Imaginémonos un licopodio del Carbonífero que se llame Pepe, por ejemplo. Este licopodio tenía porte arbóreo y vivía en los bosques tropicales de Gondwana hace unos 300 millones de años (semana arriba, semana abajo). En estos bosques también había equisetos y en general grandes árboles sin flores. La producción de biomasa, principalmente vegetal, durante ese periodo fue tal que al acumularse en zonas como los estuarios o lagos interiores, una parte de la misma jamás llegó a mineralizarse totalmente formando las actuales reservas de petróleo, carbón y gas natural. Nuestro amigo Pepe es el que hoy hace que nuestro coche ruja cual tigre o que el avión que ha de volar vuele, o que la bombilla que se ha de encender se encienda. Pepe y sus coetáneos son el mayor regalo que ha tenido el capitalismo en toda su historia.
Pero claro, las reservas de los recursos energéticos se agotan, poniendo en jaque a la actual producción y distribución capitalistas. El mundo se pone nervioso y los de Wall Street piensan en el penúltimo asalto al planeta y al salario. En ese abrazo de oso entre capital productivo y financiero, el mismo que Bernstein señalaba como progresista, está el principio y el fin del gigantismo neoliberal. Así, la sociedad en general, las sociedades anónimas quiero decir, deciden ir en busca de los suficientes enlaces energéticos como para seguir desarrollando la ecuánime economía de mercado. ¿Qué fue lo que produjo toda esa biomasa durante el Carbonífero? El sol. ¡Fantástico! Hoy día seguimos teniendo sol. ¿Dónde se almacenaba toda la energía solar? En los enlaces de carbono de las plantas. ¡Fantástico! Seguimos teniendo enlaces, carbono y plantas. ¡Construyamos nuestro propio Carbonífero en pleno Neozoico! ¡Viva la fotosíntesis! ¡Viva el biocombustible! Si antes dijimos que los pesticidas eran necesarios para erradicar el hambre en el mundo y después hicimos lo propio con los trangénicos y se lo tragaron, ahora habrá que decir que el hambre en el mundo es el precio que debemos pagar para no sobrecalentar el planeta, porque da la casualidad de que los biocombustibles emiten menor cantidad de CO2 que los combustibles fósiles.
Habrá que sustituir los cultivos destinados a producir alimentos por cultivos destinados a producir biocombustible. Sin problema. Eso lo podemos hacer en esos sitios donde la gente no se lava mucho… sí hombre, esos sitios donde la gente siempre hace dieta, donde hay leones y panteras ¿cómo se llama? Esos lugares en los que la gente debe de ser malísima porque para defendernos de ellos tenemos que poner alambradas de 5 metros y además cuando vienen no se integran. ¡Tercer Mundo! Pues ahí podemos poner los cultivos, o la versión moderna de los pozos petroleros. Hay quien dice que se morirán de hambre, pero ¿es que no lo están haciendo ya? ¿A qué esperan? Necesitamos sus minas, sus canteras, sus peces, sus recursos hídricos y ahora también necesitamos el pan de su mesa para llenar el depósito de nuestros coches, porque así contaminaremos menos. Con que menos lloriqueos y un poquito más de colaboración y solidaridad que el planeta se calienta, ¡coño!
Y así ganamos todos. Porque claro está que todo el beneficio que generará Repsol YPF con la industria del biocombustible será repartido entre todos a partes iguales cada lunes de 10 a 12 de la mañana en las plazas de los respectivos Ayuntamientos a lo ancho y largo de nuestra querida piel de toro. También habrá un aumento salarial a todos los empleados de la empresa. Con este reparto de la riqueza, ya no podremos acusar a Repsol o siquiera a la burguesía de perpetuar un modelo de desarrollo inviable, que tiene que hacer un ramake del carbonífero utilizando la genialidad de la clorofila a para perpetuarse, lo que ahondará en las diferencias norte-sur y agravará la problemática ecológica, fundamentalmente en los países periféricos. No podremos acusar a la burguesía al ser cómplices debido al desinteresado reparto de la riqueza. Ya no podremos acusar tampoco a la clase capitalista de tomar las decisiones sobre el rumbo del planeta de forma unilateral porque como sabemos todos apostamos por este modelo en referéndum. ¿Cómo? ¿Que no os enterasteis? Tampoco hubiera sido problema, ya sabéis, si el resultado no gusta, se endosa un anexo al Tratado de Lisboa y punto.
La era de Pepe ha terminado. Los miserables licopodios a medio mineralizar del Carbinífero no nos amenazarán más con su supuesta no renovabilidad. Superaremos su tiranía transformando nuestros alimentos en gasolina, para así hacer más atractivos para el mercado los cada vez más escasos víveres. ¡Abajo los trenes, la descentralización de las redes eléctricas, la energía geotérmica o solar y la no incentivación del consumismo! ¡Usted ciudadano, es el culpable de todo esto! ¡Rata miserable que a todo tiene que tildar! Si no hubiera vivido de la única manera que le hemos dejado vivir, si hubiera utilizado más la tapa de la sartén, no hubiéramos tenido que tomar tan drásticas decisiones… de desagradecidos está el mundo lleno.
