RESOLVIENDO LA CRISIS CON MUCHA CLASE. Textos livianos de veraneo, núm. 7

Con este texto pretendo cerrar la serie textos livianos de veraneo. En los 6 números de esta serie he intentado mostrar lo que pienso acerca de un conjunto de cuestiones, unas de mayor y otras de menor actualidad. Lo he intentado hacer desterrando el lenguaje clásico marxista, porque entiendo que la lucha de clases, la explotación laboral, el racismo y la xenofobia, el origen de la ideología dominante, la crisis ecológica y la construcción de la Europa neoliberal son cuestiones tan evidentes que no hace falta leerse El Capital para comprenderlas, porque viven en nuestra misma realidad y nos golpean diariamente. Ahora mismo está lloviendo. Ciertamente no tiene mucho sentido seguir con unos textos hechos para leer en la playita (ja, ¡cuán iluso!).

Hoy, el presidente del Gobierno está dando las recetas para afrontar la crisis económica: el Estado va a subvencionar parte de la crisis a las empresas. Eso lo hace a la par que se jacta de haber eliminado el impuesto de patrimonio y de pretender reducir el impuesto de sociedades. Cabe, por tanto, preguntarse ¿de dónde proviene el dinero de las arcas estatales? Ese mismo dinero que irá destinado a subvencionar la crisis. No voy a descubrir el elixir de la eterna juventud cuando digo que al sustentarse el erario público preferentemente sobre los impuestos indirectos (ej. IVA) en detrimento de los directos (IRPF, patrimonio, etc), lo que ocurre es que cada vez más la financiación del estado recae sobre las rentas más humildes (AQUI). Tampoco me van a dar el Novel si afirmo que si el Estado ayuda a las empresas a pagar el paro de sus trabajadores, lo que ocurre es que la empresa está dejando de pagar una parte de salario al trabajador (salario diferido). Esto quiere decir que finalmente los Presupuestos Generales del Estado están siendo subvencionados fundamentalmente por los salarios nominales y que la participación en ellos de los beneficios empresariales es cada vez menor. La socialdemocracia, que inventó aquello del reparto de la riqueza dentro del capitalismo acaba de desprenderse del molesto invento. ¡Vaya! El keynesianismo acaba de protagonizar la crónica de una muerte anunciada. Que los trabajadores subvencionen al Estado y que el Estado subvencione a la clase burguesa. ¡Viva el reparto de la pobreza! ¡Abajo Robin Hood!

Los y las trabajadoras sufriremos el paro, el encarecimiento de los productos de primera necesidad, la degradación de nuestras condiciones laborales, la subida de los tipos de interés y encima tendremos que subvencionar las facturas atrasadas de nuestros jefes. ¿Quién dijo que la lucha de clases no existía? El conflicto palestino existe independientemente de que una de las partes en contienda a penas tenga tirachinas con los que defenderse, de igual manera que la lucha de clases existe indistintamente de si la gente trabajadora tan sólo posee un palillo de dientes con el que hacer frente al carro de combate de la clase capitalista. Amotinados en la Cisjordania de la burocracia sindical y en la franja de Gaza de la izquierda, la clase trabajadora parece una etnia al borde del derrumbe de su propia identidad.

Hoy, Rodríguez Zapatero ha sido el mejor baluarte de la burguesía. Todas las sospechas acerca de quién o quiénes íbamos a pagar esta crisis se han hecho realidad. El año pasado las ganancias empresariales alcanzaban cifras históricas, este año somos los más humildes quienes tenemos que echar mano de nuestras cuentas bancarias para afrontar la caída del crecimiento económico. Hay quien dice que volvemos al “capitalismo salvaje” de principios del siglo XX. En cierto modo es así.

Y mientras, los pesados, seguimos intentando fabricar una izquierda social y política que haga frente a esta ofensiva. Este texto liviano ha sido menos jocoso que de costumbre, pero entre la lluvia, la comparecencia del presidente, la inesperada muerte de Celia Hart y otros asuntos, “hoy no tengo ganas de subirme al mundo”, porque lo que me apetece es darle la vuelta de una vez por todas.

Gracias a todos aquellos y a todas aquellas que habéis seguido estos textos. No os sintáis aliviados, porque ya me inventaré algo para seguir dándoos la brasa.

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3 comentarios

  1. Criticón said,

    septiembre 10, 2008 a 10:07 am

    Boquiabierto kiyo!!, no había caído en el trasfondo del análisis que haces. Me imaginaba que la solución a la crisis sería alguna patraña así porque realmente a quien mas les afecta esta crisis es a la clase alta, a los preocupados por ganar y seguir ganando al ritmo que lo estaban haciendo. Para mí realmente no hay tal crisis, es una etapa de bajon económico porque nos hemos dado cuenta de que el modelo de desarrollo que llevábamos era insostenible. Y si ahora que las empresas ingresen de beneficios netos 1000 millones en lugar de 1800 como en años anteriores es una crisis¿?, para mi no, es lógico joé!. Lo que me fastidia más es que queramos mantener el mismo modelo en el fondo (¿Quien esta dispuesto a cambiar y qué?) a toda costa. Entonces como no solucionamos el problema de raíz el gobierno se inventa estas medidas superficiales para calmar los ánimos de los ricos tirando de los pobres. O lo que es lo mismo, “pan para hoy y hambre para mañana”.

    En fin, como siempre un placer leerte
    Esperando el siguiente número…

  2. moncadista said,

    septiembre 10, 2008 a 4:47 pm

    …” el Estado ayuda a las empresas a pagar el paro de sus trabajadores,”
    Un ejemplo de hoy de esto es la Ford, la fábrica española ya no puede vender los coches que producía y convoca un pseudo-ERE, despide temporalmente a los trabajadores del turno nocturno que tengan paro!, de manera que estos trabajadores estarán una temporada sin currar cobrando de ¡sus propios impuestos!, de lo que les (nos) han retenido. Y NO es porque la fábrica tenga pérdidas, sino porque empezará a tenerlas!!
    Por eso no estoy totalmente de acuerdo en tu comentario Javi, no creo que exista exactamente una crisis de sobreproducción, sino de bajada del consumo y sobre todo financiera. En el periodo monopolista (imperialista) creo que no existen crisis de sobreproducción. Para eso está el toyotismo y el just in time.
    un abrazo

  3. rosaluxemburgo said,

    septiembre 10, 2008 a 5:41 pm

    Creo que el tema de la construcción es el más evidente para visualizar el tema de la sobreproducción. El ladrillo ha sido el refugio histórico del capital finanaciero. Cuando los valores bursátiles comienzan a caer a finales de los años 90´, el capital financiero se refugia en la construcción como valor de inversión. Esto va a generar una hipertrofia del sector de la construcción. Cuando pincha la burbuja, ¿qué hacemos con todos los puestos de trabajo generados durante este periodo en este sector, cuando tenemos más viviendas per capita que jamás en la historia? En este caso creo que es bastante claro como se entrelaza el capital financiero con el productivo y generan, tras un proceso de acumulación, una sobreproducción que finalmente lleva a la crisis.
    Quizá lleves razón, en el hecho de que, es posible, no soy ningún economista, que en otros sectores como el del automóvil esto no ocurra, pero el caso de la construcción, que es una piedra angular de la crisis, yo creo que está bastante claro. Es este sentido, y coincido con un correo que enviaba el otro día un compañero de Rovolta, parece una crisis de manual.
    Un besico


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