¿QUÉ HACER ANTE EL FLAMANTE DETERIORO DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA ANDALUZA?

examenSoy profesor sustituto de secundaria en la educación pública de Andalucía. El año pasado me quedé a las puertas de hacer una sustitución, pero asistí a un milagro que sólo en pocas ocasiones se da alguna vez en la historia. En todo el tercer trimestre ni una sola baja: ni un profesor o profesora  enfermos, ni una baja por maternidad ni por paternidad, ni una lesión, ni depresión ni nada de nada. Un auténtico milagro. Me alegré por una parte, porque pensé que nadie había enfermado. Evidentemente por otro lado me entristecí, pues eso suponía quedarme sin trabajo. Es el triste sino de los profesores sustitutos, trabajamos cuando alguien se lesiona, se deprime, se da de baja en fin. Son las dos caras de la moneda en una misma acción. Como buen ateo que se resiste a creer en los milagros, finalmente descansé tranquilo cuando di con la clave que se escondía detrás de este aparente enigma de la salud colectiva. Por motivos de la vida conocí a una profesora de mi especialidad que habiéndose dado de baja por más de un mes, su puesto no había sido cubierto por ningún sustituto. El milagro de que la bolsa no corriera no se debió a los atributos de la salud colectiva, sino a la negligencia de la Consejería de Educación de quienes dicen defender una salida social a la crisis (véase PSOE-A).

Este año, más cerca de la sustitución, cuando a penas estoy a una decena de personas del ansiado trabajo, me encuentro con que Comisiones Obreras denuncia en un comunicado público que una vez que un profesor de da de baja, los centros “hacen “auténticos malabarismos” pues en la mayoría de los casos estas ausencias no son cubiertas.” Además el sindicato USTEA denuncia que la Junta de Andalucía ha congelado la bolsa de trabajo y propone una concentración semanal a las puertas de Delegación.  ¿Cómo se puede congelar una bolsa de sustituciones? ¿Acaso asesorados por Rapel han sido capaces de vislumbrar que ningún docente se va a dar de baja? Quizá este podría ser un ejemplo de cómo desde una situación material individual se toma conciencia de un problema que va más allá de nuestro día a día. Ese problema es el problema que atañe a la Educación Pública desde su tramo inicial hasta la universidad. Ante los problemas concretos relacionados con la educación secundaria, que en muchas ocasiones son noticia en los medios de comunicación relativos no sólo a los fenómenos de violencia en el aula, sino también a la baja cualificación de nuestros alumnos dentro del entorno de la UE, la Administración responde quitándose de en medio. La falta de material humano en los centros con que poder afrontar tal realidad es el día a día de la educación pública andaluza. Profesores de informática dando educación física, bajas sin cubrir, ausencia de maestros o profesores de apoyo y un largo etcétera. Todo eso que lamentablemente era habitual en los centros de educación pública andaluces se convierte hoy día en una política premeditada de austeridad en el gasto público frente a la crisis. Yo me pregunto ¿qué clase de educación reciben los alumnos por parte de un profesor que no existe? ¿Por qué no se hace pública dicha política de ajuste económico en lugar de esconderla entre las bambalinas de las subdelegaciones de educación?

Porque admitir dicha política, hacerla pública, conlleva admitir que  son las clases populares, quienes en mayor medida llevamos a nuestros hijos e hijas a la escuela pública, las que vamos a pagar la crisis. Habrá que poner de nuevo sobre la mesa que significan los servicios públicos, fundamentalmente la educación y la sanidad. Habrá que señalar por qué una política negligente que especule con nuestra educación y salud, es una política reaccionaria. Y sobre todo habrá que pedir explicaciones a las administraciones que permiten que en un abrir y cerrar de ojos se escape de las arcas estatales casi un 1% del PIB para salvar a la banca, que mucho tiene que ver con el origen de esta crisis. Mientras, sólo un 1,69% del PIB es destinado anualmente a educación secundaria, lejos del 2,34% de media de los países de la UE. Desconozco la situación en la sanidad pública, pero espero que por sentido común no estén especulando con nuestra salud de la misma manera que lo hacen con nuestra educación. Está claro que la pretensión es que sea la mayoría de la sociedad no beneficiada por los planes de rescate bancario los que paguemos las facturas impagadas de esta crisis.

