LA HUELGA EN SPAR-GRANADA: EL NUEVO AÑO SE PRESENTA CALENTITO

Un nutrido grupo de trabajadores y trabajadoras iniciaban la mañana del 26 de agosto protestando ante las puertas de la sede de la empresa que posee la franquicia de la red de supermercados Spar en Granada: Supergran S.A. Tres horas más tarde, a las 12 de la mañana, 250 personas entre asalariados y asalariadas de dicha cadena comenzaban una manifestación en Subdelegación de Gobierno para terminar pidiendo la implicación del alcalde a las puertas del consistorio granadino. Los motivos son varios: los trabajadores llevan sin cobrar desde el mes de julio y las hipotecas pesan demasiado sobre los bolsillos de alguien que, a pesar de todo, lleva trabajando religiosamente desde hace dos meses, como de costumbre. La amenaza del cierre de la cadena y del consecuente paro se cierne sobre más de 200 trabajadores/as. Las 16 tiendas del área metropolitana están desabastecidas y la dirección de la empresa no aporta explicación alguna. La respuesta de las trabajadoras y trabajadores ha sido la de ir a la huelga. En la propia manifestación, la sección sindical de McDonald mostraba su solidaridad con los compañeros y compañeras de Spar Granada.

La crisis será a partir de ahora la escusa perfecta para justificar cierres de empresa o Expedientes de Regulación de Empleo que hagan más insoportables las condiciones de explotación y que den una vuelta de tuerca más a los sacrosantos beneficios obtenidos por los aumentos de la productividad en el trabajo que no vengan acompañados de implementaciones tecnológicas, esto es: stress, stress, stress. Salud a cambio de poder pagar las letras. Y mientras haya crisis, se ensombrecen los indicios de grandes desfalcos como se sospecha ha ocurrido con la citada cadena de supermercados en Granada.

Se presenta un año ajetreado para la clase asalariada. Un año en el que los cierres de empresas y los EREs forzarán las movilizaciones y huelgas de una clase trabajadora hostigada por el aumento de los tipos de interés y de los productos de primera necesidad. Durante la época de bonanza económica el Estado Español ha sido el único de la OCDE en el que han disminuidos los salarios. ¿Quién se ha enriquecido en el periodo de crecimiento económico? En momentos de crisis pretenden que también seamos nosotros y nosotras quienes paguemos la factura del capital con nuestro esfuerzo, nuestro dinero y nuestro trabajo. La sed de ganancia de la clase capitalista no tiene fin.

Tenemos dos grandes retos por delante si queremos plantarle cara a las consecuencias de esta crisis y dar una respuesta política a la misma. La primera es esforzarnos por desterrar el sectarismo y el burocratismo del terreno sindical. La sopa de siglas sindicales no ha de ser un problema para las revolucionarias y los revolucionarios. La cuestión que nos ha de preocupar en todo momento es cómo masificar y cómo conectar cada una de las diferentes luchas que se sucederán a lo largo del curso que septiembre empieza a parir. Así, quizá podremos abordar a las burocracias sindicales por la izquierda y empujarlas al barro de la movilización. El segundo reto es aún más complicado, porque tiene que ver con el modelo sindical por el que apostamos. Mucho se ha hablado de un sindicalismo distinto para la era post-fordista. El mundo del trabajo ha cambiado en estas últimas décadas: la desregularización del mercado de trabajo, acompañada de una reestructuración del sector productivo, ha hecho que la normalidad entre las y los trabajadores no sea sufrir las cadenas de montaje y tener una homogeneidad respecto a la calidad del contrato. La precariedad y el hecho de que tras las sucesivas deslocalizaciones la economía se haya desplazado hacia el terreno de la circulación en detrimento de la producción, nos obliga a repensar sobre el quehacer sindical. Eso para nada tiene que ver con la idea de que el modelo anterior no es válido, sino que debemos enriquecerlo, complementarlo o modificar algunas de sus caras, si queremos tener una herramienta capaz de aglutinar a la mayoría de la clase. Esa tarea es draconiana. Pero el año que se abre se presenta como un laboratorio sindical, en el que se podrá debatir sobre modelos con un mayor número de referencias. El debate es necesario, pero a veces la realidad se vuelve en llamas y en las brasas de la misma se quema todo aquello fútil o perecedero, dándonos al menos algunas claves para seguir adelante. La otra cara es que nosotros mismos podemos echar a arder.

