LA IZQUIERDA REVOLUCIONARIA ANTE EL RACISMO DE LA DERECHA Y EL TITUBEO INTENCIONADO DEL SOCIAL LIBERALISMO. Cuando el Espacio Alternativo se acerca al borde del abismo

 

El racismo y la xenofobia de la derecha no tienen fin. Ya siendo ministro del interior, Rajoy intentaba incesantemente vincular inmigración y delincuencia. En vísperas de las elecciones intentaba aleccionar a los inmigrantes sobre las “costumbres y leyes españolas”. Y recientemente vemos como se suma a los esfuerzos que desde Bruselas intentan conectar inmigración con crisis, es decir, con paro. Si enlazamos las tres ideas, vemos que el mayor creador de discursos para la extrema derecha es el propio Partido Popular de Rajoy, quien tan sólo hace unos meses hacía llamadas a moderar el discurso en su propio partido: los inmigrantes traen delincuencia, degradación moral y paro.

Según Rajoy, hay 180.000 inmigrantes chupando del bote del estado, mientras que 20.000 andaluces se tienen que marchar a hacer la vendimia a Francia. Convendría decir que el número de andaluces que se marcha a la vendimia este año es el mismo que el año pasado y que en general no ha variado en los últimos años: 3.000. La razón por la que muchos andaluces se marchan a hacer la vendimia es porque las condiciones y el salario son mejores que en Andalucía, incluso en época de bonanza económica, la cual ha pasado sin pena ni gloria por los bolsillos de la mayoría de la sociedad. Es decir, que en la vendimia francesa se cobra mejor que con los señoritos andaluces a caballo, muchos de los cuales engruesan las filas del propio Partido Popular de Andalucía. Por otro lado, el PSOE se viste de progresismo al tildar de racista y xenófobo el discurso del líder de la oposición. Convendría recordarles a los señores socialistas que fueron ellos quienes firmaron la Directiva de la Vergüenza en Europa y quienes en Andalucía ordenaron la carga policial contra los afiliados y simpatizantes del SOC (Sindicato Obreros del Campo) el 28 de febrero de 2006, quienes se encontraban protestando a las puertas de la Maestranza de Sevilla, en donde Manuel Cháves estaba premiando a una de las mayores responsables de la degradación del empleo en el campo andaluz: la duquesa de Alba. Cuando el capital señala a los y las inmigrantes en momentos de crisis, sólo tiene una cosa en mente: que no miremos hacia el lugar correcto. Es preferible mirar al morenito que viene a “quitarnos el empleo y robarnos el paro” que a los duques y duquesas que se han enriquecido a costa de nuestro trabajo, y a quienes se les permite cerrar empresas so pretexto de la crisis y colocar sus grandes fortunas en algún paraíso fiscal. Las ganancias empresariales el año pasado y el anterior llegaron a records históricos. Por supuesto, yo no sólo no vi nada, sino que cada vez tenía más dificultades para llegar a fin de mes al aumentar el alquiler de la vivienda en la que oso vivir dignamente.

Lo mejor del discurso de Rajoy es que cala. Lo peor del “progresismo” del PSOE es que no señala hacia ningún lugar, como si esta crisis no tuviera ni padre ni madre. En este sentido, el único partido que aporta solución es el PP, la derecha, porque los socialistas y sus satélites están incapacitados para realizar cualquier análisis de clases de esta crisis. Esto representa un serio peligro y una seria amenaza. La derecha, con el beneplácito del social liberalismo, está dispuesta a echar leña al fuego de la extrema derecha si así logra sumar votos ante un discurso oficial desorientado. El enfrentamiento verbal respecto a la crisis entre los grandes partidos ofrece un discurso oficial que presenta a un Adán sin ombligo frente a un discurso de la oposición que señala a unos culpables claros con nombres y apellidos.

Ayer, en una asamblea de parados del sector de la construcción en Granada, me di cuenta hasta qué punto el discurso de la derecha está aprehendido por gran parte de la clase trabajadora nativa, quienes ven a los inmigrantes como los responsables de su situación. La izquierda revolucionaria tiene una clara responsabilidad ante esta situación. O se generan estructuras populares que sostengan luchas amplias que señalen hacia la plusvalía y a la clase social que de ella se beneficia como únicos responsables de la crisis, o el racismo y la xenofobia reinantes serán un magnífico caldo de cultivo para una extrema derecha que no dudará en minar las bases del movimiento obrero en cuanto la correlación de fuerzas le ofrezca un atisbo de esperanza.

Ayer se podía palpar la desesperación de parte de la clase asalariada en Granada. Padres de familia que sobreviven con menos de 750 € al mes (subsidio por desempleo) y que tienen que afrontar la subida de los tipos de interés. Ante esta desesperación es muy fácil sucumbir ante un discurso xenófobo y racista, pero que señala sin titubeo a unos claros culpables. Por esta razón, es más necesario que nunca una izquierda revolucionaria que sea capaz de masificar un discurso claro que señale a los verdaderos culpables de esta crisis. Es el momento de estar con la gente, de darle forma política a las exigencias de la mayoría de la sociedad, de conectar con sus inquietudes, que no son sino las nuestras.

Tendremos que reflexionar mucho sobre estas y otras cuestiones, pero debemos de ser conscientes de que hoy en día la izquierda revolucionaria no posee un ejército en cuanto a militancia se refiere. Con los activos que tenemos debemos afrontar este nuevo capítulo de la realidad social y económica. Eso pasa por seguir apostando por la construcción de amplios frentes de lucha en todos los terrenos que sean capaces de auto-organizar a parte de la clase asalariada y de actuar bajo el prisma de la lucha de clases. Pero también es necesario consolidarse políticamente, de construir un programa político al calor de las luchas y la experiencia, de comenzar a hilvanar el discurso que poco a poco ponga sobre la mesa, no ya las respuestas que queremos darle a la clase trabajadora como si fuéramos fariseos sin iglesia, sino las preguntas que queremos hacerle a la clase dominante. Y para ello las elecciones son un tren que no debemos de dejar pasar, porque no somos sólo activistas sociales sino militantes políticos, y lo único que nos diferencia de ellos es que nosotros queremos construir una herramienta política que sea capaz de golpear la realidad. Ver esto último solamente como una acción de consolidación orgánica del Espacio Alternativo es síntoma de la más terrible ceguera política, pues nuestra actuación en la calle, crecimiento y madurez política son tres vértices de un triángulo que están íntimamente relacionados e incapaces de existir el uno sin el otro.

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1 comentario

  1. Kike said,

    septiembre 17, 2008 a 1:22 pm

    ole ole y ole! Vamos a dar ese martillazo, cohoooneeeees


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