Es evidente que esta situación de deterioro de la educación pública tiene que ver con mucho más que con la no sustitución de las bajas de profesores, siendo ésta una causa más que se suma al resultado de la falta de personal docente en los centros públicos de Andalucía. CGT relaciona esta deficiencia con el gasto que ha supuesto el mal conocido como plan de calidad. Pero ¿dónde están las respuestas? Hasta la fecha, la única propuesta que hay sobre la mesa es la concentración semanal de USTEA. Sin embargo, dicha respuesta es harto insuficiente. Incluso admitiendo el supuesto de que los sindicatos mayoritarios son difícilmente movibles, existe vida más allá de los mismos. La situación exige una unidad de acción entre las centrales sindicales que defienden la educación pública. No entiendo el mecanismo ni la historia que ha llevado a USTEA a convocar en solitario, pero es evidente que su sola fuerza es como un David frente al Goliat de la Administración andaluza. Creo que se está a tiempo de tomar el pulso al problema. Se está a tiempo de llamar a una reunión entre los sindicatos interesados, de movilizar no sólo al profesorado, sino también a las madres y padres de quienes sufren dicha educación. SADI, en tanto que sindicato de interinos es quizá uno de los más interesados en el tema. Tal vez es el momento de hacer un trabajo conjunto quienes ahora asistimos impasibles ante el deterioro de la educación pública. Porque no sólo con los despidos, el paro y los recortes salariales, sino también con el deterioro de los servicios públicos se nos hace a los trabajadores y trabajadoras cargar con el peso de esta crisis.

DEL TAJO A LA TUMBA

presentacion1Lo que en su momento supuso una conquista social sin precedentes está a punto de desaparecer como tantos otros derechos. La actual crisis económica pone las bases para que el aumento voluntario de la edad de jubilación deje de tener el atributo de “voluntario”. Una vez más, los y las trabajadoras somos culpables de esta crisis. Lo ha dicho el presidente del Banco de España: el superávit de la seguridad social está en peligro, lo que a su vez pone en peligro el sistema de pensiones. Las medidas sugeridas han sido el aumento de la edad de jubilación y la reducción de las prestaciones por jubilación contabilizando para ello toda la vida laboral en lugar de los últimos años. Esta mañana el líder socialisto José Blando ha dicho que una persona de 65 años está perfectamente capacitada para seguir trabajando, dando credibilidad así a las propuestas de Ordóñez.

En plena época de expansión económica se vio necesario aumentar la edad de jubilación de forma voluntaria a los 65 años, aludiendo que era una reforma necesaria para asegurar el sistema de pensiones de la seguridad social. El primer año de crisis estamos de vuelta con los mismos argumentos, aludiendo exactamente lo mismo. El ambiente cambia, las recetas permanecen: profundizar en la contrarreforma neoliberal que haga remontar la tasa de ganancia de las clases dominantes. Diez años de crecimiento económico sin precedentes en el caso del Estado Español no pueden soportar el primer año de crisis. El problema tanto hoy como ayer sigue siendo el mismo. No es el volumen de las prestaciones de los trabajadores y las trabajadoras ni la carga de los cada vez más mermados servicios públicos. Lo que pone en peligro el sistema de pensiones se llama capitalismo: la avidez de las clases dominantes por quedarse con trozos cada vez más grandes del pastel como receta tanto en tiempos de crecimiento como de crisis. Una receta mágica, fundamentalmente en estos tiempos de globalización neoliberal. Una huida hacia adelante de esa ola histórica que ha perseguido al capitalismo desde su origen: la tendencia a la reducción de la tasa de beneficio.

Al detalle, los culpables no son ni Manolo, el vecino del quinto; ni María, la dependienta de la tienda de la esquina. Los de abajo no hemos puesto en peligro absolutamente nada, sólo hemos vivido de la única forma que nos han permitido vivir. Las reformas laborales que se han sucedido desde los años 80 han tenido una significación importante en las cotizaciones a la seguridad social. Entre ellas hay que señalar que las más hostiles para la clase trabajadora han sido aprobadas por gobiernos socialistas, que han sido utilizados por las clases dominantes como bisagras que abrían las puertas a las bestias de las precariedad laboral y la contratación basura, bestias que la derecha ha sabido perfeccionar en las reformas y acuerdos comprendidos entre 1996 y 1997, principalmente. La derecha y la socialdemocracia han sido dos grandes compañeros en este viaje al sueño neoliberal. Así, las reformas del 92 y del 94 del gobierno González actualizaron la reforma frustrada del 89 y moldearon lo que hoy se conoce como contratación basura, subcontratación laboral y trabajo precario. Formas contractuales, en definitiva, que por sus características especiales poseen una cotización reducida. Por otro lado, la reforma del gobierno Zapatero del 2005 perfeccionó esta situación, ampliando el contrato indefinido de fomento de empleo, que posee una menor cotización a pagar por el patrón. Es decir, en plena época de crecimiento económico, lo que los socialistas plantearon es que el capitalista debía reducir su contribución patronal (que es también salario) al erario público. Ahora, en época de crisis (conste que aún no hemos entrado en recesión) lo que se plantea es que para compensar todos los regalos que en materia laboral se han hecho a las clases dominantes durante los últimos 20 años, el trabajador debe cobrar una pensión más baja y trabajar durante más años. Durante el periodo de bonanza, la hucha de las pensiones no creció todo lo que pudo crecer por las sucesivas reformas que reducían el montante total de los salarios. Ahora resulta que ante una desaceleración económica, son los y las pensionistas los culpables de poner en riesgo el sistema de pensiones y la clase trabajadora quien ha de pagar la factura del capital. Lo dicen los que saben de números: para este sistema la persona que no está produciendo no es persona.

