 214 euros mensuales más de media respecto a 2004.

A este panorama general debemos sumar las constantes subidas en el IPC. Sólo aquellos contratados con convenios que disponían de cláusula de revisión salarial conforme a la subida del IPC han lograda esquivar esta última desdicha (un 40,3% en 2002). Todo este panorama hace que un parado del sector de la construcción, por ejemplo, esté cobrando unos 725 euros al mes por subsidio por desempleo y tenga que hacerle frente a las constantes subidas de los tipos de interés y del IPC. No es de extrañar, por lo tanto, que en mayo de 2008 el número de familias en bancarrota se haya multiplicado en un 230% respecto al mismo periodo del año anterior.

¿Qué es lo que pregonan los hasta hoy Gobiernos neoliberales? Ya uno de los países padres del neoliberalismo, aquél que vio nacer en su seno a los mismísimos Chicago Boys de quienes tanto se acuerdan hoy día los y las chilenas; ese mismo Estado que una vez tuvo un presidente que pronunció aquellas palabras que sonaron a azahar en el corazón de los neoliberales de que “pensábamos que el Estado era la solución, pero hoy sabemos que el Estado es el problema”; pues ese mismo Estado, incluso ese mismo partido que antes albergó en su seno al presidente Reagan, hoy decide intervenir de nuevo en la economía haciendo un donativo de 700.000 millones de $ para los niños pobres de Wall Street. Zapatero, el audaz, decide hacer lo propio con una cantidad algo más modesta. Ahora ya sabemos de qué hablaban Tacher y Reagan con aquello de que el Estado no debía intervenir en los asuntos económicos, se referían a los asuntos económicos de las clases populares, pero de la clase capitalista no dijeron nada. Es decir, no es que el Estado del Bienestar no sea válido, sino que no es válido cuando ese bienestar se refiere a la gente trabajadora, pero sí a la gente capitalista. Hemos pasado de una especie de keynesianismo para los pobres a un keynesianismo para los ricos, por medio de un periodo de neoliberalismo globalizador. Ahora ya voy entendiendo al tipo de la tertulia matutina.

Mientras vemos toda esta lujuria monetaria pasar por delante de nuestras narices, nosotros y nosotras, es decir, quienes tenemos el defecto de trabajar para poder vivir, vemos como cada vez estamos más cerca de perder la vivienda por la que le cedimos nuestros salarios al banco durante más de un tercio de nuestras vidas. Vivienda que pasará a ser propiedad del banco, el mismo banco que ha sido beneficiario de las ayudas estatales de cuyas arcas soy contribuyente. La situación para gran parte de la clase trabajadora se hace insostenible y se hará aún más en la medida en la que se profundice en esta crisis. El Gobierno socialista, siguiendo los dictámenes de la UE, decide no mover ni un euro a favor de las clases populares, mientras le otorga una ingente suma de dinero a la banca. Además resulta que ahora tenemos que trabajar 65 horas a la semana. Que nadie se extrañe si el mes que viene nos ponen a construir una pirámide. La realidad se nos traduce hoy con tal crudeza que habrá quien siga pensando que la lucha de clases no existe como también hay quien goza chupando candados. Tanto es así, que aquella sentencia de Luxemburgo de “Socialismo o Barbarie” se nos va quedando pequeña.

CRÓNICA: CONCENTRACIÓN CONTRA LA DIRECTIVA DE LAS 65 HORAS EN GRANADA

Un centenar de personas se reunió el pasado martes 7 de octubre frente a las puertas de Subdelegación de Gobierno para exigir la retirada inmediata de la modificación de la Directiva europea que pretende elevar la jornada laboral máxima de las 48 a las 60 ó 65 horas y desterrar en este aspecto la negociación colectiva, dejando al trabajador negociar a título individual su jornada máxima de trabajo con el patrón.

Frente a este ataque brutal de la Unión Europea al mundo del trabajo, diferentes colectivos sociales, sindicales y políticos que operan en Granada, y entre los cuales se encuentra ERA-EA (Espacio Revolucionario Andaluz – Espacio Alternativo), decidimos sumarnos a la convocatoria de lanzar actos de movilización el 7 de octubre por la tarde. Esta convocatoria se entiende, no sólo como un punto de partida de una movilización más amplia que habrá de extenderse en toda la Unión Europea, sino también como una forma de señalar la insuficiencia de los paros de 5 minutos impulsados por las cúpulas de las centrales sindicales que forman parte de la CES (Confederación Europea de Sindicatos), es decir, por CCOO y UGT.

El sentir general de los viandantes con los que teníamos ocasión de hablar era de una cierta perplejidad, la mayoría de los cuales afirmaban haber escuchado la noticia en los medios y creer no haberla entendido completamente. El mito de la Europa del bienestar social se derrumba porque está asentado sobre mentiras demasiado porosas.

En un momento en que la productividad del trabajo está en cifras históricas, las clases dominantes europeas deciden seguir apretando más la tuerca de la explotación laboral. No sólo debemos decir NO a la Directiva de las 65 horas, sino que además sería perfectamente exigible una jornada laboral inferior a las 40 horas semanales. La reducción de la jornada laboral actual rompería con el discurso neoliberal y racista de la UE, que pretende salir de la crisis airosa a costa, una vez más, del sudor no pagado de la clase asalariada, mientras acusa a las y los migrantes de ser responsables de la escasez de trabajo que la propia UE agrava incrementando la jornada laboral.

¡Huelga general europea de 24 horas!

¡Retirada inmediata de la modificación de la Directiva!

7 de octubre: Movilización en Granada contra la directiva de las 65 horas

Por Ikindoran (publicado en www.espacioalternativo.org)

En consonancia con las movilizaciones que se realizarán en otras ciudades del Estado español el día 7 de octubre contra la llamada directiva de las 65 horas laborales semanales, y considerando insuficiente la respuesta dada por la CES (varios minutos de paro en los grandes centros de trabajo, sin pretender movilización social de embergadura), varios colectivos sindicales de base y grupos de izquierda han lanzado la convocatoria de una movilización en Granada.

Se trata de una concentración que se realizará el martes 7 de octubre a las 19:00 h. ante la Delegación de gobierno (c/Gran vía).

La convocatoria local amplía los temas de movilización a la denuncia de la llamada directiva de la vergüenza (directiva europea de retorno de migrantes, que de facto suspende sus derechos civiles en los centros de internamiento – Guantánamos europeos), y la denuncia de la privatización de servicios públicos en los momentos de crisis en los cuales la políticas sociales son más necesarias que nunca.

Durante la pasada semana también se sumaron a la convocatoria plataformas sociales como el Foro Social de Granada o estudiantiles como la Coordinadora Sindical Estudiantil.