La familia supone una auténtica cárcel para la mujer. Así lo demuestra el estudio del INE titulado Mujeres y hombres en España, 2009. A falta de mostrar las diferencias salariales que pudieran existir dentro de la misma empresa o sector y con el mismo cargo, el estudio revela la cruda realidad de la mujer. Las mujeres cobran un 26,3% de salario menos que los hombres. El número de mujeres relegadas a la jornada parcial por estar cuidando de personas dependientes es de 55 por cada varón que se encuentra en su misma situación. La disminución de la tasa de empleo de las mujeres conforme aumenta el número de hijos en la familia (gráfica 3.5) resulta significativa cuando la tasa de empleo masculina no se ve afectada por tal situación. La estadística es clara: mientras las mujeres suponen un 42% de la población activa, ¡éstas suponen el 80% del empleo a tiempo parcial! La doble jornada laboral femenina sigue vigente ya que el trabajo del hogar sigue siendo realizado en sus tres cuartas partes por mujeres. Si este trabajo, relegado a la esfera privada pero socialmente necesario, fuera retribuido, los márgenes de ganancia del capital se verían seriamente afectados.
La familia, como célula fundamental de replicación de las relaciones sociales, es erigida por la reacción en oposición a los derechos sobre las opciones sexuales y reproductivas no sólo de la mujer, pero especialmente de ésta. La familia donde se siguen reproduciendo los privilegios masculinos se ensancha a fin de seguir levantando el cerco a la mermada libertad de la mujer. Ahora es el derecho al aborto el que se pone en cuestionamiento. El cuestionamiento del derecho de decisión sobre el propio cuerpo. El nuevo proyecto de ley sobre el aborto limita el derecho de decidir de las mujeres dentro de unos márgenes que ni siquiera llegan al nivel de los estados más garantistas de la UE. La socialdemocracia, en tanto y cuanto se encuentra acostada en el pesebre del Estado, cuestiona la capacidad de decisión de la mujer y pone límites a los derechos reproductivos de ésta. La familia ora niega ora decide cuando sí o cuando no la mujer puede decidir sobre su maternidad según hablemos de derecha o izquierda respectivamente. Aún relegada al ámbito privado de la familia, no se considera a la mujer suficientemente madura como para tomar determinadas decisiones que atañen a su vida. El extremo del ridículo se encuentra cuando socialmente se reconoce que una mujer de 14 o 15 años puede decidir ser madre, pero dado el caso, no puede decidir no serlo. En este caso, la familia sustituye completamente la voluntad de la mujer.
Quedan muchos pasos por dar. Muchos cambios de rumbo a los que asistir. Pero quizá el reto que la incómoda realidad ha puesto frente a los ojos del feminismo contemporáneo haya sido el de decidir entre ser suplantadas por la familia o simplemente tuteladas. El debate sobre el aborto, en cierto modo refleja el estado de la situación de la mujer a nivel general. La familia sigue siendo la gran prisión estatal que recluye en tercer grado a la mitad de la población.