En EE.UU. el aumento voluntario de la edad de jubilación se convierte en obligatorio debido a la inexistencia de seguridad social, lo que obliga a gran parte de la clase trabajadora a trabajar de forma “voluntaria” hasta su muerte para poder tener seguro médico. La contratación de estas personas, a su vez tiene beneficios fiscales para el patrón, por lo que es común que en las grandes superficies como Wall Mart, una parte importante de la plantilla sean trabajadores y trabajadoras de más de 60 años. Es este un ejemplo de cómo se combinan las contrarreformas laborales con el desmantelamiento de los servicios públicos para hacer de toda la vida del trabajador o trabajadora tiempo en el que poder extraer beneficio para la clase burguesa. Puedes elegir entre postergar tu jubilación o morirte de un resfriado. Difícil elección.

La desestructuración del movimiento obrero en el estado español ha permitido que podamos colgarnos la medalla de ser el único país de la OCDE en el que los salarios reales han disminuido durante la última época de expansión económica. El deterioro de los servicios públicos se hace patente en todo el estado y fundamentalmente en la comunidad de Madrid. Las clases dominantes aprovecharán la crisis para volver a ganarle terreno al trabajo, ya sea mercantilizando los servicios públicos, aumentando la vida laboral, disminuyendo las pensiones o reduciendo el salario (como ha ocurrido en la SEAT de Martorell). Los y las de abajo tendremos que comenzar a decir no, a irrumpir en la vida política y concretar nuestras propuestas. Nosotros y nosotras también sabemos de esfuerzo porque somos quienes ponemos en marcha este sistema de lunes a domingo. Nosotros y nosotras también sabemos de economía porque somos quienes llegamos a fin de mes con las migajas del capital. Nos corresponde a las y los de abajo decidir sobre nuestras vidas. Este primero de mayo se presenta como una oportunidad en la que poder remontar el bache en el que está sumido el movimiento obrero. Es hora de plantearse el horizonte de una huelga general y no permitir que esta crisis se utilice como la enésima escusa para actualizar el programa neoliberal contra los servicios públicos y los salarios. Sin dirigismos, pero sin sectarismos.

BOLONIA Y LAS LÁGRIMAS DE COCODRILO

cristina-garmendiaResulta que los estudiantes son tontos de remate. Que como son jóvenes, tienen ganas de liar el taco. Y claro, las instituciones universitarias están hartas de tanto niñato y llaman a la mami Garmendia a que les dé en el culito a los estudiantes traviesos y les explique que aquello de lo que se quejan es lo mejor que nos ha pasado nunca, que no sé cómo es que hasta este momento hemos podido vivir sin Bolonia. Supongo que tras la regañina, los estudiantes harán propósito de enmienda y volverán a sus pupitres con sus rodilleras y el supositorio de Bolonia en el bolsillo.

Ojalá lo mencionado arriba sea cierto. Ojalá las instituciones universitarias y el ministerio piensen realmente que el movimiento antibolonia es consecuencia de la mala información de los y las estudiantes y de sus ansias de rebeldía. Todos desearíamos tener un enemigo mutilado intelectualmente, pero mucho me temo que eso no es así. Los extractos de la carta que los rectores de las universidades de Valencia, de Sevilla, de Barcelona, Autónoma de Barcelona y Complutense de Madrid mandaron a la ministra, dice muchas cosas dignas de la más pueril mediocridad intelectual. Cuesta creer que la reunión que solicitaban con la ministra y que tendrá lugar esta semana en Madrid versará sobre las infantiles líneas generales que plantearon los cinco rectores de las universidades más grandes de todo el estado. No queda otra que leer entre líneas para darse cuenta de que lo importante no es lo que dice la carta, sino lo que insinúa y sobre esto último es con mucha probabilidad sobre lo que se hablará en la citada reunión.