El caso de Spar en Granada no ha esperado al mes de septiembre. La desesperación de la clase asalariada parece un niño prematuro que desea nacer antes de tiempo. Espero que esta lucha al menos se zanje con una victoria y se convierta en uno de esos hitos que llene de esperanza y coraje a quienes más adelante hagan uso de la huelga para hacer frente a los intereses de quienes pretenden hacernos pagar los platos rotos de una vajilla que no hemos comprado.

“REFORMA O REVOLUCIÓN” DE ROSA LUXEMBURGO. Intento de divulgación núm. 1

Esta obra de Rosa, concluida en 1899, es una de las que colocaron a su autora como referencia marxista dentro y fuera del partido socialdemócrata alemán.

Releerlo en 2008 significa repensar en la fase actual del capitalismo, en los procesos políticos latinoamericanos, en la práctica inexistencia del reformismo en la Europa actual, en la relación entre práctica y teoría revolucionarias y en otras muchas cuestiones de ayer y de hoy. Hace unos meses tuve la oportunidad de sentarme en la misma mesa con Pepe Gutiérrez en un acto sobre mayo de 1968. Recuerdo que Pepe comenzó su intervención diciendo que cuando hoy día se hace una película o se escribe un libro sobre el pasado, todo el mundo sabe que se está hablando de cuestiones presentes. Posteriormente, en el momento para el debate aseveró que “a los clásicos hay que releerlos constantemente porque la realidad va cambiando, y con ella nuestra perspectiva”. Ambas ideas se quedaron atrapadas en mi cabeza resonando como un eco interminable y revelador, como cuando necesitas que alguien te diga en una sola frase eso que realmente siempre has sabido. Hace unos días me dispuse a releer Reforma o revolución de Luxemburgo, y entonces fue cuando realmente entendí que releer a los clásicos no era un acto de dogmatismo, sino más bien una manera de entender el presente como parte de un proceso histórico, porque existen claves que en unas ocasiones estamos más predispuestos a asimilar que en otras. Hace unos años leí la obra por primera vez. Hoy parece que acabo de leer otra obra totalmente diferente. La realidad ha cambiado, yo he cambiado, las conclusiones no tienen por qué ser las mismas. Salvando el contexto, su lectura se me ha revelado con la misma actualidad que cualquier artículo de un diario matinal.

La obra se sitúa en las primeras polémicas entre dos campos de la socialdemocracia europea de principios del siglo XX: revisionismo versus marxismo. Rosa desgrana paso a paso cada uno de los postulados del revisionismo de Bernstein, quien defiende la vía del reformismo como única vía para alcanzar el socialismo, detestando para este fin cualquier estrategia revolucionaria o perspectiva de toma del poder político por parte de la clase trabajadora. Esta disyuntiva ideológica está en el origen mismo del posterior nacimiento de la III Internacional, cuando la segunda queda ya en manos de una socialdemocracia que no duda en pactar con las burguesías nacionales y entregar a la clase trabajadora como carne de cañón para los interesas de cada una de las potencias europeas en la Gran Guerra. Este revisionismo será el que posteriormente verá en el keynesianismo económico el nudo gordiano de su estrategia imposible. Es el abuelo del que hoy se ha dado en llamar social liberalismo.

