¡AL SUELO, QUE VIENE UN INMIGRANTE!. Textos livianos de veraneo, núm. 3

Admitámoslo. Los inmigrantes son un problema muy serio. En 2006 había en el estado español más de 3,88 millones de extranjeros. El problema se hace tanto más serio en el momento en el que los inmigrantes al llegar aquí quieren que se les trate como a personas. Y claro, si se les tratara así y se les reconocieran los derechos que cualquier ciudadano posee ¿qué ventaja sacarían nuestros castizos patrones de la llegada masiva de inmigrantes?

Con la crisis económica es evidente que el problema que supone la presencia de inmigrantes se agrava. Por esa razón la Unión Europea ha tomado cartas en el asunto: hay que integrar a los inmigrantes … en los Centros de Internamiento para Extranjeros, claro. Estos centros poseen un régimen similar al régimen penitenciario y allí ingresan, entre otros, los inmigrantes “ilegales”. También hay que evitar que vuelvan a la Europa Fortaleza, y ello lo vamos a hacer impidiendo que un inmigrante extraditado a su país de origen pueda volver a Europa durante un periodo de 5 años. Cuando esta directiva se aprueba en los albores de una nueva crisis económica, no es necesario decir que se vincula el supuesto problema de la inmigración al problema de la crisis.

¿Cuál es el miedo que posee Europa a la inmigración? El miedo oficial es que “no habrá trabajo para todos”. Repasemos algunos acontecimientos para ver si realmente los representantes del capital europeo no nos están tomando nuevamente el pelo.

El 10 de junio de 2008 se aprobó en el Consejo la propuesta para ampliar la jornada laboral máxima de las 48 a las 60 ó 65 horas semanales. El 24 del mismo mes, el flamante ministro de trabajo e inmigración instaba a los trabajadores a agotar la vida laboral hasta los 65 años e insinuó que sería bueno prolongar la vida laboral de las personas. El 22 de noviembre del año pasado se aprobaba la legislación que incentivaba la prolongación de la vida laboral por encima de los 65 años.

Vemos pues, que esa patraña de que no hay trabajo para todos es muy relativa. Se lanzan mensajes contradictorios a cerca del mundo del trabajo. Por un lado no hay trabajo para todos, con lo que una mente prístina podría pensar que si eso es así, podríamos reducir la jornada laboral y la vida laboral a fin de repartir más ese escaso trabajo que dicen que hay. Otra mente un poco menos prístina podría abogar por no tocar ni la jornada ni la vida laboral y repartir el trabajo que haya. Lo que no parece lógico en ningún momento es mantener a la par el discurso de la escasez de trabajo, mientras se intenta ampliar tanto jornada como vida laboral. Aunque pensándolo mejor, quizá el discurso no sea tan contradictorio, porque si trabajamos 65 horas semanales hasta los 65 ó 70 años, quizá sea cierto eso de que no haya trabajo para todos.

Si uno hace un silogismo con todos estos datos, se dará cuenta de que es imposible llegar a ninguna solución. Pero claro, ni Aristóteles ni Bacon tuvieron en cuenta que la política es cuestión de clase y que en este juego, la inmigración posee un papel de chivo expiatorio al más puro estilo gebeliano. Un falso señuelo que hará que seamos los y las trabajadoras (nativas o no) quienes paguemos con nuestro esfuerzo y dinero esta nueva crisis del capital.

Voy a por analgésico, vuelvo en 5 minutos.

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