De sobra saben que los motivos por los que el movimiento estudiantil se opone a Bolonia son difícilmente franqueados por los ponentes que en muy pocas ocasiones, desde las instituciones públicas han decidido enfrentarse en debate abierto al movimiento anti Bolonia. De nuevo, lo importante del proceso de Bolonia no es sólo lo que dice el Espacio Europeo de Educación Superior, sino el contexto y proceso político (y de política educativa) desde el que nace y sobre el que se aplica, amén de las prisas y la miseria material con las que se está llevando a cabo, lo que generará más problemas y deficiencias esta vez desde el punto de vista más técnico. Y es en el terreno de la contextualización política y educativa donde el movimiento anti Bolonia adquiere dimensión de gigante y en el cual los representantes (conscientes o no) del capital europeo lo tienen difícil para defender la reforma frente a un auditorio.

La sustitución de las becas por las mal llamadas becas-préstamo no es ningún santo aupado por el imaginario estudiantil sino una realidad apoyada en procesos similares que ya tienen un largo recorrido, como el caso británico en el que la sustitución ha sido total. Sin mencionar aquí las recomendaciones sobre la disminución de las becas en favor de los préstamos que ya se daban en el Informe Bricall (Universidad 2000), informe que inspiró en el Estado Español el proceso actual de cambios en política educativa para la universidad que comenzaron con la L.O.U. También es complicado defender la existencia de los masters y de sus astronómicos precios y sus deficientes becas. Y esto es simplemente indefendible porque las sospechas de ayer se convirtieron en la realidad de hoy: los precios oscilan desde los 1.500 hasta los 14.000 euros y el sistema de becas es aún más deficitario que el existente en los grados. Conclusión: la mayoría de la población de renta media lo tiene muy complicado para estudiar un máster, cosa que no ocurre con los hijos de la burguesía, a quienes no les supondrá problema alguno acceder a cualquier programa de posgrado con o sin máster. La selección económica existente en las universidades de principio del siglo XX, vuelve disfrazada de máster y decidida a mermar el derecho universal a la educación superior. He aquí el punto más caliente de la reforma y aún no hemos entrado de lleno en la contextualización política.

Como no pretendo desempolvar los argumentos anti Bolonia, los cuales ya han sido señalados una y otra vez por el movimiento estudiantil, me limitaré a señalar que efectivamente, el Espacio Europeo de Educación Superior no podría entenderse sin la L.O.U. bajo la cual se desarrolla. Tampoco podría entenderse lejos del Tratado de Lisboa, inspirado en la filosofía mercantilizadora de la difunta Constitución Europea y la reformulada Directiva Bolkenstein. Y a nivel internacional, tal y como señalan los autores del libro “Eurouniversidad: mito y realidad del proceso de Bolonia” el AGCS (Acuerdo General del Comercio de los Servicios) de la OMC es sin duda el director de orquesta de todas reformas sobre los servicios públicos, y en este caso de la reforma europea de la educación superior. Sólo comprendiendo esta contextualización podemos conocer Bolonia por lo que es y no por lo que dice que es. Sólo así comprendemos a qué se refiere con aquello de la movilidad, de la autoformación y de la adaptabilidad de los y las estudiantes. Sólo así comprendemos por qué no se habla de financiación pública de la universidad, ni de las becas, ni de las tasas, etc. Sólo así comprendemos el carácter ultraliberal de la reforma que se nos presenta como algo puramente técnico desde las desbordadas instituciones universitarias. Ellas pueden informar sobre la reforma, pueden debatir abiertamente con el movimiento antibolonia. Sin embargo mandan un S.O.S. al ministerio ¿Por qué? ¿Qué es lo que piden? ¿Que se informe mejor? ¿Por qué no lo hacen ellos?

De la carta de los rectores a la ministra y de la posterior rueda de prensa se desprende un insulto a la inteligencia de los antibiolonia. Son tontos, jóvenes y les tenemos que dar más información. Saben que no es así. Saben que las instituciones públicas, en tanto que públicas, no tienen argumentos para defender Bolonia frente a los argumentos disidentes. Por eso es fácil llegar a la conclusión que lo que los rectores piden no es más información sino todo lo contrario. A partir de aquí, y teniendo en cuenta las experiencias del pasado y el recrudecimiento de la lucha de clases que a partir del movimiento estudiantil se está generando en otros estados europeos, como Grecia, podemos dar unas pinceladas del futuro escenario, que mucho tiene que ver con las demandas de los rectores y las esperanzas de la ministra.