Rosa acusa a Bernstein de huir del materialismo filosófico y de refugiarse en el idealismo pre marxista de los socialistas utópicos. Mientras que para los revisionistas el sistema de créditos, los medios de comunicación y las nacientes sociedades anónimas son evidencias de la adaptación del capitalismo en su camino hacia el socialismo, para Rosa no son más que medidas que responden a las necesidades contextuales del desarrollo capitalista y ve a partir de ellas el origen de un choque entre las cada vez más potentes burguesías nacionales europeas, lo cual se evidencia en el fuerte militarismo y en las políticas aduaneras de la época. El devenir de la Primera Guerra Mundial y el crack del 29 pusieron a cada cual en su sitio.

El gradualismo es otro de los talones de Aquiles del reformismo, mediante el cual se tiende a ver al Estado, no como una herramienta de control de la clase dominante (superestructura), sino como un ente neutral capaz de desarrollar a través del sindicalismo, la reforma social y la democracia las tareas que conduzcan hacia una sociedad socialista. Ante esto, Rosa argumenta que “Las relaciones de producción de la sociedad capitalista se acercan cada vez más a las relaciones de la sociedad socialista. Pero, por otra parte, sus relaciones jurídicas y políticas levantaron entre las sociedades capitalista y socialista un muro cada vez más alto. El muro no es derribado, sino más bien fortalecido por el desarrollo de las reformas sociales y el proceso democrático. Sólo el martillazo de la revolución, es decir, la conquista del poder político por el proletariado, puede derribar ese muro.” He aquí, en palabras de Rosa, el corazón del conflicto entre el pensamiento reformista y el revolucionario.

Al hablar en términos de ricos y pobres, el revisionismo le amputó el carácter funcional y materialista a la noción de lucha de clases, enfrentándola como una pugna moral entre lo justo y lo injusto. Las reformas serían guiadas por la idea de justicia y armonía, no por la correlación de fuerzas entre capital y trabajo. Y así, reforma tras reforma, nos encontraríamos en algún momento en una sociedad socialista. Luxemburgo lanza por tierra este pensamiento lineal y explica cuál ha sido la funcionalidad de las reformas y de las revoluciones. Sin descartar, por supuesto, a las primeras, explica que a lo largo del proceso histórico “la revolución es un acto de creación política”, algo que cambia un marco general político por otro distinto, mientras que la reforma “no posee fuerza propia, independiente de la revolución”, sino que es “la expresión política de la vida de una sociedad que ya existe”. Por esta razón, quien apuesta únicamente por el método reformista, no apuesta por un objetivo socialista, sino por afianzar la senda del capitalismo. Hay conflictos dialécticos que se comprenden mejor con cierta retrospectiva y éste, sin duda, es uno de ellos. La posterior evolución y muerte de la socialdemocracia puede que nos revele algo en este sentido.

La lectura de este libro es, en general, apasionada. Existe en él una constante esquizofrenia entre pensamiento determinista y pensamiento dialéctico, algo que es bastante normal encontrar entre los grandes autores del marxismo, incluido el propio Marx.

Si algo nos intenta mostrar la autora del libro es que las mismas cosas, en según qué periodos pueden significar cuestiones diferentes. El socialismo utópico jugó un papel importante a la hora de parir al movimiento obrero primitivo. La democracia misma, vista hoy día como un valor ahistórico, ha sido utilizada por los distintos sistemas socio-económicos como moneda de cambio.

El reformismo de hoy se ha de comprender con otras coordenadas porque en los anales del neoliberalismo, el capital no ha dejado margen alguno a la reforma social. Si durante el siglo XX los utópicos éramos quienes pensábamos que el mundo debía cambiar de base, en el siglo XXI lo son con más motivo quienes piensan que desde los estrechos márgenes del capitalismo tardío se puede reformar al propio sistema. Quizá, tan sólo aquéllos países que posean caramelos lo suficientemente dulces como para evitar la huída de capitales, sean los únicos que hoy día puedan arrancar reformas a favor de las clases populares. Esos caramelos quizá sean los recursos energéticos, el agua y las masas boscosas. Y esos países quizá sean Venezuela, Ecuador y Bolivia. La relación que estas reformas puedan tener con un verdadero proceso revolucionario que otorgue el poder político a la clase trabajadora y desemboque definitivamente en el socialismo del siglo XXI es el debate que está sobre la mesa.

