¿UNA EUROPA LORQUIANA? Textos livianos de veraneo, núm. 6

No me negaréis que los estupefacientes no han empujado la inspiración de modo tal, que han dejado tras de sí grandes plumas de oro en la literatura universal. Desde nuestros castizos místicos que vivían sin vivir en sí (¿lo cualo?) hasta el virtuoso del láudano Edgar Allan Poe, las drogas han estimulado la creatividad de grandes literatos y también letristas, ya que no debemos olvidar las geniales letras de Joaquín Sabina, quien jamás se cayó de un cocotero. Mucho se especula sobre la droga que está detrás de una de las obras de teatro menos conocidas de Federico García Lorca, que, según algunos expertos, muestra la quintaesencia del pensamiento lorquiano acerca del teatro mismo. Quizá los dos caballos blancos que aparecen en la misma sean alguna especie de pista. Esta obra es El Público y entre surrealismo y surrealismo, hay quien la clasifica como meta teatro. En palabras del Director, que es uno de los personajes, así es como parece ser que Lorca veía la interpretación escénica: “Y demostrar que si Romeo y Julieta agonizan y mueren para despertar sonriendo cuando cae el telón, mis personajes, en cambio, queman la cortina y mueren de verdad en presencia de los espectadores… ¡Hay que destruir el teatro o vivir en el teatro!…

Según cuenta la leyenda negra de Hollywood, muchos actores de la gran pantalla quedaron atrapados en sus personajes. Así, hay quien recuerda haber visto a Jhonny Weissmüler golpeándose el pecho en el salón de su propia casa o saltar entre las azoteas de los edificios, creyéndose el mismísimo Rey de la Jungla. El mito no es más justo con Anthony Perkins, de quien se dice que murió creyendo ser el personaje de Psicosis. ¿Realmente despertaban sonriendo cuando caía el telón o quemaban la cortina en presencia del público? ¿Sería lícito hacernos la misma pregunta con Sarkozy? ¿Y con Zapatero?.

Todos los gobiernos de cada país miembro de la Unión Europea, y en especial el gobierno del PSOE, explotan el mito de la Europa social. En el Estado Español se alude al espíritu de la transición (nos hubiera venido bien un buen exorcismo) y a la apertura de la España franquista que supuso la entrada en la Unión Europea, para alentar la mitología del avance social europeo. Incluso hoy día quienes nos oponíamos al Tratado Constitucional Europeo teníamos que aguantar las burlas del mismísimo Forges quien nos tildaba de trogloditas en el mejor de los casos. El guión de la obra teatral era bien conocido: Europa es bienestar social y quien se opone a sus reformas desde la izquierda es un trasnochado. Veamos pues con cuánta fidelidad se ajusta el guión a la realidad.

Desde el tratado de Maastricht hasta la reforma de las 65 horas semanales hay toda una línea coherente en lo que a bienestar social se refiere… de las clases pudientes, claro. El mismo tratado de la Unión Europea (1992) es un compromiso de reducir el gasto social de cada estado miembro. Los sucesivos recortes presupuestarios y privatizaciones de los servicios públicos no son sino la consecuencia lógica del “pecado original” de esta Europa de hoy. El intento de Constitución para Europa poseía entre otras lindezas: un compromiso de aumentar los esfuerzos militares, el refuerzo de la frontera sur, la conversión de los servicios públicos supervivientes en mercancías de compra y venta al mejor postor, facilitaba los cierres patronales y las deslocalizaciones de empresas, circunscribía el derecho de huelga a las negociaciones colectivas y otorgaba la independencia absoluta al Banco Central Europeo. Amparada en algunos artículos de la difunta Constitución Europea, la Directiva Bolkenstein era, entre otras cosas, un intento de acelerar la liberalización de la sanidad y la educación públicas, amén de enrasar para toda Europa los derechos y garantías laborales, junto con las retribuciones salariales, al mínimo existente en algún país europeo. Esto es: trabajar en Reino Unido con salario y contrato rumanos. Tan sólo unos pocos votos hicieron posible el rechazo de semejante reforma. El proceso de Bolonia y la construcción del Espacio Europeo de Educación Superior, junto con la recién aprobada reforma de las 65 horas semanales y el endurecimiento de las políticas de inmigración (la bautizada como Directiva de la Vergüenza) son ya ejemplos suficientes para reventar el mito de la Europa social.