Parece lógico pensar que nos situaremos frente a una campaña de desinformación, al estilo de la campaña pro Constitución Europea: “Bolonia es buena”, “Bolonia es buena”, “Bolonia es buena”, y así hasta que nos lo creamos. Esto no es nuevo, ya lo inventó Goebbels. También parece lógico que apliquen las recetas del pasado, las ya aplicadas contra el movimiento anti LOU, es decir, la criminalización del todo el movimiento a partir de hechos aislados, presentándolo ante los medios como una suma de grupúsculos violentos. Esta labor ya la están llevando a cabo los mass media cercanos al PSOE y parece obvio pensar en un recrudecimiento de la campaña.

La otra cuestión es la más agria de todas, y es la que más claramente parece intuirse de la súplica de los rectores: un aumento de la represión hacia el movimiento, avalado por el ministerio. Es posible que estemos en un momento en el que se permita la entrada de la Policía Nacional en los campus universitarios, en un momento en el que se reprima duramente al movimiento estudiantil, a fin de ofrecer castigos ejemplares como vivieron los compañeros que fueron duramente reprendidos en la universidad de Sevilla una vez que el PSOE decidió retirarse de la lucha anti LOU.

El posible aumento de la represión, junto con una campaña de desinformación y criminalización del movimiento puede suponer una dura derrota política de la lucha contra el EEES que merme la moral de los y las estudiantes y que pulverice la actual realidad y coordinación de la lucha estudiantil de la misma manera que ocurrió en la derrota contra la LOU. Es necesario que el movimiento estudiantil se cohesione ante una más que probable campaña de represión y criminalización y que intente salir del gueto estudiantil, llegando a otros sectores de la clase trabajadora como son el PAS, el profesorado y las asociaciones de padres y madres de alumnos. Es muy positivo que los antibolonia hayan estado presentes en las protestas unitarias contra la privatización de los servicios públicos en Madrid y que hayan podido unir sus intereses con los estudiantes de medias en la huelga del 22 de noviembre. Hay que seguir en esa línea. Se tienen las razones, las ganas y el convencimiento. Que no nos pasen de nuevo el rodillo del pueril conformismo que nos absorba por enésima vez por el sumidero de la pesadilla orwellina y del sueño neoliberal. Esta vez se está haciendo sin el apoyo de la socialdemocracia, esta vez somos más fuertes, esta vez hay que intentar crecer y consolidar un movimiento estudiantil que no tenga que estar recomponiéndose ante cada nuevo ataque. Por eso tienen miedo, por eso quienes forman el movimiento hoy han de ser más inteligentes que quienes lo formábamos ayer.

ESTO ES LO QUE DECÍA ZP ESTANDO EN LA OPOSICIÓN

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CRÓNICA: CONCENTRACIÓN CONTRA LA DIRECTIVA DE LAS 65 HORAS EN GRANADA

Un centenar de personas se reunió el pasado martes 7 de octubre frente a las puertas de Subdelegación de Gobierno para exigir la retirada inmediata de la modificación de la Directiva europea que pretende elevar la jornada laboral máxima de las 48 a las 60 ó 65 horas y desterrar en este aspecto la negociación colectiva, dejando al trabajador negociar a título individual su jornada máxima de trabajo con el patrón.

Frente a este ataque brutal de la Unión Europea al mundo del trabajo, diferentes colectivos sociales, sindicales y políticos que operan en Granada, y entre los cuales se encuentra ERA-EA (Espacio Revolucionario Andaluz – Espacio Alternativo), decidimos sumarnos a la convocatoria de lanzar actos de movilización el 7 de octubre por la tarde. Esta convocatoria se entiende, no sólo como un punto de partida de una movilización más amplia que habrá de extenderse en toda la Unión Europea, sino también como una forma de señalar la insuficiencia de los paros de 5 minutos impulsados por las cúpulas de las centrales sindicales que forman parte de la CES (Confederación Europea de Sindicatos), es decir, por CCOO y UGT.

El sentir general de los viandantes con los que teníamos ocasión de hablar era de una cierta perplejidad, la mayoría de los cuales afirmaban haber escuchado la noticia en los medios y creer no haberla entendido completamente. El mito de la Europa del bienestar social se derrumba porque está asentado sobre mentiras demasiado porosas.

En un momento en que la productividad del trabajo está en cifras históricas, las clases dominantes europeas deciden seguir apretando más la tuerca de la explotación laboral. No sólo debemos decir NO a la Directiva de las 65 horas, sino que además sería perfectamente exigible una jornada laboral inferior a las 40 horas semanales. La reducción de la jornada laboral actual rompería con el discurso neoliberal y racista de la UE, que pretende salir de la crisis airosa a costa, una vez más, del sudor no pagado de la clase asalariada, mientras acusa a las y los migrantes de ser responsables de la escasez de trabajo que la propia UE agrava incrementando la jornada laboral.