En resumen, puede que las claves para entender los procesos de hoy hayan cambiado, pero el convencimiento de que sólo un proceso revolucionario puede conducir a la Humanidad a la definitiva emancipación sigue perdurando, porque quienes ostentan el poder político ejercen conscientemente su cuota de lucha de clases desde todas las esferas, y porque finalmente desde los falsos altares de la clase trabajadora “quien renuncia a la lucha por el socialismo, renuncia también a la movilización obrera y a la democracia”. Desde esta lógica, reforma y revolución son un binomio inseparable.

Todo el texto en pdf AQUI

Agradezco a marxist.org su labor en la digitalización de las grandes obras de algunos autores marxistas, aunque me sigue faltando Mandel.

SOLIDARIDAD CON LOS TRABAJADORES Y TRABAJADORAS DE LOS SUPERMERCADOS SPAR DE GRANADA

Los trabajadores y trabajadoras de Spar en Granada convocan una huelga para el próximo martes 26 de agosto. Denuncian el desabastecimiento de productos en las 16 tiendas que posee la cadena de supermercados en la capital granadina y el impago de los salarios desde el mes de julio. La huelga fue respaldada por unanimidad en la asamblea que reunió a cerca de 200 trabajadores, según informa el sindicato CC.OO.

El martes 26 se ha convocado una manifestación que partirá de Gran Vía a las 12:00 y se dirigirá a la Plaza del Carmen. Aprovecho estas líneas para pedir el máximo de apoyo a los trabajadores y trabajadoras con la mayor asistencia posible a la manifestación convocada.

EL DÍA EN QUE LA CLOROFILA a LE DIÓ UN BALÓN DE CO2 AL MERCADO. Textos livianos de veraneo, núm. 5

Imaginémonos un licopodio del Carbonífero que se llame Pepe, por ejemplo. Este licopodio tenía porte arbóreo y vivía en los bosques tropicales de Gondwana hace unos 300 millones de años (semana arriba, semana abajo). En estos bosques también había equisetos y en general grandes árboles sin flores. La producción de biomasa, principalmente vegetal, durante ese periodo fue tal que al acumularse en zonas como los estuarios o lagos interiores, una parte de la misma jamás llegó a mineralizarse totalmente formando las actuales reservas de petróleo, carbón y gas natural. Nuestro amigo Pepe es el que hoy hace que nuestro coche ruja cual tigre o que el avión que ha de volar vuele, o que la bombilla que se ha de encender se encienda. Pepe y sus coetáneos son el mayor regalo que ha tenido el capitalismo en toda su historia.

Pero claro, las reservas de los recursos energéticos se agotan, poniendo en jaque a la actual producción y distribución capitalistas. El mundo se pone nervioso y los de Wall Street piensan en el penúltimo asalto al planeta y al salario. En ese abrazo de oso entre capital productivo y financiero, el mismo que Bernstein señalaba como progresista, está el principio y el fin del gigantismo neoliberal. Así, la sociedad en general, las sociedades anónimas quiero decir, deciden ir en busca de los suficientes enlaces energéticos como para seguir desarrollando la ecuánime economía de mercado. ¿Qué fue lo que produjo toda esa biomasa durante el Carbonífero? El sol. ¡Fantástico! Hoy día seguimos teniendo sol. ¿Dónde se almacenaba toda la energía solar? En los enlaces de carbono de las plantas. ¡Fantástico! Seguimos teniendo enlaces, carbono y plantas. ¡Construyamos nuestro propio Carbonífero en pleno Neozoico! ¡Viva la fotosíntesis! ¡Viva el biocombustible! Si antes dijimos que los pesticidas eran necesarios para erradicar el hambre en el mundo y después hicimos lo propio con los trangénicos y se lo tragaron, ahora habrá que decir que el hambre en el mundo es el precio que debemos pagar para no sobrecalentar el planeta, porque da la casualidad de que los biocombustibles emiten menor cantidad de CO2 que los combustibles fósiles.