No diría que la democracia no sea un fin para esta Europa nuestra, sino más bien lo que diría es que no es un problema. Cuando, en un alarde de democracia, la Europa del capital decidió someter a referéndum la Constitución Europea y fue rechazada en Francia y Holanda, los “demócratas” europeos decidieron que aquello no iba a suponer problema alguno. Y así fue como resucitaron al muerto que los ciudadanos europeos habían decidido matar, firmando más tarde el Tratado de Lisboa, que no es sino la Constitución europea con unos pocos menos de artículos y un poco menos de plebiscito. Es curioso, que mientras se firmaba el Tratado en Lisboa, pasando por alto esas cosas molestas que se llaman ciudadanos y referéndums, los medios europeos criticaban a Hugo Chávez, quien se encontraba reconociendo su derrota en el referéndum constitucional del 2 de diciembre. A nadie se le ocurrió señalar a los gobernantes europeos con el dedo acusador y con la misma lógica de lo tiranísimo y lo democratérrimo. Pero de vez en cuando a nuestros líderes se les mete una piedra en el zapatito. Esa piedra se llamaba constitución irlandesa, quien obligaba al Gobierno irlandés a hacer una consulta a sus ciudadanos acerca del Tratado. Irlanda dijo NO. Sarkozy, presidente de turno de la Unión Europea, viajaba a Irlanda a comprender las razones del NO. Se conoce que a los presidentes en Bruselas les deben pagar buenas dietas porque para comprender las razones del no, más barato le hubiera salido quedarse en Francia y escuchar. Sólo con esto, sin necesidad de mencionar que en algunos estados miembros se vuelven a ilegalizar partidos políticos, sería suficiente para acabar con el mito de la Europa como alma mater de la democracia.

Sin embargo, los gobernantes europeos salen cada a día al escenario a representarnos el sainete de la Europa social y democrática. Me vuelvo a hacer realmente la misma pregunta que antes: cuando Sarkozy le echa la bronca al gobierno irlandés por haber consultado a la población ¿se cree realmente el papel que le ha tocado en esta farsa? Es decir: ¿cree que es realmente Romeo y Julieta o se despierta a carcajadas cuando cae el telón? Porque finalmente ¡Hay que vivir Maastricht o destruir Maastricht! “No vale silbar desde las ventanas. Y si los perros gimen de modo tierno hay que levantar la cortina sin prevenciones.”

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2 comentarios

  1. Criticón said,

    septiembre 2, 2008 a 7:50 am

    Brillante como el arroz nene, sobra comentar de nuevo tus dotes para el literato. La verdad es que había leído pocas cosas con tanta profundidad y conexión entre sucesos como tu comentas. En mi opinión creo que quien se le ocurrió “crear Europa” estaba pensando en competir y machacar al gigante norteamericano y no en el pueblo. Pues debe estar contento porque somos pioneros en muchas cosas y cada vez nuestro modelo de vida se parece más al norteamericano. Venga un poco más que nos ponemos por delante (ya el euro vale más que el dolar, urra !!!!!!). Pero seguro que el que menos tiene, el que es feliz necesitando poco y ahora esta triste porque tiene que abandonar su madre tierra donde vivía agustico con una plantación de melocotones para ir a currar a la capital vendiendo telefonos mobiles, piensa diferente. “Nos tienen drogaos tol dia” para que no pensemos. Para que podamos “entender y disfrutar de su arte, de su visión” sin cuestionar.
    Brindo por todos aquellos que les gusta pensar por si mismos y se enfrentan al reto día a día de intentar vivir NAVEGANDO en lugar de dejarse llevar por la corriente!. Chin chin!!!

    A todos aquellos mucha suerte!

  2. rosaluxemburgo said,

    septiembre 3, 2008 a 3:00 pm

    Hola,
    Respecto a lo de Europa que comentas. Hay una cosa en la que quizá no hago demasiado hincapié en el texto, pero que tiene que ver con el modelo de Europa y no sólo con eso, sino con TODO, absolutamente. Me refiero a la lucha de clases. Ella es la clave para entender los procesos políticos de una sociedad de clases. Efectivamente, el nuevo modelo era competir con EE.UU. (e incluso con Japón), y los cambios tenían que ver con un nuevo marco internacional. Esa es una visión real, pero es la de la clase dominante, la de los Botín & CIA. Para poder entrar en competencia digna con los gigantes americano y asiático (concentración) tenían que desmontar las conquistas sociales conseguidas por el movimiento obrero. El problema ha sido que la clase capitalista tenía enfrente un enemigo completamente desarmado y sigue teniéndolo. Lamentablemente, quienes pensamos distinto estamos en la esfera de la marginalidad, pero, al menos yo, aspiramos a ser más, a ser mayoría, a darle miedo a la clase dominante. Por eso es necesaria la organización: a nivel vecinal, estudiantil, sindical ¡sí! pero sobre todo, y cada vez estoy más firmemente convencido de ello, a nivel político.
    La tuerca a desenroscar es inmensa, por eso tenemos que tener una herramienta tan grande como el reto que se plantea.

    Un abrazo


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