¡Huelga general europea de 24 horas!

¡Retirada inmediata de la modificación de la Directiva!

LA HUELGA EN SPAR-GRANADA: EL NUEVO AÑO SE PRESENTA CALENTITO

Un nutrido grupo de trabajadores y trabajadoras iniciaban la mañana del 26 de agosto protestando ante las puertas de la sede de la empresa que posee la franquicia de la red de supermercados Spar en Granada: Supergran S.A. Tres horas más tarde, a las 12 de la mañana, 250 personas entre asalariados y asalariadas de dicha cadena comenzaban una manifestación en Subdelegación de Gobierno para terminar pidiendo la implicación del alcalde a las puertas del consistorio granadino. Los motivos son varios: los trabajadores llevan sin cobrar desde el mes de julio y las hipotecas pesan demasiado sobre los bolsillos de alguien que, a pesar de todo, lleva trabajando religiosamente desde hace dos meses, como de costumbre. La amenaza del cierre de la cadena y del consecuente paro se cierne sobre más de 200 trabajadores/as. Las 16 tiendas del área metropolitana están desabastecidas y la dirección de la empresa no aporta explicación alguna. La respuesta de las trabajadoras y trabajadores ha sido la de ir a la huelga. En la propia manifestación, la sección sindical de McDonald mostraba su solidaridad con los compañeros y compañeras de Spar Granada.

La crisis será a partir de ahora la escusa perfecta para justificar cierres de empresa o Expedientes de Regulación de Empleo que hagan más insoportables las condiciones de explotación y que den una vuelta de tuerca más a los sacrosantos beneficios obtenidos por los aumentos de la productividad en el trabajo que no vengan acompañados de implementaciones tecnológicas, esto es: stress, stress, stress. Salud a cambio de poder pagar las letras. Y mientras haya crisis, se ensombrecen los indicios de grandes desfalcos como se sospecha ha ocurrido con la citada cadena de supermercados en Granada.

Se presenta un año ajetreado para la clase asalariada. Un año en el que los cierres de empresas y los EREs forzarán las movilizaciones y huelgas de una clase trabajadora hostigada por el aumento de los tipos de interés y de los productos de primera necesidad. Durante la época de bonanza económica el Estado Español ha sido el único de la OCDE en el que han disminuidos los salarios. ¿Quién se ha enriquecido en el periodo de crecimiento económico? En momentos de crisis pretenden que también seamos nosotros y nosotras quienes paguemos la factura del capital con nuestro esfuerzo, nuestro dinero y nuestro trabajo. La sed de ganancia de la clase capitalista no tiene fin.

Tenemos dos grandes retos por delante si queremos plantarle cara a las consecuencias de esta crisis y dar una respuesta política a la misma. La primera es esforzarnos por desterrar el sectarismo y el burocratismo del terreno sindical. La sopa de siglas sindicales no ha de ser un problema para las revolucionarias y los revolucionarios. La cuestión que nos ha de preocupar en todo momento es cómo masificar y cómo conectar cada una de las diferentes luchas que se sucederán a lo largo del curso que septiembre empieza a parir. Así, quizá podremos abordar a las burocracias sindicales por la izquierda y empujarlas al barro de la movilización. El segundo reto es aún más complicado, porque tiene que ver con el modelo sindical por el que apostamos. Mucho se ha hablado de un sindicalismo distinto para la era post-fordista. El mundo del trabajo ha cambiado en estas últimas décadas: la desregularización del mercado de trabajo, acompañada de una reestructuración del sector productivo, ha hecho que la normalidad entre las y los trabajadores no sea sufrir las cadenas de montaje y tener una homogeneidad respecto a la calidad del contrato. La precariedad y el hecho de que tras las sucesivas deslocalizaciones la economía se haya desplazado hacia el terreno de la circulación en detrimento de la producción, nos obliga a repensar sobre el quehacer sindical. Eso para nada tiene que ver con la idea de que el modelo anterior no es válido, sino que debemos enriquecerlo, complementarlo o modificar algunas de sus caras, si queremos tener una herramienta capaz de aglutinar a la mayoría de la clase. Esa tarea es draconiana. Pero el año que se abre se presenta como un laboratorio sindical, en el que se podrá debatir sobre modelos con un mayor número de referencias. El debate es necesario, pero a veces la realidad se vuelve en llamas y en las brasas de la misma se quema todo aquello fútil o perecedero, dándonos al menos algunas claves para seguir adelante. La otra cara es que nosotros mismos podemos echar a arder.