Habrá que sustituir los cultivos destinados a producir alimentos por cultivos destinados a producir biocombustible. Sin problema. Eso lo podemos hacer en esos sitios donde la gente no se lava mucho… sí hombre, esos sitios donde la gente siempre hace dieta, donde hay leones y panteras ¿cómo se llama? Esos lugares en los que la gente debe de ser malísima porque para defendernos de ellos tenemos que poner alambradas de 5 metros y además cuando vienen no se integran. ¡Tercer Mundo! Pues ahí podemos poner los cultivos, o la versión moderna de los pozos petroleros. Hay quien dice que se morirán de hambre, pero ¿es que no lo están haciendo ya? ¿A qué esperan? Necesitamos sus minas, sus canteras, sus peces, sus recursos hídricos y ahora también necesitamos el pan de su mesa para llenar el depósito de nuestros coches, porque así contaminaremos menos. Con que menos lloriqueos y un poquito más de colaboración y solidaridad que el planeta se calienta, ¡coño!

Y así ganamos todos. Porque claro está que todo el beneficio que generará Repsol YPF con la industria del biocombustible será repartido entre todos a partes iguales cada lunes de 10 a 12 de la mañana en las plazas de los respectivos Ayuntamientos a lo ancho y largo de nuestra querida piel de toro. También habrá un aumento salarial a todos los empleados de la empresa. Con este reparto de la riqueza, ya no podremos acusar a Repsol o siquiera a la burguesía de perpetuar un modelo de desarrollo inviable, que tiene que hacer un ramake del carbonífero utilizando la genialidad de la clorofila a para perpetuarse, lo que ahondará en las diferencias norte-sur y agravará la problemática ecológica, fundamentalmente en los países periféricos. No podremos acusar a la burguesía al ser cómplices debido al desinteresado reparto de la riqueza. Ya no podremos acusar tampoco a la clase capitalista de tomar las decisiones sobre el rumbo del planeta de forma unilateral porque como sabemos todos apostamos por este modelo en referéndum. ¿Cómo? ¿Que no os enterasteis? Tampoco hubiera sido problema, ya sabéis, si el resultado no gusta, se endosa un anexo al Tratado de Lisboa y punto.

La era de Pepe ha terminado. Los miserables licopodios a medio mineralizar del Carbinífero no nos amenazarán más con su supuesta no renovabilidad. Superaremos su tiranía transformando nuestros alimentos en gasolina, para así hacer más atractivos para el mercado los cada vez más escasos víveres. ¡Abajo los trenes, la descentralización de las redes eléctricas, la energía geotérmica o solar y la no incentivación del consumismo! ¡Usted ciudadano, es el culpable de todo esto! ¡Rata miserable que a todo tiene que tildar! Si no hubiera vivido de la única manera que le hemos dejado vivir, si hubiera utilizado más la tapa de la sartén, no hubiéramos tenido que tomar tan drásticas decisiones… de desagradecidos está el mundo lleno.

SOBRE BACTERIAS Y PREJUICIOS. Textos livianos de veraneo, núm. 4

Seré honesto. Iré al grano. Sin rodeos. Sin medias tintas. Diciendo las cosas sin vaselina previa. Como a mí me gusta. Que hay quien da muchas vueltas para decir cualquier cosa. Yo prefiero ser directo. Sin repetirme. Al grano. Donde duele. Sin medias tintas… ¿y esto a qué venía? ¡Ah! Ya recuerdo. Lo que quería decir es que… ¡Los prejuicios existen! ¡Y viven entre nosotros! Pero tranquilos, que no cunda el pánico. La mayoría de nuestros prejuicios son compartidos por casi todos nuestros congéneres, por lo que no vamos a quedar en ridículo luciéndolos cual flamante Roll Royce negro metalizado. ¡Uff! ¡Qué alivio!