El caso de Spar en Granada no ha esperado al mes de septiembre. La desesperación de la clase asalariada parece un niño prematuro que desea nacer antes de tiempo. Espero que esta lucha al menos se zanje con una victoria y se convierta en uno de esos hitos que llene de esperanza y coraje a quienes más adelante hagan uso de la huelga para hacer frente a los intereses de quienes pretenden hacernos pagar los platos rotos de una vajilla que no hemos comprado.

SINDICALISMO EMERGENTE: ¿TIEMBLAN LOS CIMIENTOS DE LA DESIDIA? Tareas para una izquierda revolucionaria

Mucho se habla sobre la necesaria recomposición de la izquierda en el sentido más amplio de la expresión. Pero para aquella izquierda que circunscribe esta recomposición en la lucha de clases, y que la vincula a otras recomposiciones relacionadas -recomposición de la conciencia de clase, de las luchas, de la memoria, etc-, para esa izquierda revolucionaria y anticapitalista es necesario concretar los términos de esa recomposición entre los cuales aflora la necesaria rehabilitación del sindicalismo de base y combativo.

Hablar de recomposiciones actuales es también hablar de derrotas pasadas y presentes, de ahí la necesaria tarea de recomponer. Después de varias décadas de reestructuración económica, de contrarreforma anti-obrera, de languidez progresiva del llamado “Estado social”, y del pillaje y bandidaje sobre los bolsillos de las y los trabajadores, nos hemos dado cuenta de que llegar a fin de mes es un deporte no apto para la mayoría de la población. Esta gran derrota ha venido de la mano de un liberalismo que le ha quitado la careta keynesiana al capitalismo, el cual ya se muestra como enemigo intransigente de la Humanidad. Los bajos salarios, las jornadas laborales ampliadas, la precariedad en el empleo, el paro inminente y la privatización y pauperización de unos servicios públicos cada vez menos públicos y unos derechos universales cada vez menos universales, forman la tramoya del escenario sobre el que deberá partir la enésima crisis económica que se nos carga sobre las espaldas. Los momentos de bonanza económica nos han dejado un endeudamiento familiar que se nos presenta como el ogro real de los cuentos infantiles. Un ogro dispuesto a comerse las escuálidas cifras de nuestras cuentas bancarias, que se comenzaron a llenar con nuestro trabajo precario. Cuando la mayoría de la población estamos con la sangre al cuello, llegan los señores que saben de cifras a contarnos la milonga de la crisis, aquélla que ellos no sufrirán.

Aunque en ocasiones marginales, y casi siempre fragmentadas, las luchas sociales en general y las luchas sindicales en particular se han centrado en la resistencia. El alzamiento zapatista en enero del 94 hizo rasgarse las vestiduras a los fariseos burgueses que ansiaban acabar con la historia. En el Estado español, el caso de la lucha de los hombres y mujeres de Sintel contra los despidos significó de alguna manera, aunque sea meramente simbólica, el principio del fin de la travesía de la izquierda por el desierto. Luego vino Génova, la lucha contra la LOU, contra la guerra de Iraq, contra el “decretazo” de la derecha … parecía que al menos estábamos llegando a aquél oasis, en el que la palabra recomposición no resonara en el vacío de una catedral sin feligreses. El ciclo había cambiado. Lo único que faltaba era alguna organización que pudiera catalizar de alguna manera todo ese potencial, que finalmente se diluyó con el ascenso de Zapatero a la Moncloa.

La huelga de los hombres y mujeres de SEAT en Martorell marcó otro hito en la historia del sindicalismo en el estado español: era la primera vez que las direcciones de los sindicatos mayoritarios no sólo firmaban despidos sin contrapartidas, sino que además seleccionaban nombres de personas que irían destinadas a engrosar el “ejército de reserva”, es decir, los y las despedidas. Se cruzó por primera vez una de las líneas rojas del sindicalismo. Luego fue más fácil rebasarla. La historia de Delphi en la bahía de Cádiz es otra historia de la resistencia del mundo del trabajo frente a las deslocalizaciones. Otra historia de resistencia, esta vez con final feliz, es la de los despedidos y despedidas en Mcdonald´s- Estación de Granada.