Los prejuicios son como algunas bacterias de nuestra flora intestinal: como no nos provocan mal alguno, es muy difícil detectarlos. Sin embargo, con la microevolución de por medio, es muy probable que si nos insertaran una o varias cepas bacterianas de las más comunes entre las floras intestinales de los hombres y mujeres que poblaban estos mismos lugares en el siglo XIV, por ejemplo, pues nos diera una diarrea del carajo. La cepa sería distinta, la dieta es distinta, lo que podría provocar alteraciones en la función digestiva y finalmente… gotelé para el amigo Roca. La bacteria que nos provoca el mal se delataría por sí misma. Pues con los prejuicios ocurre tres cuartos de lo mismo. Si un día una compañera de trabajo se convierte en defensora a ultranza del geocentrismo del universo e intenta convencernos a la par de que la Tierra es plana, uno detectaría la irracionalidad del prejuicio sin que hiciera falta un prejuciómetro de última generación. El ridículo social jugaría el mismo papel que la diarrea a la hora de detectar ya sean prejuicios o bacterias intestinales del pasado. Sin embargo, uno puede pasar desapercibido creyendo que todos los palestinos son unos terroristas o que la Europa de la Unión Europea es la Europa de los derechos sociales, sin por ello ser señalado con el dedo o ser objeto de mofa o escarnio. Finalmente, las bacterias que poseemos en nuestras floras intestinales son las mismas y, salvo contadas excepciones, no nos hacen daño alguno. Podemos sojuzgar más fácilmente los prejuicios superados del pasado que los que viven asidos a nuestras propias entrañas.

Desde el supuesto Eppur si muove de Galileo hasta las excomuniones de todos aquellos profesores que osaban enseñar evolución en los institutos (con un moderno remake en algunos estados del sur de los EE.UU.), uno podría apreciar una especie de pugna entre la razón y los prejuicios mezquinos. Si tuviéramos que ponerle fin a esa pugna histórica, la mayoría de nosotros convendríamos en concluirla hasta hace no muy poco tiempo, porque finalmente creemos que vivimos en la era de los prejuicios ciertos. Y sin embargo, cuando hacemos zoom sobre algunas partes de nuestros pensamientos o sentimientos, no encontramos sino la interiorización de una serie de apriorismos que no soportarían ni el más tibio de los exámenes.

Sobre la inferioridad de la mayoría de las razas hay toda una historia de lo que hoy podríamos llamar excentricidades. Sólo cuando se comprobó que tras las violaciones de las indias americanas, a manos de los españoles principalmente, se conseguía descendencia fértil, la ciencia de la época empezó a cuestionarse que tal vez se trataba de la misma especie animal y no de especies distintas. La historia del doctor Down es archiconocida gracias al prolijo artículo del afamado paleontólogo S.J.Gould. El doctor Down fue el que caracterizó al síndrome que lleva su propio nombre. Dicho síndrome se conoció durante mucho tiempo como mongolismo no por casualidad. Muchos científicos, y entre ellos el Dr. Down, pensaban que entre las razas humanas había toda una jerarquía, fundamentalmente en lo que a inteligencia se refería. De esta forma, lo europeos estaban en la cima de esta supuesta pirámide racial y por debajo de ellos se iban situando el resto de razas. Así, un individuo europeo trisómico para el cromosoma 21 (síndrome Down) equivalía en cuanto a inteligencia a un individuo mongol medio. Cosas de otros tiempos, sino fuera porque hasta bien entrado el siglo XX, los aborígenes australianos seguían apareciendo en las guías de fauna salvaje australiana. Estas cuestiones nos sorprenden porque no vivimos ni en el momento ni en el lugar en el que no provocaban diarrea alguna.

¿Cuáles son nuestros prejuicios actuales? ¿Son los que tienen que ver con la forma de percibir la familia? ¿Son los que tienen que ver con nuestra manera de concebir el conflicto en Palestina? ¿Son los que nos hacen “juzgar” a algunos gobiernos latinoamericanos? ¿Son los que tienen que ver con la inalienable propiedad privada? ¿La forma de entender la sexualidad? ¿La manera de concebir lo masculino y lo femenino? Y lo mejor de todo ¿En qué imprenta se acuñan todos esos prejuicios colectivos? ¿Quién es el dueño de esa imprenta? Marx decía que “la ideología dominante es la ideología de la clase dominante” y ¿qué son los prejuicios sino ideología inserta cual chip en nuestras cabezas? Lo que sí sabemos es que es mucho más fácil cuadrar el círculo que derribar uno sólo de estos prejuicios con mil razones o evidencias. Ciertas cepas bacterianas son tan resistentes a los antibióticos como los prejuicios colectivos lo son a la razón.

Afortunadamente, vivimos en un mundo libre y podemos tomar la elección que queramos. La ONU es la defensora de la paz, Europa la defensora de los derechos del hombre (y de alguna que otra mujer), el terrorismo la peor tragedia del planeta y Bill Gates un emprendedor ejemplar. Si no fuera porque los malditos prejuicios acechan, viviríamos en un mundo perfecto. Aunque esto también podemos ignorarlo. Habrá quien diga que hay cadenas muchos más sutiles que las de forja. ¡Que viva la flora bacteriana de nuestros intestinos y de nuestras cabezas!

LOS 25 CAMPAMENTOS DE JÓVENES REVOLUCIONARIOS Y MIS VACACIONES EXPRESS

Los troskos es que somos intensitos hasta para realizar unos campamentos de verano. Este año, los campamentos de la juventud de la IV Internacional se realizaban en el Estado Español, en Besalú, Girona. Organizados por Espacio Alternativo, los 25 campas de jóvenes revolucionarios han sido sin duda un éxito de asistencia.

Hasta aquí los datos, y a partir de aquí mi experiencia.

Como buen trabajador en precario, mis vacaciones en verano brillan por su ausencia. Una semana y tres días de birria fueron todo el cómputo de días que podía reunir para mis escuálidas vacaciones. Como entre los troskos ya nos conocemos, decidí que mis vacaciones no iban a transcurrir por completo en los campas de la IV, celebrados entre los días 26 de julio y 1 de agosto. Me incorporé a mitad de la semana, después de cuatro días en Barcelona con unos amigos. Pero resulta que esos dos amigos también eran rojos. Y como últimamente quedamos pocos rojos sobre la faz de la tierra, parece que hemos sido seleccionados sólo los más cansinos y pesados. ¿Y qué se nos ocurre hacer con el chicharrete que cae a final de julio en Barcelona? ¿Ir a la playa? No ¿Tumbarse un rato panza arriba y otro panza abajo? No ¿Irse de chiringuitos y dar paseos? No. Se nos ocurrió que podíamos visitar los escenarios de la batalla del Ebro, que están a hora y media de la ciudad condal. Efectivamente, allí que fuimos los tres a ver las trincheras y alguna que otra ruina que dejó la aviación alemana, con un sol de justicia … y yo sin gorra. A pesar de todo, la visita a las trincheras estuvo bien, aunque las que logramos ver no habían sido muy activas durante la guerra. El resto de días: cerveza, visita al parque Guel, cerveza, cena en un paquistaní, cerveza, siesta de hora y media, cerveza, visita al Raval y a las ramblas y por último: más cerveza. El martes me dispongo a partir para Besalú.