En este panorama en el que se interrelacionan: la última derrota social y económica de la clase trabajadora, la inminente crisis económica, la inexistencia de organizaciones políticas de la izquierda capaces de articular una respuesta de clase y la existencia de unas burocracias sindicales sin conexión con el mundo del trabajo; hace que, a pesar de todo, el malestar de la mayoría de la población que se va empobreciendo emerja en algunas coordenadas y se canalice en forma de batallas cualitativamente diferentes. Las huelgas del servicio de limpieza del metro de Madrid, del TMB en Barcelona, la reciente huelga de los trabajadores y trabajadoras de la Rober (empresa concesionaria del servicio de autobús urbano en Granada) y la actual huelga del Metal en la provincia de Granada, junto con varias otras huelgas, representan luchas con una proposición distinta, ya no hablamos de luchas “contra”, sino de luchas “por”. Eso quiere decir, que aunque parciales y sectoriales, expresan huelgas con carácter ofensivo, algunas de las cuales se han saldado ya con una victoria de los y las asalariadas. Alguien levanta la cabeza con la disposición de arrebatar conquistas en favor del trabajo en este océano de derrota y resistencia.

Entre todo esto, quienes dirigen las centrales sindicales mayoritarias hacen grandes esfuerzos por mermar su propia legitimidad. La reciente huelga en el sector de la educación no universitaria en Andalucía en contra del programa de calidad de la Junta, ha conseguido movilizar a un porcentaje importante del profesorado, a pesar de las direcciones de los sindicatos mayoritarios, quienes aceptando dicho plan esquivan el problema de la falta de financiación pública para la escuela primaria y secundaria y culpan al profesorado de los malos resultados de la misma. Existe descontento incluso entre las bases de esos mismos sindicatos a quienes la calidad de los servicios públicos parece importarle más que a sus propias direcciones.

La deslegitimación de las burocracias sindicales y el consecuente deterioro de la imagen de los sindicatos como herramienta para la lucha puede que despertaran la desidia no sólo entre una juventud trabajadora que sufre las consecuencias de la reestructuración del mercado laboral y de la hostilidad del resto de contrarreformas neoliberales y del modelo de desarrollo (precariedad, acceso a la vivienda, deterioro de los servicios públicos, nivel de endeudamiento, etc.), sino también entre las y los no tan jóvenes que han vivido todas y cada una de las degeneraciones del burocratismo sindical. Pero los últimos acontecimientos, aunque aislados, parecen perfilar la respuesta de la dignidad de quienes cada vez más tiene menos que perder. Son luchas que reafirman un camino interesante por el que discurrir en la construcción de un nuevo sindicalismo de clase, de base y combativo. Asaltar por la izquierda a las burocracias sindicales en el ámbito de la movilización; esa es una tarea central para la izquierda revolucionaria en el escenario político actual. Se hace pues urgente levantar un debate, no sólo dentro del Espacio Alternativo, sino en el ámbito de la izquierda consecuente con el fin de dibujar un proyecto estratégico a nivel sindical. Vemos que hoy puede ser el momento. Hay un despertar de la combatividad, un leve viraje de la resistencia a la ofensiva, y no podemos permitirnos que de nuevo la historia nos vuelva a morder la nuca.

Justo aquí y ahora se ve el relámpago que anticipa al trueno que está por venir: el nuevo pacto social entre Gobierno, patronal y sindicatos. Un pacto que hará caer en los bolsillos y en los esfuerzos de la gente trabajadora las consecuencias de esta nueva crisis económica del capital. Hay que articular desde ya una respuesta de clase. Es por eso urgente recuperar y poner al día un viejo proyecto de la izquierda radical en el Estado Español, llevado a cabo principalmente por la LCR y el MC. Ese proyecto es el de la construcción de una izquierda sindical. Un proyecto que no entienda de siglas sino de realidad, de unidad y de lucha y que haga posible que los sectores más combativos y honestos en el ámbito sindical se den la mano. Es el momento de deslocalizar, sí, pero no las grandes corporaciones, sino las luchas ofensivas, de desbordarlas de los límites locales, conectarlas, unificarlas, masificarlas, darle un cuerpo más allá de las ciudades. Hoy es el momento de comenzar a hablar de estrategia sindical, hay que soplar fuerte porque las brasas rielan, y aunque sea un espejismo no podemos permitirnos el lujo de no intentarlo. Debemos preparar ese debate entre las dos generaciones que hoy forman el grueso de la izquierda revolucionaria y anticapitalista: me refiero a quienes ya vivieron esa experiencia y a quienes no escuchamos de ella más que un lejano canto que nos habla de un quehacer sindical que durante cierto tiempo intentó desterrar el sectarismo y el burocratismo de las entrañas de la clase obrera. Concretar y renovar hoy día ese proyecto es la tarea que se divisa en nuestro horizonte político inmediato.