Una vez en los campas -mis primeros campas, a pesar de llevar casi cuatro años en la organización- entras en otra dimensión. Por la mañana, a las 9.00 reunión de delegación. Se discuten problemas técnicos y no tan técnicos, pero relacionados de cualquier forma con la organización de los campas. Después, foro. Cada día gira en torno a una temática, con lo que el foro se encarga de abrir el debate en torno a la cuestión que se pone sobre la mesa. Los temas abordados fueron: Imperialismo y ecología, Internacionalismo, Feminismo, LGTB, Juventud y movimientos sociales y por último Estrategia. Tras el foro y antes del almuerzo: talleres, estilo self service. Tras el almuerzo llega la formación. Tras la formación hay un espacio para el relax, que generalmente se usa para reuniones de las distintas comisiones. Después de la cena, mitin. Terminado el mitin, generalmente entre las 12 y las 1 de la madrugada, hay un espacio para la fiesta y el recreo. Hay cuerpos que ya no estamos para esto.

Una de las cosas que más me ha sorprendido de los campas es sin duda que después de la fiesta de por la noche, los foros, a pesar de comenzar más tarde de lo habitual, generalmente comenzaban con un quórum bastante aceptable. La gente que iba de fiesta, en general, asumía que a la mañana siguiente había que estar en pie para la reunión de delegación.

Uno siempre teoriza acerca de la necesidad del internacionalismo, pero estar en los campas es ver el internacionalismo en la práctica. En un momento de derrota del movimiento obrero y de la izquierda política, en un momento en que el caballo de las contrarreformas neoliberales cabalga a trote tendido, en un momento en que el capital es más internacional que nunca, los campamentos de la única internacional que sigue viva son más necesarios que nunca. Estamos en un laboratorio de la izquierda y necesitamos debatir en torno a las distintas experiencias que las secciones de la IV Internacional están llevando a cabo en los distintos lugares del mundo. Desde los casos más paradigmáticos existentes hoy día como son el caso venezolano, hasta las posibilidades de construcción de una izquierda revolucionaria en el Estado Español, pasando por la situación francesa con la LCR liderando un proyecto de reconstrucción de un nuevo partido, o la situación italiana tras la ruptura del PRC y el nacimiento de Sinistra Critica, sin dejar de hablar por supuesto de la situación y las dinámicas internas del Bloco de Esquerda en Portugal (actualmente con un 10% de intención de voto), los nuevos retos de la izquierda radical en Alemania con el ala izquierda de la socialdemocracia liderando un proyecto de reconstrucción, las posibilidades de capitalizar una izquierda a la izquierda del PC en Grecia, etc. Todas estas experiencias son síntomas de una derrota y de un panorama un tanto desolador para la clase trabajadora. Pero también son ensayos en este laboratorio de la izquierda en que se ha convertido el panorama político en el siglo XXI, que nos han de insuflar esperanza a quienes en nuestros respectivos lugares intentamos construir una herramienta que sirva para fortalecer la correlación de fuerzas del lado de las y los trabajadores en los momentos de conflicto. Sólo así se podrá volver a levantar la cabeza y pensar en el enésimo intento de subvertir el capitalismo. Reconstruir una herramienta que sea capaz de hacer virar la balanza hacia el lado del trabajo es la tarea de los y las revolucionarias en este periodo. Por eso los campas del la IV internacional son un escenario inmejorable para hacerse de la reflexión y referencias suficientes que nos guíen por esta habitación a oscuras que se llama estrategia revolucionaria. El asedio policial con el que concluyeron los 25 campas, y denunciado por Espacio Alternativo (http://www.espacioalternativo.org/node/2985), no nos hace sino darnos fuerzas y coraje.

Por eso somos cansinos, por eso esta agenda tan apretada, porque finalmente queremos ser más felices, tal y como dice Miguel Romero, porque finalmente y siendo fieles a las palabras del Ché que abanderaban uno de los flancos del foro: “el deure de tot revolucionari es fer la revolució”.

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